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El año que recién inicia nos compromete con nuevas metas y expectativas encarnadas en el sueño de progreso y bienestar para nuestras familias y el avance general del país. 2011 también es un año de elecciones generales donde todos los nicaragüenses tendremos la oportunidad y derecho de renovar los 92 escaños de la Asamblea Nacional y los 20 del Parlamento Centroamericano, así como el cargo de poder político más importante del país, como lo es la Presidencia de la República y su respectiva vicepresidencia. Desde 1990 ésta es una práctica constante como parte del proceso democrático de toda sociedad moderna que aspira lograr un Estado Social de Derecho; sin embargo, en nuestro país desde la última elección municipal, la credibilidad y transparencia del órgano rector del proceso electoral está entre dicho, por lo que la futura elección, sin previa elección de nuevos magistrados con credibilidad e integridad, se avizora compleja y conflictiva, para desgracia de todos los nicaragüenses que anhelamos paz y estabilidad para la seguridad de nuestras familias y el crecimiento sostenible de la economía y con ello nuevas fuentes de empleos.

Las elecciones generales de noviembre próximo son tan importante como cualquier otra elección del pasado o del futuro, en ella se juega la dirección política del país, es decir, en ella decidimos quiénes y con qué visión se dirigirá entre otras cosas la educación y salud pública por los subsiguientes 5 años, así como la seguridad ciudadana y la política de generación de empleo sobre todo para los jóvenes, eso desde siempre ha sido crucial para cualquier sociedad. Estas elecciones deberían llenarnos de positivismo y entusiasmo, sin embargo parece ser una función de teatro más, en la que una clase política inmoral y corrupta persistente durante los últimos 30 años, juega y se burla de los sueños depositados en cajas de cartón el día de la elección, todo en una simple, pero despiadada “lucha del poder por el poder” que les permita mantenerse enquistados a los sueldos y recursos públicos. Mientras exista reelección indefinida para los diputados y los candidatos a estos cargos no sean definidos en elecciones primarias internas y en listas uninominales donde el pueblo pueda escoger libremente a sus representantes, por desgracia esto continuará siendo así, y unos cuantos mayoritariamente hombres y viejos, aun sin merecerlo e incluso pedirlo, saldrán premiados con diputaciones en las elecciones de noviembre próximo, eso es triste y desalentador para una sociedad ampliamente joven y con ansias de cambios.

Las ambiciones continuistas que enmascaran una profunda crisis de relevo generacional en el partido gobernante, la tragicomedia de la pleitos improductivos de la oposición y la clara vocación antidemocrática, excluyente y corrupta de las cúpulas de los partidos políticos nicaragüenses, hace que cada vez crezca un segmento poblacional y electoral incrédulo y desconfiado denominado muy finamente en las encuestas como “independientes”. Esos ciudadanos cautos y con mucha razón desconfiados que no desean matricularse con nadie, se encuentran entre opciones tan malas, que con justa razón podrían inclinarse por una abstención el día de la elección. Por un lado, un presidente de la república que saltando mediocremente una barrera constitucional que se lo prohíbe, se empecina enfermizamente por la reelección presidencial continua; por otro, un ex presidente y ex convicto por corrupción que valiéndose de un pacto político que ahora le devuelve el favor, se apodera de la candidatura de uno de los partidos más organizados de la oposición; adicionalmente un caprichoso y oportunista ex candidato presidencial que viendo peligrar su inmunidad, prefirió animar a alguien más para la candidatura presidencial y muy acomodadamente ubicarse en la primera diputación nacional, para asegurarse 5 años más de protección y beneficiosos; y por último una docena más de amagos de partidos políticos carentes de liderazgo e incapaces de darle forma a una nueva opción política, con cúpulas y representantes legales sin legitimidad popular que mediocremente buscan a costa de lo que sea negociar un escaño en la Asamblea Nacional. Esta es la triste realidad política de nuestro país, mientras miles de nicaragüenses no tienen trabajo para llevar el pan de cada día a su mesa, carecen de un techo que les resguarde del sol o la lluvia, es decir, todos los actuales políticos tanto del FSLN como de la oposición dicen defender las necesidades de los más pobres y más necesitados cuando en realidad engañan al pueblo para únicamente garantizarse sus beneficios y excéntricos vicios, así como sus lucrativos negocios. Los ciudadanos y sobre todo los más jóvenes no podemos seguir dando cheques en blanco a los que fingen ser líderes de los intereses generales de la nación, debemos exigir un alto precio a cambio de nuestro voto, y ese precio es exigir respeto a nuestra dignidad y un compromiso claro con el progreso del país y la lucha contra la pobreza. Para asegurar estos compromisos, es indispensable una ciudadanía más activa, así como una militancia partidaria más consciente y crítica.

Ojala las próximas elecciones no sean una ilusión más y que las encuestas hagan reflexionar a la clase política que resiste a jubilarse y sobre todo, que la semblanza de los malos candidatos actuales hagan recapacitar a los que no se involucran en política a darse cuenta que necesitamos y merecemos mejores opciones políticas y sobre todo más y mejores candidatos con verdadero liderazgo y voluntad de servicio. En año nuevo, vale la pena volver a soñar y luchar por nuestros sueños, pues sino, para estas mismas fechas el próximo año no tendremos más que pesadillas.


*Miembro de la Juventud del Partido Conservador