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En EL NUEVO DIARIO del 12-29-10 se publicó una interesante narrativa con diferentes opiniones de personalidades del acontecer político nicaragüense sobre la ilegitimidad del gobierno de Daniel Ortega y las violaciones a la Constitución, abuso de autoridad, secretismo, corrupción... Nada nuevo.

En Nicaragua, en los últimos 189 años de vida como nación independiente un gobierno, que adolezca de esos vicios y defectos, no es nada extraño ni la excepción, sino en cierto sentido… la regla.

Por ejemplo, mencionan que: “Los contextos de esa realidad política, van desde el avizoramiento de un progresivo enriquecimiento de la familia presidencial a raíz de la llegada de los fondos venezolanos, sin rendir cuentas a los gobernados; el endeudamiento público con un raquítico y sangrado presupuesto, la reelección presidencial y a otros niveles, casi con carácter endémico. La vigencia o no del pacto político con el PLC, el colaboracionismo de ALN y el Partido Conservador, la desarticulación total del FSLN como institución, hasta los continuos despojos de alcaldías en aquellos municipios que el fraude de 2008 no había logrado penetrar. Muchos de los pronósticos de nuestros entrevistados se cumplieron, otros tomaron un giro ligeramente distinto.”

La pregunta fundamental queda en suspenso y pendiente. ¿Qué se hizo para prevenir esos nefastos pronósticos de parte de la ciudadanía y la sociedad civil?
En realidad el publicado es un análisis de los efectos, no de las causas. Es un análisis de la enfermedad, no del mal que produce la enfermedad. Si una persona aparece de pronto con un enfisema o con cáncer en los pulmones, lo primero que le preguntará el doctor es si es fumador, y el paciente, seguro va a contestar que sí, que se fuma dos paquetes de cigarrillos al día durante los últimos veinte años. Seguro que el médico lo va a someter a un régimen de abstención de cigarrillos y le pedirá la cooperación de la familia para corregir el mal. En otras circunstancias, para prevenir un enfisema y cáncer de los pulmones la regla es fácil, no fumar.

En el caso de Nicaragua aún está pendiente el diagnóstico y tratamiento preventivo de las causas que producen las violaciones a la Constitución, abuso de autoridad, secretismo, corrupción... de parte de algunos gobernantes
Y no solo se producen en el gobierno de Daniel Ortega, sino en otros gobiernos del pasado. Lo que debe hacernos pensar que si hemos padecido esos vicios en el pasado, y se repitieron con Ortega, lo más seguro es que los seguiremos padeciendo en el futuro, pues la experiencia indica que así ha sido, y así puede volver a ocurrir…sino se hace algo para detener el vicio a tiempo, no dejar que se desarrolle. En los USA se practica la medicina preventiva, exámenes anuales de toda clase para detectar las posibles enfermedades en su estado inicial y poder intervenir a tiempo, antes que sea demasiado tarde. A los hombres les recomiendan básicamente un examen anual de la próstata, porque según me dijo el médico, una vez que un cáncer de la próstata se desarrolla generalmente es demasiado tarde para curarlo.

Pregunto: ¿Qué hacemos en Nicaragua para evitar proactivamente que un gobierno llegue al extremo de ilegitimarse, a violar la Constitución y al abuso de autoridad? ¿Dónde están los ciudadanos y organizaciones de la sociedad civil para detenerlos antes de llegar a los extremos y que sea demasiado tarde?
Yo recuerdo perfectamente, y está documentado en los medios de información, cómo fue el proceso de los pactos originales entre Arnoldo Alemán y Daniel Ortega en 1997, y el proceso de cómo los implementaron haciendo los cambios en la Constitución. Recuerdo también perfectamente cómo esos acontecimientos fueron vistos desde el palco por una ciudadanía abúlica y una sociedad civil indiferente, que vieron cómo hacían y deshacían, y lampaceaban el piso con la Constitución, pero desde las graderías, como testigos de piedra.

De algo no me queda duda, los nicaragüenses somos reaccionarios, solo actuamos y opinamos ante hechos consumados, generalmente cuando es demasiado tarde, porque nos conviene y cuando nos conviene. Después, nos rasgamos las vestiduras y nos azotamos con cilicio por los pecados que los gobernantes cometen. Nos gusta esquivar el bulto. No culpemos a Ortega, culpémoslos a nosotros mismos y a nuestros antepasados.