Jorge Eduardo Arellano
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Ortega, dos días después de la derrota de 1990, expresó a sus partidarios: “Vamos a gobernar desde abajo”. Muchos de ellos interpretaron ese mensaje como una suerte de alivio psicológico que su líder les brindaba en momentos tan difíciles. Otros, con absoluta perspicacia, entendieron que era hora de retomar el poder por medio de la desestabilización política --arte bien conocida en el seno del sandinismo.

Al poco tiempo de firmado el protocolo de transición entre Antonio Lacayo y Humberto Ortega, la guerra militar finalizada daría paso a una guerra social con dos grandes huelgas que paralizaron las instituciones del Estado y al país, la inflexibilidad de esta última respaldada por la línea más dura del sandinismo colocó a Nicaragua al borde de una guerra civil.

Los grupos de derecha que gobernaron durante los años noventas interpretaron que en el sandinismo había iniciado el principio de su fin con la derrota electoral; el frentismo por su lado, con amplio conocimientos en tácticas militares, dispuso organizar a las masas en una amplia ofensiva contra el gobierno de la UNO, inicialmente, y después contra el de Arnoldo Alemán.

Así, el FSLN, con sus organizaciones de base, bifurcadas en los diferentes sectores estratégicos --salud, educación, trasporte, campo, universidades, sindicatos, retirados de las fuerzas militares, entre otros-- inició una serie de agresiones que generaron un ambiente de inseguridad nacional en una población que ya estaba hastiada de tanta violencia entre hermanos.

Amén de las duras asonadas contra el gobierno de doña Violeta Barrios de Chamorro en 1997 el sandinismo prácticamente estaba derrotado. A finales de 1995 el FSLN en la Asamblea Nacional sólo tenía ocho diputados; en el Consejo Supremo Electoral dos magistrados de los cinco existente en aquel tiempo; el Ejército de Nicaragua ya había pasado a manos de Joaquín Cuadra Lacayo, y claramente esa institución castrense se regía por su propio Consejo Militar. La Policía Nacional corría igual suerte de independencia bajo la dirección de Fernando Caldera. En la Contraloría General de la República se encontraba Agustín Jarquín Anaya --quien aún no se había integrado a la Convergencia junto al FSLN--. La Corte Suprema de Justicia también era gobernada por magistrados antisandinistas.

Qué pasó entonces, por qué vemos después de once años a un Frente Sandinista más fortalecido, gobernando todas las instituciones del Estado. Serán los gobiernos subsiguientes al de doña Violeta los que permiten la reconquista del poder al sandinismo. Hoy esos sectores sociales ahora son esquiroles.

Durante el gobierno de Arnoldo Alemán se dieron asonadas con una estrategia claramente definida, recuperar lo perdido. El FSLN tomó como frente estratégico la infiltración de partidarios en las instituciones estatales, quienes estaban listos para desestabilizar desde dentro cuando así fuera ordenado. Paralelamente en las calles se vivían año con año quemas de llantas, barricadas, tomas, huelgas y demás actividades bélicas provocadas por sectores sociales afines al sandinismo.

Ante esas presiones Alemán cede significativas cuotas de poder a favor del Frente Sandinista. Unos afirman que lo hizo por temor a que lo destituyeran de la presidencia o lo sacaran “a patadas”, como se comentó en más de una ocasión. Otros afirman que “en el dame que te doy”, el liberal actuó en función de estrictos intereses personales, más que partidarios.

Lo cierto es que a partir de las reformas constitucionales de 2000 y las subsiguientes el sandinismo salió airoso del letargo político que padeció durante el gobierno de la UNO. En este nuevo milenio el ahora partido gobernante posee un significativo número de magistrados y diputados, y gobierna en al menos ochenta alcaldías. La Contraloría pasó a conformarse como órgano colegiado y el porcentaje para ganar las elecciones se redujo a un 35 por ciento, proporción necesaria para que Daniel Ortega, o su sucesor, obtengan la victoria electoral en las sucesivas elecciones presidenciales.

El ex gobernante liberal ayudó a que el sandinismo retornara al poder, ambos en su afán de defensa pactaron un secreto acuerdo de protección mutua del que jamás conoceremos sus alcances. Lo cierto es que en los próximos meses las fuerzas de derecha nos enfrentaremos electoralmente contra un orteguismo --fase superior y trastocada del frentismo-- más fortalecido, ansioso de continuar implementando sus tesis políticas de poder.

Los que estamos en contra del orteguismo, los que perdimos las elecciones presidenciales en 2006 por ir desunidos debemos aprender de los errores del pasado y no volver a repetirlos. Si Alemán es la piedra en el zapato que tiene la unidad de las fuerzas de derecha, pongámonos ese zapato y aunque nos chime la piedra continuemos la marcha que más adelante la tiraremos porque no hay mal que dure cien años.


*Asesor Legal
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