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El matrimonio entre personas del mismo sexo, con iguales requisitos y efectos que los existentes para los matrimonios entre personas de distinto sexo, se ha establecido legalmente mediante la extensión de la institución ya existente del matrimonio a aquellos formados por personas del mismo sexo.

Se mantienen la naturaleza, los requisitos y los efectos que el ordenamiento jurídico venía reconociendo previamente a los matrimonios.

El matrimonio entre personas del mismo sexo es un tema de Derechos Humanos Universales respaldado por la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, que considera que el matrimonio es un derecho que asiste a todas las personas con independencia de su orientación sexual. Una fuerte corriente homofóbica condena estas uniones, entre ellas, la Iglesia Católica en Nicaragua.

La adelphopoiesis es una ceremonia practicada por varias iglesias cristianas durante la Edad Media e inicios de la Época Moderna en Europa, para unir a dos personas del mismo sexo (habitualmente hombres), quienes eran colocados en la iglesia delante del atril, en el cual se encuentra la Cruz y las Escrituras; el mayor de los dos, se coloca a la derecha, mientras que el más joven se coloca a la izquierda.

Se realizan oraciones y letanías, sus manos colocadas en los evangelios y una vela ardiendo es entregada a cada uno; los versos de Primera Carta a los Corintios 12:27 a 13:8 (Pablo de Tarso sobre el amor) y Evangelio de San Juan 17:18-26, también se lee el Padre nuestro; se les conduce alrededor del atril, mientras se dan la mano e intercambian besos; y los presentes cantan: «¡Oh, qué bueno, qué dulce habitar los hermanos todos juntos!» (Salmos 133:1). El Antiguo Testamento presenta ya, y de modo preeminente, intensas relaciones de amor entre personas del mismo sexo –por ejemplo, Saúl y David, David y Jonatán, Ruth y Noemí, relaciones que durante toda la Edad Media se celebraron, en la literatura eclesiástica y en la popular, como ejemplos de devoción extraordinaria, a veces con tonos añadidos de inequívoco erotismo.

El propio San Agustín, cuando se refiere a esta tradición, expresa el amor que sintió por un amigo de juventud, cuya muerte lo dejó tan desolado que se dirigió a Dios, presa de una pena insoportable: «Sentía yo que mi alma y la suya eran una sola alma en dos cuerpos, y, en consecuencia, la vida era un horror para mí, ya que no quería vivir como una mitad, y, sin embargo, también tuve miedo de morir y que de esa manera él, a quien tanto había amado, muriera por completo» (confesiones 4,6). La primitiva Iglesia0000 cristiana no parece haberse opuesto a la conducta homosexual por sí misma. La hostilidad para con los gays y su sexualidad se hizo visible en Occidente durante el período de disolución del Estado Romano entre los siglos III y IV. (Recopilado de Boswell John citado por M. List, historiador norteamericano muerto, en 1994 por complicaciones con el Sida).


*Abogado.