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De un tiempo a esta parte, el mundo de las corporaciones también se ha inscrito en la moda de los códigos de ética. Se trata, más que de una moda pasajera, si es que puede utilizar esta expresión, de un compromiso permanente y renovado por hacer de las corporaciones instituciones de permanente humanización de la realidad en las que las personas encuentren un entorno de crecimiento personal en todos lo sentidos.

Desde esta perspectiva, resulta bien relevante acercarse al modelo de código ético para empresas elaborado por el ICA, el instituto de consejeros-administradores de España, colgado en su web para general conocimiento. El documento consta de unos principios generales a los que siguen las obligaciones de accionistas y propietarios y de administradores y directivos, sea en materia de dirección propiamente dicha, en relación con los clientes y proveedores de la empresa, en lo que atiende a los empleados o en relación con los competidores o la sociedad civil.

La Ética, ciencia práctica que analiza el comportamiento humano de acuerdo con los criterios de la recta razón, es hoy, al margen de otras consideraciones, el único dique de contención frente a la selva en que se ha convertido el mundo actual, en la que el dinero y el poder son, por la devoción que les profesan no pocos individuos, los dueños y señores de todos nosotros. Esta realidad, sin embargo, nos desafía frente al reto de construir empresas a escala humana en las que le legítimo beneficio sea compatible con un razonable desarrollo personal y profesional de quienes día a día sacan adelante las empresas.

La Ética debe predicarse de todos quienes intervienen, de una u otra manera, en la vida de la empresa: accionistas, propietarios, administradores y directivos. Las obligaciones de unos y otros garantizaran, desde la vertiente ética, que la empresa cumpla sus fines y que, como dice el preámbulo del Código de Ética para empresarios del ICA, se atiendan de manera equilibrada y razonable los derechos e intereses de todos los grupos de interés que viven en torno a la propia empresa: empleados, clientes, accionistas, proveedores y socios de negocio y sociedad en general. Ahora bien, la Étic0a va más allá de la mera compensación o equilibrio de los diferentes intereses en juego, en la medida en que la referencia ética plantea la necesidad de que cada interlocutor realice bien su tarea. Ciertamente, en buena medida, el cumplimiento de las normas: leyes, estatutos o reglas de funcionamiento, constituyen un buen ejemplo de rectitud ética siempre y cuándo dichas reglamentaciones o disposiciones estén presididas por valores que permitan la mejora del hombre en cuanto hombre.

El Código de Ética para empresas del ICA, señala que los accionistas y propietarios se constituyan en garantes del cumplimiento de administradores y directivos. Además, el Código, como es lógico, nace, no con la pretensión de convertirse en el Código único de todas las empresas, sino como un marco general que habrá de ser concretado a la realidad de cada empresa. Por lo demás, la metodología que se propone implica que sería el Consejo de Administración de la compañía la que formula el Código y la Junta General la que lo aprueba.

Desde luego, los códigos no son varitas mágicas que todo lo arreglan o que todo lo solucionan. Son medios adecuados para instalar en el ambiente empresarial criterios y principios que hagan del trabajo en la empresa, un entorno de creciente humanización de la realidad compatible con la obtención de beneficios que también han de llegar a los trabajadores de la compañía.

*Catedrático de derecho administrativo.