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Como su nombre indica, es el mínimo establecido, por periodo laboral normalmente mensual, que los empleadores deben pagar a sus trabajadores por sus labores. Cada país suele establecer las normas legales que regulan el salario mínimo y los mecanismos para determinar periódicamente su monto, generalmente en forma anual.

El establecimiento de un salario mínimo justo trae varias consecuencias positivas. Reducción de la explotación laboral. Incremento de ingresos fiscales, pues es sabido que los que más pagan impuestos son los trabajadores. Aumento de la productividad, ya que se fomenta la inversión en capital y en mejor formación, incentivando el empleo de mucha mano de obra.

Para enmarcar el asunto iniciaremos con varios datos de interés principiando por una comparación del salario mínimo mensual en dólares entre los países centroamericanos:
Panamá 450, Costa Rica 325, Honduras 291, El Salvador 208, Guatemala 205 y Nicaragua 115.

En nuestro país el año pasado se estableció un incremento del salario mínimo del 6% y el costo de la vida subió un 14%. De manera que existe ya un diferencial a favor de los trabajadores del 8%.

Según varias fuentes especializadas en análisis económicos el costo de la canasta básica es actualmente de 10 500 córdobas.

Pronto se iniciarán las discusiones de la Comisión Tripartita que revisa semestralmente por ley el monto del salario mínimo en el país. Se debe señalar que en teoría la parte gubernamental debería actuar a manera de árbitro, pero por su carácter de empleador de los burócratas se convierte en parte y actúa del lado de los empresarios. Como quien dice les echan la vaca a los trabajadores 2 a 1.

Sin embargo, lo que quisiera hoy enfatizar es que en cuanto se aprueba el bendito mínimo principia a ir cuesta abajo, muy de rodada por el galopante incremento de los precios de artículos de primera necesidad que nadie frena. La solución sería que además de acordar un salario mínimo de la mitad de la canasta básica, o sea 5 250 córdobas (237 dólares que nos acercaría al promedio centroamericano) se pusiera una cláusula de deslizamiento del 1.5% mensual. O bien que se dolarizara el mismo.

Aparte de eso, si queremos de verdad mejorar de educación y no quedarnos solo en palabritas demagógicas, se debería establecer que los maestros de primaria ganen ese salario mínimo en vez de los bonos electoreros que se dan como limosna.

En este tema como en otros muchos la población estará observando su comportamiento, señores candidatos. Tanto de los que quieren reelegirse atropellando la Constitución “violadita” como a los zancuditos que les hacen el juego por prebendas.