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Cuando una persona ha realizado esfuerzos a favor del país; el reconocimiento a su trabajo, llega aunque sea tardío. En el 50 Aniversario de la Escuela de Ciencias de la Educación de la UNAN–Managua se hizo entrega de una medalla de distinción a mi padre Pedro J. Quintanilla Jarquín. La entrega la hizo el Rector de la Universidad, Elmer Cisneros Moreira, la tarde del 7 de octubre del presente año, en el acto de inauguración de la Cátedra Abierta Fidel Coloma González.

Mi padre se hubiese sentido dichoso de haberlo recibido en una actividad académica donde se rinde tributo al profesor Fidel Coloma González, uno de sus grandes amigos. La amistad nació desde el arribo del ilustre chileno a Nicaragua en la década de los 50 del siglo pasado. En esa época su única preocupación, como buen maestro normalista, era la educación nacional. Entre Coloma y Quintanilla Jarquín nació una estrecha relación, originada por los compromisos compartidos por mejorar la educación pública.

La distinción le fue conferida también a los profesores Julián Corrales, Fidel Coloma y Julio Hernández.

La amistad entre Coloma, Quintanilla Jarquín y Julián Corrales –todos fundadores del Instituto Andrés Bello— fue fructífera para el magisterio nacional. Sus mayores afanes estuvieron encaminados a fortalecer la educación pública. En ese entonces, los colegios, o los institutos de secundaria, subvencionados por el gobierno, eran de los mejores en Nicaragua. Esto obedecía a la educación de calidad que impartían sus ilustres maestros. Igualmente participaron apoyando la consolidación de la Escuela de Bellas Artes y a la Asociación de Periodistas Nicaragüenses.

Recuerdo que cuando René Schick fue presidente de Nicaragua, Pedro J. Quintanilla llevó a Costa Rica una importante comitiva de periodistas nacionales, entre los que destacaban Fabio Gadea Mantilla y el recordado Ignacio Briones Torres, para que estuvieran presentes durante la visita que J. F. Kennedy hiciera a ese país.

La amistad entre Pedro J. Quintanilla, Guillermo Rothschuh Tablada y Fidel Coloma se cimenta en sus propósitos compartidos, hacer de Nicaragua, un país con oportunidades para todos, sirviendo la educación como pivote de su desarrollo.

Recuerdo en Juigalpa, días enteros de coloquio cordial en casa del poeta Guillermo Rothschuh Tablada, paseos en la Mula (¿Existirá todavía esa moto?) en compañía de Coloma, todos soñaban y leían poemas que declamaban en coro, sobre todo a los inmortales Darío y Neruda.

La amistad de mi padre con el chileno Abraham Grimberg y el profesor Coloma era de hermanos. Grimberg fue un Maestro por antonomasia, trabajó incansablemente en Rivas, donde llegó a hacerse cargo del Instituto Nacional “Rosendo López”, marcando un hito en la formación de los jóvenes nicaragüenses. Hoy sus discípulos se cuentan por decenas. Grimberg fue padrino de mi hermano Álvaro, siempre visitaba nuestro hogar, a su regreso de Chile, trayéndonos regalos que recordamos con cariño y agradecimiento.

Todos estos ilustres maestros son descendientes de hogares muy pobres. Este grupo de muchachos de ayer –algunos ya descansando en la posteridad— nos heredaron una cauda de profesionales, valiosos frutos de su cosecha pedagógica.

El 7 de octubre tuve el enorme placer de recibir de manos del Rector de la UNAN-Managua, una medalla como homenaje póstumo a Pedro J. Quintanilla Jarquín, durante la inauguración de la Cátedra Abierta Fidel Coloma González. En su intervención el Rector Cisneros anunció la entrega del Doctorado Honoris Causa a Guillermo Rothschuh Tablada, Nasere Abed López y Julián Corrales.

Como bien dijo Cicerón, “el mal que puedan hacer los hombres se entierra con sus huesos, el bien perdura sobre sus memorias.”. En nombre de la familia Quintanilla Jarquín y Quintanilla Martínez, agradezco este noble reconocimiento a la labor desarrollada por mi padre, en el campo de la educación nacional.