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Cada año el país recibe por los medios de comunicación tristes noticias sobre el fracaso estudiantil en las Pruebas de Ingreso a las universidades públicas del país. El debate suele ser superficial y de corta vida, con más lamentos que respuestas, y responsabilizando del problema a algunos sectores implicados, obviando enfocar el tema de manera sistémica y objetiva.

La cultura prevaleciente en el país ha hecho creer a los padres y madres de familia que sus hijos bachilleres deben ingresar a la universidad como única salida a su futuro. Contradictoriamente, un país como Nicaragua que requiere y merece alternativas de formación técnica, tanto de nivel básico, como medio y superior, desgraciadamente tales oportunidades no se han promovido en la medida requerida en el marco de un sistema educativo articulado y con pasarelas y ductos de comunicación. Aun entre el Inatec y el Mined no parece resuelto el tema de a quién corresponde ofrecer la formación técnica. Tal situación hace que los jóvenes aspiren a la universidad como única alternativa. La otra salida que les queda es buscar un trabajo, el que no podrán lograr por no contar con la preparación requerida. En suma, frente al fracaso en la prueba de ingreso y a la imposibilidad de obtener un trabajo, quedan a merced del desempleo, el ocio, la delincuencia y la drogadicción.

No hay que olvidar que la sociedad entera y sus instituciones deben ocuparse del tema, coadyuvando con el Estado en la búsqueda de soluciones sostenibles. El problema no se resuelve desplazándolo de una institución a otra, como si se tratara de un juego en que “la pelota” vuela de una cancha a la otra. Tal proceder irresponsable no aporta nada a su solución. Se trata de un problema nacional, sistémico, que no puede encontrar solución efectiva, si no es con el reconocimiento de parte de cada una de las partes, de los factores causales de tales resultados, en el entendido que el aparato educativo en su conjunto y la sociedad cosechan lo que han sembrado. El problema merece ser atendido por el país entero desde una visión amplia, flexible y sistémica de la educación. Ello demanda tiempo, los recursos necesarios, y amplia participación de todos los sectores e instituciones implicadas en él. Es hora de buscar soluciones y superar los lamentos anuales. Veamos algunos factores y posibles rutas de solución.

Desde el año 2007 el Mined conformó Comisiones Interinstitucionales, una de ellas orientada a la articulación. Lamentablemente todas ellas murieron agobiadas por falta de respuestas a sus propuestas y el desinterés institucional. Las respuestas se encuentran al interior, tanto del Mined como de las Facultades de Educación, los padres y madres de familia, y en la obligación que tiene el Estado de proveer los recursos suficientes cercanos al 7% del PIB.

Desde las Facultades de Educación, es necesaria la revisión curricular de las carreras de formación docente, en el entendido que sus contenidos y competencias deben coordinarse con las demandas del Mined. Hasta ahora persiste la incomunicación interinstitucional. Estos contenidos deben enfatizar, al menos, que el profesorado aprenda bien lo que debe enseñar. La experiencia que conocemos indica que, frecuentemente, tales contenidos inciden más en aspectos especializados descuidando los que deberán enseñar; la práctica docente tampoco ha logrado ser coordinada, al más alto nivel, entre ambas instituciones. Adicionalmente, mejorar el Currículum de formación exige, también, transformar los métodos de enseñanza, lo que no se ha hecho.

El Mined ha hecho un buen esfuerzo al concluir un curso en Diciembre, financiado por el Banco Mundial, dirigido a mil profesores de Español y mil de Matemáticas con especialistas de las universidades, por lo que pueden esperarse, en este nuevo año, mejores resultados. Estos profesores no sólo cuentan con los módulos correspondientes, sino que han recibido uno o dos libros de consulta para preparar sus clases. También es fundamental, para que logren articularse diversas acciones con universidades, que se dé continuidad a la Comisión de Articulación, y que el tema que nos ocupa sea su prioridad. Por otra parte, desde hace muchos años las administraciones educativas no se ocuparon de financiar los libros de texto para los alumnos, particularmente de Educación Media, por lo que estos no cuentan con ellos y no los compran por ser mayoritariamente pobres. El problema aún no se ha resuelto, aunque, con aporte del Banco Mundial, un equipo de autores en ambas disciplinas está elaborando dichos textos. Lograr que los alumnos dispongan de un texto en el que puedan estudiar y que sus profesores también cuenten con él, es condición necesaria, aunque no suficiente, para lograr el éxito. Acuerpar esfuerzos de coordinación entre ambas instituciones debe, también, aportar modelos de actuación en el aula con metodologías dinámicas, creativas y cooperativas, estructurando procesos de formación permanente y de postgrado que potencialicen las capacidades docentes. Finalmente, se requiere un seguimiento sistemático en las aulas del estudio independiente y las tareas cotidianas en casa, tema casi obviado por completo, acuerpado por una escuela de familia que anime y dinamice el compromiso de los padres y madres de familia para apoyar a sus hijos en el aprendizaje.