Jorge Eduardo Arellano
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La experiencia de una viuda en los trámites para recibir su pensión me llena de interrogantes y me hace pensar que estamos frente a un sistema de Seguridad Social que juzga apariencias y circunstancias, en lugar de hechos, y, por supuesto, discrimina a las mujeres, por lo que con urgencia debe ser modificado, si deseamos que nuestro país se modernice.

Quedar viuda antes de los 45 años significa ser candidata a casarse de nuevo, no sé por qué, porque no hay una ley que indique que por tener más de esa edad se inhibe a una dama para volver a contraer nupcias, o, al contrario, que obligue a las más jóvenes a casarse. Cosas de los señores que reglamentaron la actual Ley de Seguridad Social.

Pues bien, cuando una mujer pierde a su esposo y éste era asegurado o jubilado, debe llenar una cantidad impresionante de requisitos, documentos originales y fotocopias, así como haber reunido todos los necesarios, como beneficiaria, en vida de su compañero.

No basta con mostrar y entregar la original del acta matrimonial, ni las de los hijos nacidos de ambos. Tampoco vale presentar el acta de defunción, porque eso aparentemente no convence a los señores del Instituto de Seguridad Social de que el finado pasó hasta el último día de su vida al lado de su esposa.

El expediente se llena con otra cantidad de documentos, entre los que van los que comprueban que los hijos menores de 21 años, nacidos del matrimonio, estudian, pues de otra manera no son candidatos a obtener su porcentaje en la pensión, o sea, que recibirán dinero sí y sólo sí pueden ingresar a la escuela.


Preguntas feas
Lo que más debe molestar a cualquier viuda menor de 45 años, o quizá a todas, es el interrogatorio para nada agradable al cual es sometida, después de finiquitar la entrega de los muchos documentos necesarios para la tramitación.

No hay forma de hacer menos agrio el momento.

En cierta fase de la entrevista pareciera que le van a preguntar a la viuda qué color de ropa interior usa ese día, pues la interrogan desde que si tuvo relaciones con otros varones antes, durante o después de finalizado el matrimonio, en este caso, con la muerte de su esposo, o si tuvo hijos de otro señor, lo que no viene al caso, porque su gestión es como viuda y en nombre de los vástagos del difunto.

En este punto me parece indignante el interrogatorio, por cuanto la mujer recibe la pensión por haber convivido durante un tiempo, sean meses, años o décadas, con un hombre que pagó al día su Seguro Social y no puso ninguna condición para que le entregaran el dinero a su viuda e hijos.

Otro aspecto feo del interrogatorio es ¿de qué y dónde murió? ¿Dónde lo velaron? ¿Dónde lo sepultaron? ¿Cuánto tiempo estuvo enfermo? Y otras de esa índole, por cuanto sólo la persona que está de duelo sabe lo que afecta recordar esos detalles, que me parecen innecesarios, pues a fin de cuentas el acta de defunción comprueba que el asegurado falleció en fecha tal, en el domicilio tal…
Pero por si esto fuera poco, la viuda aún no es una persona creíble. Debe presentar a un familiar cercano de su marido, sea uno de sus padres, sus hermanos o hijos nacidos de otra relación, para que éste testifique, con el acta de nacimiento y su cédula original, que el hombre convivió hasta el último día con su ahora viuda ¿entonces para qué tanta documentación?, cabe preguntarse, aunque la típica respuesta es que todo es necesario por requisito de ley.

Después de esos trámites es fácil renunciar a cualquier pensión, porque no deja de molestar esa forma en que las mujeres somos tratadas. Aunque por justicia no debe renunciarse a ese pequeño beneficio tras la muerte del marido.

Pero pienso que es peor cuando nosotras morimos primero y dejamos viudo al esposo, porque si para las féminas es difícil demostrar que durmió durante tantos años con un hombre y lo cuidó en sus enfermedades hasta su muerte, para un varón es quizá imposible de demostrar, tomando en cuenta que las aseguradas ni siquiera hacemos uso del derecho a tener un beneficiario, pese a que nuestro dinero es el mismo que paga cualquier “macho”.


(*) kcastillo@elnuevodiario.com.ni