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A cuarenta años de constituida la Convención Ramsar sobre los Humedales de Importancia Internacional (1971), resulta inaudito que una misión técnica de tan prestigiado organismo vinculado directamente con Unesco y la UICN, haya incurrido en lo que seguramente pasará a ser uno de los mayores desaciertos a lo largo de la historia de la Convención. Como se dice en buen nicaragüense, con su informe sobre Harbour Head (laguna Portillo), Ramsar se ha hecho pipí fuera del huacal. ¿Qué tan en serio habremos de tomar en adelante los informes de comisiones como la que “evaluó” desde el aire y desde las oficinas las condiciones ecológicas y ambientales complejas de un humedal? Tengo mis reservas.

Independientemente de lo que motivó la conformación de la misión MRA-69 de Ramsar y de la evaluación virtual ex situ que realizó sobre Harbour Head, difícilmente se podrá encontrar otro informe con tan alto nivel de deficiencias técnicas y de procedimiento. Es más, diría que el informe en cuestión constituye una ofensa a la inteligencia de los altos magistrados del tribunal de La Haya que obligatoriamente tendrán que leer y procesar el informe.

Iniciemos por el procedimiento. Tan Parte Contratante de Ramsar es Costa Rica, como Nicaragua. Los humedales del Río San Juan, dentro de los que se inscribe Harbour Head y buena parte del área protegida Humedal Caribe Noreste (HCN) en territorio costarricense, así como la Reserva de Biosfera del Río San Juan en territorio nicaragüense, no serían posibles sin el río San Juan. Los ecosistemas no pueden ser evaluados con criterios político-administrativos. Mucho menos se puede pretender extraer conclusiones sobre supuestos impactos ambientales a partir de una muestra no representativa examinada desde el mundo virtual (0,3% de supuesta área afectada del total del humedal HCN, refiere el informe).

Más que temerario, es absolutamente irresponsable de parte de la misión MRA-69 de Ramsar emitir resoluciones y recomendaciones a partir de una estadía de cuatro días en Costa Rica, y de reconocer el sitio de estudio desde el aire, en un corto sobrevuelo, sin poner los pies en el humedal. Lo más sensato es que la MRA-69 al menos se hubiese enlodado la suela de los zapatos en Harbour Head y sus alrededores, tanto dentro del territorio costarricense como del territorio de Nicaragua, sin limitarse a un punto específico de la geografía, sino reconociendo el humedal en su conjunto.

Tampoco la MRA-69 explica, como debe ser en todo trabajo científico, cuál fue la metodología que utilizó para llegar a las conclusiones y recomendaciones que hizo, aparte de referir un programa de trabajo cargado de refrigerios, almuerzos y reuniones de oficina. Eso deja mucho que desear de una verdadera evaluación realizada por especialistas internacionales sobre un ecosistema tan complejo como son los humedales del bosque tropical lluvioso.

De ahí que las inferencias sin haber reconocido el sitio y sin seguir un programa ajustado a una metodología, así sea de evaluación ecológica rápida, no pasan de ser meros supuestos especulativos. Seguramente si la MRA-69 se hubiese tomado la molestica siquiera de realizar una ortofotorestitución sobre el sitio de estudio, no habría procedido festinadamente a decir qué hacer o sugerir por ejemplo, como se lee en el informe donde se recomienda que se incluya “el sitio Ramsar Caribe Noreste en el Registro de Montreaux.”

Con sólo el recurso técnico de la ortofotorestitución se hubieran dado cuenta de los profundos cambios operados no sólo en Harbour Head, sino en todo el delta del río San Juan a consecuencia de la enorme carga de sedimentos provenientes de la subcuenca sur del río San Juan, aportada ya desde su nacimiento en la confluencia con el río Frío y acrecentada por la enorme carga sedimentaria de los ríos San Carlos y Sarapiquí, principalmente. La sedimentación constituye el principal factor desencadenante de impactos ambientales negativos en los humedales del delta del San Juan, lo cual incluye buena parte del área protegida costarricense del Humedal Caribe Noreste.

Si la MRA-69 hubiese procedido con buen juicio y criterio científico-técnico, habría recomendado que toda la Reserva de Biosfera del río San Juan, especialmente el delta donde se localiza la mayor parte de humedales, fuera declarada sitio de Montreaux, es decir asignarle esa categoría que permite la asistencia técnica y financiera para su restauración, protección y conservación en el contexto de Ramsar. Pero, no. La MRA-69, teniendo a su disposición todo el cuerpo del paciente, en su diagnóstico decidió ni siquiera tocarlo y optó por recetarle una medicación a partir del expediente que le prestaron y de un vistazo de larguito.

Así las cosas, lo menos que debería hacer el Secretariado Ejecutivo de Ramsar, es reconocer que la MRA-69 falló en su misión y que es necesario conformar una nueva comisión técnica que proceda con legítimo criterio científico–técnico. Por consiguiente los magistrados de la Corte Internacional de Justicia de La Haya, igualmente estarían ética, legal y moralmente obligados a ni siquiera considerar el informe de la MRA-69 en un proceso que desde el inicio debió resolverse por la vía administrativa, habida cuenta de que la delimitación física de la frontera no es más que un proceso técnico a través del cual se posicionan los correspondientes monumentos en los linderos que ya fueron definidos desde hace casi ya dos siglos.

darwinjj2007@gmail.com

*Ex representante del Gobierno de Nicaragua ante la Convención Ramsar. Maestro en Ciencias, especialista en Estudios de Impacto Ambiental.