Jorge Eduardo Arellano
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Dinamarca mide como un tercio de la extensión de Nicaragua y tiene una población similar: 5.5 millones de habitantes. Su capital, Copenhague, tiene una población comparable a la de Managua: 1.1 millones de habitantes.

Tal vez ahí se acaban las similitudes. Luego las diferencias. Son abismales.

En Dinamarca los municipios son poderosos y autónomos. En Nicaragua están cada vez más controlados desde el Poder Ejecutivo a través del partido de gobierno, son muy dependientes y débiles.

Las dos terceras partes del presupuesto anual danés se destinan a los municipios. Uno de ellos, Gladsaxe, administra más de mil millones de dólares anuales para una población menor a los 65 mil habitantes. El presupuesto 2010 de Nicaragua fue 721 millones de dólares, según el FMI.

En Nicaragua apenas el 7.47 % del presupuesto 2010 fue transferido a los municipios, según el Informe de Liquidación del Ministerio de Hacienda y Crédito Público (septiembre 2010). Hubo otras transferencias, muy marcadas por las “alianzas” que distintos alcaldes no sandinistas hicieron con el Director del FISE Nelson Artola.

El PIB per cápita danés supera los 96 mil dólares anuales. El de los nicaragüenses apenas ronda los 966 dólares anuales. Se pagan muchos más impuestos allá que acá, pero a cambio cada persona tiene asegurado un acceso universal y de primera calidad a los servicios de salud y educación, las calles y carreteras son de primera. La noticia es toparse con un bache. En Nicaragua nuestra sorpresa sería no encontrarlos. ¿Y qué decir de la seguridad ciudadana? El nivel es de los mejores de toda Europa. Ahí no se ha perdido la cantidad de laptops que el presidente Daniel Ortega dijo el otro día se han robado en Nicaragua.

Salud, educación, idiomas extranjeros

La población danesa habla al menos dos idiomas (danés e inglés desde el cuarto grado de la primaria). Ahora, se desarrolla una nueva tendencia: dominar dos idiomas extranjeros. El empirismo es algo desconocido en las filas magisteriales danesas y se necesita nivel universitario para aspirar a un puesto en la escuela. De Nicaragua se puede decir que la educación promedio son 3.5 grados de educación y más de medio millón de niñas y niños no tienen escuela. La mitad de sus escuelas no tiene agua ni luz. La mayoría de su población, exceptuando la costeña, sólo habla español. Y aunque no se paga por la atención médica en los centros de salud públicos, la calidad sigue siendo una asignatura pendiente.

Otra diferencia notable es que Dinamarca tiene el sector público más transparente del planeta (9.3 de 10 puntos posibles), según Transparencia International. Nicaragua (2.5 puntos de 10 posibles) ocupa el lugar 128, entre 182 países. O sea, mientras Dinamarca es la mamacita en transparencia, Nicaragua es de los peores casos en el mundo.

¿A qué se debe?

Personas con las que pude conversar en Dinamarca han coincidido en lo siguiente: respeto de la ley. Ahí ni el mismísimo primer ministro Rassmusen está exento. En el caso de Nicaragua los diputados, los altos miembros del partido y del gobierno, sus familias y sus allegados están más allá de la ley. Son intocables.

La cantidad de personas que allá han cursado maestrías y doctorados es muy alta. Pero no te das cuenta a lo inmediato porque todo mundo se llama por su nombre y no andan empericuetados, como en Nicaragua. Nada de doctor, ingeniero, maestro, licenciado… Tu nombre y ya. Uno lo nota hasta en las tarjetas de presentación. En Nicaragua somos ampulosos. ¡Nos encantan los títulos! Parecemos personajes de telenovela colombiana o mexicana.

Democracia más allá del voto

Uno se pregunta: En Nicaragua más del 80 por ciento del electorado vota. En Dinamarca menos de la mitad lo hace. Esto prueba que poder elegir es apenas uno de los instrumentos del sistema democrático. Una de las anclas formidables es poder contar con un sistema judicial académica y éticamente fuerte, y autónomo de los otros poderes del estado, y a la posibilidad real de la ciudadanía de plantear demandas en contra de funcionarios corruptos. De acuerdo a diferentes análisis el sistema judicial de Nicaragua no es independiente y hasta es corrupto. Es una de las instituciones menos fiables en Nicaragua.

¡El cumplimiento de la ley alcanza al más alejado ciudadano! Por ejemplo el metro de Copenhague. No hay nadie ni nada que te demande el boleto para ingresar. El sistema supone que lo has comprado. Claro, hay algunos vivianes que hacen lo que probablemente una buena parte de nicas haríamos: colarnos. Los buses no atropellan al ciclista ni al peatón. Eso sí, cada parte cumple con lo que le toca de la ley.

O sea, la educación es vital. No se puede llegar tan lejos como desearíamos tantos en Nicaragua con 3.5 grados de educación. Necesitamos un estado que invierta lo suficiente para que haya calidad de educación y educación para cada habitante del país. El 7 % o más del PIB.

En Dinamarca la crisis actual es que el estado podría dejar de pagar la educación superior de su población. Algunos proponen pasar a un sistema de becas y préstamos, tal cual es en Estados Unidos de América. En Nicaragua la lucha es poder alcanzar el sexto grado de primaria antes del 2015. Y luego, disminuir la cifra de empleos informales y precarios. Actualmente 7 de cada 10 trabajadores nicas está en ese universo del coyol quebrado-coyol-comido.

A la legalidad, la participación ciudadana y la educación se une un cuarto elemento: la capacidad de fiscalización del sistema de medios de comunicación. La cantidad de información a la que periodistas y otros especialistas tienen acceso con sólo navegar en su computador o solicitarla (usualmente vía electrónica) a la instancia deseada es enorme. En Nicaragua todavía no contamos con ese nivel. Pero hay algunos avances. Como decir, una Ley de Acceso a la Información Pública.

Pero, como me dijo una nicaragüense en un café de Copenhague: “no se te olvide que a los nórdicos (Dinamarca, Finlandia, Noruega, Suecia) les ha tomado casi mil años llegar al nivel donde están ahora”.