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El pecado que puede pagarse el pasaje
viaja feliz por todo el mundo, mientras
que la virtud, sí pobre virtud,
está detenida en todas las fronteras.

(M. Dick)

¡El mundo es una perdición! ¿Qué puedo hacer? No vale la pena.

Cuántas veces has escuchado tan escalofriante sentencia o, peor, cuántas veces has sentido lo mismo. Y te consolás con la respuesta adecuada, nada puedo hacer para cambiar las cosas.

La sociedad moderna y sus normas nos obligan a reconocer los vicios como valores y los méritos como una recompensa a la domesticación de la mente. Por ejemplo, hoy día es normal reconocer al arribista como inteligente y señalar al honrado como baboso. El conocimiento y la capacidad de hacer vale menos que la argolla nepotista del hombre de influencia. Sin menospreciar la preparación académica, creo que la comercialización del sistema ha llevado a un verdadero relajamiento el valor del título y del grado académico - conozco a varios que cargan un montón de cartones pero que su cabeza está más vacía que la bolsa de un maestro- , hoy por hoy vale más fingir que ser, a esto le han llamado inteligencia emocional, bonito nombre.

Los vicios y la corrupción son antiguos, se remontan hasta un poco después de la época de las cavernas, pero igual, lo digo como humano, no dejan de ser repugnantes.

Una vez aclarado que la corrupción no es de este tiempo, ni estigma de sector - social, político, religioso, étnico, etc. - alguno, ni algo que se pueda desaparecer a discreción, que nos queda, ¿aceptarla?, ¿Convivir con ella?, ¿Justificarla? Pienso que el verdadero problema no es la corrupción en sí, sino la incapacidad de juzgarla, condenarla y penalizarla severamente. Todo el entramado social y legal moderno es un laberinto con múltiples salidas para quienes ejercen la corrupción desde posiciones privilegiadas.

Por ejemplo. De manera sistemática sufrimos las impactantes noticias de accidentes de tránsito (con múltiples pérdida de vidas inocentes) provocados por irresponsables conductores que utilizando la figura legal de “trámite de mediación” salen del “problema” pagando una suma de dinero a la familia de las víctimas que por lo general son siempre humildes. Digo, no sería conveniente que se reformara la ley para que el “trámite de mediación” sirviera únicamente para establecer el monto de una indemnización justa a las viudas y huérfanos de las personas asesinadas, y que siempre la sociedad y sus leyes procesaran y castigaran a los homicidas.

Sí, la humanidad se debate entre la realidad de una sociedad perdida en el egoísmo, la ambición, el apetito desmedido por el poder y, la confusión apática de la gran mayoría que nos refugiamos en nuestros temores para reconocer nuestros propios vicios, pensando tal vez, y si mañana me toca a mi enfrentar la justicia, no sería bueno mantener una salida abierta para burlarla.

Cuando hipócritamente afirmamos que el mundo es una perdición y desconocemos que el mundo es cada uno de nosotros, estamos confirmando que el problema no son los vicios ni la corrupción, si no la voluntad de esconderlos en nosotros mismos y justificarlos en los demás haciéndonos de la vista gorda con la esperanza de “Cuando me toque a mi los demás se hagan también de la vista gorda”. Claro está el mundo no está perdido, él que está perdido soy yo, si yo no hago nada el mundo seguirá igual.


julioofb@yahoo.es