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La aplicación presentada por Costa Rica ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ) el 18 de noviembre de 2010, nos lleva una vez más ante la máxima autoridad judicial del planeta, siendo Nicaragua uno de los países con más casos dilucidados en la CIJ. Costa Rica demanda a Nicaragua por “incursión, ocupación y uso de parte del Ejército de Nicaragua en territorio de Costa Rica, así como infracciones a las obligaciones de Nicaragua con Costa Rica”.

Desde el año 2006, cuando el gobierno de Nicaragua inició las gestiones para dragar el Río San Juan, Costa Rica protestó. En ese momento Nicaragua decidió suspender el proyecto al estarse ventilando el caso por “derechos de navegación y conexos en el Río San Juan” entablado por Costa Rica en contra de Nicaragua.

En relación con el dragado, la Corte en su fallo indicó “Quedó establecido en los párrafos 4 a 6 de la cláusula tercera del Laudo que Costa Rica no está obligada a participar en los gastos necesarios para mejorar la navegación en el río San Juan y que Nicaragua puede llevar a cabo las obras de mejora que estime conveniente, siempre que tales obras no afecten gravemente la navegación en los afluentes del San Juan que pertenecen a Costa Rica.” El Laudo es claro en avisar sobre afectaciones graves a la navegación en afluentes costarricenses. No únicamente autoriza a Nicaragua a realizar las obras de mejora que sean necesarias, sino, además, el Laudo indica que en caso de daño a los afluentes costarricenses, Nicaragua está en la obligación de pagar una indemnización, en ningún caso de evitar hacerlas.

Se reinicia el proyecto de dragado a finales del año 2009. En julio de 2010, Costa Rica protesta nuevamente. El diferendo escaló a tal grado que lo que inicialmente fue una protesta por el dragado se convirtió en una supuesta invasión a “Isla Calero” costarricense. Isla Calero, según los propios mapas costarricenses es un punto en tierra firme significativamente alejado de la zona del dragado y presencia militar nicaragüense. Costa Rica utilizó este nombre para provocar confusión y exacerbar los ánimos en la opinión pública, llevando a Nicaragua ante el Consejo Permanente de la OEA y realizando labores de cabildeo en contra de Nicaragua por la supuesta invasión, todo con el único fin de detener el dragado. Para Nicaragua, realizar las labores de dragado es una responsabilidad nacional imperativa, existe una amenaza latente que la desembocadura del San Juan se seque definitivamente y el curso de las aguas quede invariablemente a través del Colorado.

¿Qué está detrás de esa objeción al dragado tan determinante? El Colorado dejó de ser un afluente del Río San Juan, para convertirse en el curso natural de sus aguas. ¿Cómo se logró esto? Desde 1860, por causas naturales e intencionales, se secó la desembocadura del Río San Juan. Adicionalmente, Costa Rica ha dragado el Río Colorado y ha provocado que el curso del agua se desvíe. Una hipótesis sobre el interés de Costa Rica que la desembocadura sea el Colorado puede ser obligar a Nicaragua a tomarla en cuenta en cualquier proyecto que desarrolle en el Río San Juan.

Habiendo; 1) Pruebas contundentes de la contaminación de parte de Costa Rica en el Río San Juan y de la cantidad de sedimentos de los que se carga de los afluentes costarricenses; 2) La obligación y el aval según el Tratado Jerez Cañas, el Laudo Cleveland y la Sentencia de la CIJ de julio 2009 de dragar el río y, 3) Programada una sesión de trabajo de la comisión de límites para terminar la densificación de mojones, Costa Rica ha declarado en su aplicación ante la Corte: “El dragado en curso y construcción prevista del canal afectará seriamente el flujo de agua del río Colorado de Costa Rica, y causará daños al territorio de Costa Rica, incluyendo los humedales y las zonas de vida silvestre protegidas ubicadas en la región”

Inclusive señala que Nicaragua no estuvo de acuerdo en negociar y violó la resolución del Consejo Permanente de la OEA que ordenaba “retirar” las tropas. La resolución de la OEA no ordena “retirar” tropas sino “evitar la presencia de fuerzas armadas o de seguridad en el área donde su presencia podría generar tensión” En el mundo de la diplomacia, la escogencia de las palabras no es al azar, responden a una negociación, cabildeo y elección consciente y dirigida, evidentemente “retirar” es muy distinto a “evitar”.

Costa Rica solicita a la Corte que delimite el territorio según “el Tratado Jerez Cañas, el Laudo Cleveland y los primeros dos laudos Alexander.” ¿Por qué obviar los otros tres laudos Alexander?
Adicionalmente presenta medidas cautelares, solicitando el retiro de las tropas nicaragüenses en el territorio “que ha invadido y ocupado a Costa Rica”, el cese de la construcción de un canal, la “remoción de árboles, vegetación y tierra de territorio costarricense incluyendo sus humedales y bosques”, el depósito de sedimentos en territorio costarricense y la detención del proyecto de dragado nicaragüense “dirigido intencionalmente a ocupar, dañar e inundar territorio costarricense, además del serio daño en la navegación del río Colorado, perjudicar la navegación de costarricenses en el Río San Juan y cualquier otro hecho que pueda afectar los derechos de Costa Rica.”

¿Siendo de extrema importancia, por qué Costa Rica no tiene interés en continuar el trabajo de densificación de mojones que ha querido retardar por tantos años? ¿Por qué no solicitar la densificación sobre la base de las actas Alexander con carácter de urgencia?
Nicaragua cuenta con un excelente equipo de abogados externos, sin embargo, el caso del Río San Juan se rige principalmente por un régimen legal bilateral, lo que hace sumamente necesario que Nicaragua organice un equipo técnico de trabajo nacional con fuerte liderazgo y participación en la toma de decisiones. En Nicaragua hay especialistas que llevan muchos años estudiando el tema del Río San Juan, en el campo ambiental, demográfico, cartográfico, jurídico y político. Es necesario que sean llamados a formar parte del equipo nacional.

Las exigencias de Costa Rica son exageradas y ésta no es la primera vez que sucede. Esta técnica, bien conocida, estudiada y sistematizada por historiadores costarricenses, desde 1821 ha traído réditos positivos para Costa Rica. Bien lo ha dicho Pablo Antonio Cuadra en 1973, indicando: “Los costarricenses saben dos cosas: 1º.) que exigiendo sin derecho han conseguido derechos. 2º.) que los nicaragüenses hemos sido, a través de la historia, flojos y descuidados, y que siempre hay ocasión, si se tiene paciencia, de meterle zancadilla al descuidado y al inestable.”

La eterna desventaja de Nicaragua frente a Costa Rica y Honduras ha sido la falta de una estrategia y un equipo establecido a largo plazo en temas limítrofes. Esto ha fortalecido las estrategias de Colombia, Costa Rica y Honduras.

La improvisación incapacita a tomadores de decisiones y analistas a tener una visión en conjunto de los conflictos limítrofes y la política exterior e interior nicaragüense. Nos circunscribimos al caso del Río San Juan, obviando – contrario a lo que nos ha indicado la geopolítica – que toda acción de un Estado responde a un engranaje mucho más amplio. Los nicaragüenses vemos piezas disociadas unas de otras sin tener una visión del panorama. ¿Cuáles son los nexos entre el Proyecto Brito, proyecto de minería crucitas y su declaración de interés público, el dragado, la solicitud de tercerías, las gestiones diplomáticas colombianas, y el diferendo ahora ante la CIJ en la zona limítrofe con Costa Rica?
Nos damos golpes de pecho frente a los medios, llevamos calcomanías en los carros señalando “El Río San Juan, orgullo nacional”, pero somos poco exigentes frente a nuestras autoridades en la forma en que llevan los casos. Medios y periodistas no se han dado a la tarea de conocer bajo qué criterios Nicaragua conformó su equipo de asesores, ¿cuál es el nivel de involucramiento de diversas instituciones estatales? ¿Qué tipo de especialistas se requieren? ¿Cuántos historiadores, ambientalistas, ecologistas y cartógrafos participan activamente en el caso? ¿Cuánto le cuesta al Estado de Nicaragua mensualmente? Solo levantamos la bandera, damos un grito y no nos sentamos a estudiar. Bajo la premisa que “amor son hechos no palabras”, nuestro amor, muy en el fondo, es muy poco.

Urge una política de Estado alrededor de los temas limítrofes. El precio por no recapacitar a tiempo ya lo hemos pagado muy caro en el pasado, Nicaragua sigue siendo un país que reacciona y no propone o define a largo plazo estrategias sobre prácticamente ningún tema. De continuar así, seguiremos bailando al son que nos toquen los ticos: ¡La patria paga!

*jasminmaria@hotmail.com

Traducciones de carácter ilustrativo y elaborados por la autora.