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Desde que salió a luz el manifiesto del Partido Comunista en 1848, la tesis de la lucha de clases permanece a través de los tiempos. Unas veces velada, encubierta, como sucede actualmente.

Otras veces, abierta, violenta, como la lucha insurreccional contra la dictadura militar somocista. Obviamente que las clases poderosas, económica y políticamente aliados incondicionalmente, con la iglesia, específicamente con los sectores más conservadores, retrógrados y reaccionarios de ésta, niegan la existencia de dicha categoría marxista. Existe porque es la dialéctica de la historia. Existe porque el salto de un modo de producción a otro, no se produce por obra y gracia del espíritu santo. Traigo a colación las reflexiones del maestro alemán para demostrar que la pugna existente actualmente entre las fuerzas de derecha aglutinadas en la embajada de la carretera norte, el PLC, la iglesia reaccionaria y sectores empresariales pudientes, la burguesía y la oligarquía, contra el FSLN y lo que denominan “el orteguismo,” no es más que la lucha de clases entre quienes están en contra de la historia y las fuerzas progresistas y revolucionarias que están a favor de la historia y su desarrollo.

Esta lucha de clase está enmarcada dentro del contexto de la reelección del actual presidente de la República. Existe una campaña feroz en contra del FSLN desde que este nació en las márgenes del río Patuca. El clan somocista, aliado con los mismos sectores antes mencionados, etiquetaron al sandinismo durante la lucha contra los guardianes de la dinastía. A Sandino le llamaban bandolero. A los sandinistas Somoza los llamó sandino-comunistas, piricuacos. Actualmente dictador, violador de la constitución, las leyes, el Estado de derecho y la democracia. Ortega le pone la tapa al pomo expresan voces altisonantes.

La verdad es que hablan de democracia pero cuando se juega con sus reglas y se les gana, no aceptan. Así paso con Allende en Chile con la Unidad Popular.

Los diputados coludidos con la derecha se recetan para ellos la reelección pero no para los alcaldes y presidentes. Al recurrir por inconstitucionalidad ante el más alto tribunal judicial y éste falla a favor de los recurrentes, no hay validez; la Corte es inmoral y se lanzan toda una serie de epítetos y argumentos políticos-ideológicos que veladamente reflejan la posición y defensa de intereses clasistas y sus aliados sin importar que no pertenezcan a las clases pudientes. Igual que el ALBA, la Asamblea sentenció que la cooperación venezolana no era deuda pública, pero las voces se alzaron en contra del poder legislativo. La Asamblea Nacional no puede derogar el “decretazo”. La Corte Suprema de Justicia falla los recursos interpuestos con lo cual se reconoce la jurisdicción de ésta. Benavides regresa al CSE pero es condenado con el fuego del infierno. Si te movés te tiro… si te corrés de mato.

El Estado de Derecho es el respeto a las resoluciones de los diferentes poderes que conforman el Estado. Aceptar estas resoluciones profundizan la democracia, máxime si cuando las sentencias son de ineludible cumplimiento como las de la Corte Suprema de Justicia. Si se recurre de amparo por inconstitucionalidad, es aceptar la jurisdicción de ésta. Pero si el fallo va contra los intereses de los recurrentes, entonces la corte no sirve, no funciona, está politizada, no tiene legalidad y demás epítetos, burdos y manipuladores. ¿Cuál de los poderes del Estado ha demostrado la ilegalidad del artículo transitorio?

Acaso no es la Asamblea Nacional, léase legisladores liberales y derechistas la responsable de esta crisis al no cumplir con el mandato de elegir a los funcionarios que se les venció el periodo para ostentar sus cargos respectivos? Acaso el PLC y las fuerzas derechistas junto con la embusa no son los principales responsables de la desestabilización y los intentos de anarquía?

Nadie que se digne de ser sensato puede decir que el país ha retrocedido en estos 3 años del GRUN. En 2007 el país estaba a punto de colapsar. Tres años después los árboles dejan ver al bosque. El FSLN probó en tiempos de guerra que se podía avanzar. En tiempos de paz, los nicaragüenses debemos dar una oportunidad a las fuerzas progresistas nicaragüenses para avanzar y construir la paz y la democracia. Con hambre, miseria y explotación como en la pesadilla neoliberal, no hay paz.

En el contexto actual no se trata de la eliminación de una clase por otra porque los tiempos han cambiado. Además, Nicaragua transita por una etapa de desarrollo capitalista, profundización de la democracia tanta representativa como participativa, independencia respeto y interrevación armónica de los poderes del estado y demás tareas que, tantos políticas como sociológicamente demanda la modernización del país. Sin embargo, existe toda una estrategia política – organizativa orquestada desde el exterior para frenar el desarrollo, la buenandanza del país a través del fomento al caos, la anarquía y la desestabilización del gobierno del FSLN.

El Neoliberalismo produce antivalores que profundizan la descomposición social. La violencia, el abuso sexual, el alcoholismo, las pandillas, la drogadicción, la corrupción, entre otros, constituyen elementos de este, modelo “democrático” que despersonaliza, reduce la autoestima, la motivación, el entusiasmo y el accionar frente a la vida. Contrario a esto, el gobierno del FSLN promueve una revolución de la conciencia social reflejada en valores cristianos de amor, comprensión, cooperación, solidaridad entre unos y otros para desterrar la subcultura de la violencia, el odio y el revanchismo: una cultura de la paz. No debe haber temor a la reelección. El FSLN necesita más tiempo para que el país se desarrolle, sea atractivo, humanista, solidario, democrático, inclusivo, cristiano.

Por lo tanto, este gobierno merece una oportunidad. Los grupos de poder oligárquico-burgueses, el clero conservador y reaccionario junto con sus instituciones y figuras político-partidarias (PLC, MVCE, Conservadores, Alemán, Montealegre, Mata) deben realizar una oposición constructiva para, entre todos, propiciar y forjar esa cultura de la paz, el desarrollo económico-social, cultural y espiritual de la nación en su conjunto para salir poco a poco del atraso, el subdesarrollo, la subcultura de la violencia y la mendicidad. John Lennon lo expresó: lo único que digo es que le demos una oportunidad a la paz.


*Periodista docente UPF, Graduado en Ciencias Sociales de la ex RDA*