•  |
  •  |
  • END

Este año se cumplen tres centenarios de hechos relacionados con la vida de nuestra máxima gloria nacional, Rubén Darío.

El 5 de mayo de 1911 circuló el primer número de la revista parisiense MUNDIAL, en la que Rubén figura como director literario por contrato con los empresarios uruguayos Alfredo y Armando Guido. Poco después, editada por la misma empresa y dirigida también por Darío salió la revista ELEGANCIAS, dedicada al público femenino. Ese mismo mes, aparece su libro de crítica literaria LETRAS, publicado por la editorial Garnier Hnos. de París. Y el 21 de noviembre, muere en León de Nicaragua la tía abuela de Darío, la buena doña Bernarda Sarmiento de Ramírez, quien hizo de madre del poeta y éste le profesó cariño de hijo.

La revista MUNDIAL se editaba en español con magnífica presentación tipográfica y excelente papel. La dirección artística estaba a cargo del dibujante español Leo Merelo y la literaria era responsabilidad de Darío. Rubén vio la publicación de la revista como una buena oportunidad de promover, en todo el mundo hispánico, la renovación literaria de la que él era reconocido como jefe indiscutible.

En cambio, para los hermanos Guido, se trataba de una empresa comercial. Para ellos, lo más importante era conseguir buenos anuncios e incrementar la circulación, cosas que se facilitarían por estar al frente de ella un escritor de tanto renombre.

Algunos amigos le advirtieron a Rubén sobre el carácter mundano y comercial de la revista y le aconsejaron no aceptar la propuesta de los hermanos Guido, pero Rubén, en ese entonces, estaba muy necesitado de ingresos y aceptó dirigirla por la modesta suma de cuatrocientos francos mensuales, más el pago por aparte de los artículos o poemas que en ella publicara. En MUNDIAL Rubén publicó su colección de semblanzas de escritores y políticos bajo el título de CABEZAS, más tarde reunidas en un libro editado con el mismo título, ya muerto Darío.

La calidad literaria de la revista no fue siempre la mejor. Pero el prestigio de Rubén hizo que colaboraran en ella muchas de las mejores plumas de entonces: Amado Nervo, Leopoldo Lugones, Rufino Blanco Fombona, Enrique Larrea, Alejandro Sux, etc. La ilustraron varios pintores que luego serían reconocidos como maestros del pincel.

En carta fechada en León, el 25 de noviembre de 1911, Isabel Swan de Williams, la “prima Inés” del cuento “Palomas blancas y garzas morenas” de “Azul…”, le informa a Darío el fallecimiento de la tía abuela Bernarda Sarmiento el día 21 de ese mismo mes. Cerca de la bondadosa anciana solo han estado Isabel y el primo Pedro Alvarado y sus hijas. De los amigos de Rubén en León, Abraham Tellería y su esposa han sido los únicos que se “portaron bien”, según le informa su prima.

La noticia debió impactar al poeta y hacerle evocar los años de su infancia, transcurridos en la famosa “Casa de las cuatro esquinas”, hogar de doña Bernarda y de su esposo, el Coronel Félix Ramírez Madrigal, hoy “Museo y Archivo Rubén Darío”. Fue en el regazo de doña Bernarda que Rubén aprendió las primeras letras y las oraciones que debía memorizar, oraciones en verso cuyo ritmo el niño captaba. El tío abuelo Félix, años después, le enseña a montar a caballo y las novedades recién llegadas a León: el hielo, las manzanas de California, los cuentos pintados para niños y hasta el champagne de Francia, según refieren los biógrafos de Darío.

Sin duda, doña Bernarda ocupó un lugar muy importante en la vida de Rubén, nada menos que el de madre, por ausencia de su verdadera madre, Rosa Sarmiento. A su muerte, doña Bernarda heredó a Rubén la casa que antes mencionamos, único bien que poseía, y que luego Rubén legó a su hijo Rubén Darío Sánchez.

En mayo de 2010 vio la luz pública el libro LETRAS, editado por la Casa Garnier de París, que pagó la suma de doscientos francos por los derechos de autor, la más miserable de cuantas pagaron los editores a Rubén por sus libros. En general, estos fueron tacaños con Darío. El libro comprende veintitrés artículos entre semblanzas de escritores y políticos e impresiones de lecturas de libros recién publicados. La serie de semblanzas incluye, entre otros, a Castelar, el Conde de Navas, Nogales, Zayas Catulle Mendes, León Daudet, Maeterlink y Marinetti. Todo el contenido del libro ya había sido publicado en “La Nación” de Buenos Aires y en otros periódicos y revistas. Sin embargo, tiene el valor de ratificar el buen criterio de Rubén como crítico literario.