•  |
  •  |
  • END

En el volumen de autores varios, El comentario de textos (4ª ed., Madrid, Castalia, 1982), Alonso Zamora Vicente analiza uno de los poemas cardinales de Prosas profanas: “Divagación”. Se trata de un extenso trabajo en el que aporta una comprensión y valoración ejemplares de dicho texto: una nueva poesía en la historia de la lengua —señala— “portadora de una nueva situación anímica ante el hecho amoroso”.

Este logro estético se tradujo en un despliegue de sensualidad y cultura, exhaustivamente precisado e interpretado por el comentarista español, a quien no se le escapa nada. Ni el refinamiento léxico y musical, ni la flexibilidad métrica —serventesios o cuartetos de endecasílabos consonantes: ABAB—, ni la visión plástica, ni especialmente el erotismo y el cosmopolitismo, ambos vibrantes y esenciales en “Divagación”.

Amor, en fin que todo diga y cante, / amor que encante y deje sorprendida / a la serpiente de ojos de diamante / que está enroscada en el árbol de la vida. // Ámame así, fatal, cosmopolita, / universal, inmensa, única, sola / y todas; misteriosa y erudita: / ámame mar y nube, espuma y ola —resume Darío casi al final. Por algo su autor la definió, en la autoexégesis de Prosas profanas, “de curso de geografía erótica; invitación al amor bajo todos los soles y de todos los tiempos”.

Así, partiendo de una pregunta: “¿Vienes…?” ofrece un catálogo de autores, artistas y personajes en su descripción epicúrea del amor en la Grecia clásica, en el París del siglo XVIII, en la Florencia del Renacimiento, en Alemania y España del siglo XIX, en las exóticas y lejanas China y Japón, en la milenaria India, y en la Jerusalén salomónica. Imposible resulta transcribir los versos consagrados a la mujer de cada uno de estos países y ciudades. Pero una creativa interpretación escultórica se admira desde 2006 en el centro del lobby del aeropuerto “Augusto C. Sandino”. Yo invito a contemplarla.

En su libro de crónicas Tierras solares (1904) el propio Darío realiza una autocita de algunos versos de “Divagación”, dentro del capítulo “Por el Rhin”: los dedicados a Alemania (versos 66-80), afirmando: “Permitid que, por primera vez, cite versos a propósitos de un poeta que me es íntimamente personal y querido”. En ellos evoca a Gretchen, protagonista del Fausto de Goethe; a Loreley, nombre de una sirena hechicera que moraba a orillas del Rhin —atrayendo con su canto a los navegantes y los hacía naufragar— que inspiró una ópera a Catalini y un poema a Enrique Heine (1797-1856); y a Lohengrin, el Caballero del Cisne, personaje de un poema del siglo XIII, que también inspiró otra ópera, esta vez a Ricardo Wagner. El navío de Lohengrin era tirado por un cisne.

Los versos transcritos son los siguientes: “…la celeste / Gretchen; claro de luna; el aria; el nido / del ruiseñor; y en una roca agreste, // la luz de nieve que del cielo llega / y baña a una hermosura que suspira / la queja vaga que a la noche entrega / Loreley en la lengua de la lira. // Y sobre el agua azul el caballero / Lohengrin; y su cisne, cual si fuese / un cincelado témpano viajero, / con su cuello enmarcado en forma de S. // Y del divino Enrique Heine un canto, a la orilla del Rhin; y del divino / Wolfgand la larga cabellera, el mando; / de la uva teutona el blanco vino.

Son 137 en total los versos de “Divagación” y habría que releerlo para apreciar cómo el poeta celebra el rito amoroso de la Mujer: eterno incensario de carne. Por ejemplo la griega es identificada “en las hermosas ninfalias” o fiestas silenciosas de las dríadas, ninfas de los bosques; la florentina con “la reina de los decamerones”, en alusión a la obra de Giovanni Bocaccio: El Decamerón, que contiene cien cuentos y muchos de ellos historias de amor; y la española posee un “amor lleno de sol, amor de España, / amor lleno de púrpuras y oros; amor que da el clavel, la flor extraña / regada con la sangre de los toros.”

Por su lado, la enumeración de elementos procura crear asociaciones culturales en esta cuarteta consagrada a la japonesa: “Oh bello amor de mil genuflexiones; / torres de kaolín, pies imposibles, / tazas de té, tortugas y dragones, / y verdes arrozales apacibles”. El kaolín es una arcilla blanca muy pura que se emplea en la fabricación de porcelana. Darío prosigue: “Ámame en chino, en el sonoro chino / de Li-Tai-Pe. Yo igualaré a los sabios / poetas que interpretan el destino; / madrigalizaré junto a tus labios”. Es decir, crea el verbo madrigalizar: componer madrigales y recuerda a Li-Tai-Pe (698-762), poeta chino, autor de dramas y novelas populares.

En fin, el itinerario de su geografía erótica se detiene en el Cantar de los Cantares (121-2): “Negra soy pero graciosa, hija de Jerusalén…” “O negra, negra como la que canta / en su Jerusalén el rey hermoso [Salomón], / negra que haga brotar bajo su planta / la rosa y la cicuta del reposo”.

A Zamora Vicente tampoco se le escapa en este poema el logro conciliador —hasta entonces inédito— de erudición y emoción, pese a tópicos adquiridos de fuentes parnasianas francesas; ni sus escogidos destinatarios: “los poderosos de la nueva sociedad finisecular, gente que viaja frecuentemente, y tiene, por tanto, noticia de muchas más cosasque la masa”; una poesía escrita en la belle époque, tras el proceso avanzado del industrialismo y el capitalismo.

Todo ello tiene su explicación histórica en la actitud intelectual globalizante que Darío asimiló y protagonizó durante su decisiva y renovadora etapa argentina, o más específicamente, bonaerense (1893-98). En efecto, “Divagación” supone el proceso de universalización literaria, secularización ideológica y rebelión social que se vivía en Buenos Aires (“Cosmópolis de la América del Sur” la denominó siempre a partir de 1880. Igualmente, supone la convicción de esta frase dariana: “Una cosa que nos hace superiores a los europeos en cuanto a ilustración, es que sabemos lo de ellos más lo nuestro”. Y también esta otra convicción en la misma línea, referida concretamente al modernismo, plasmado culminantemente en Prosas profana y que tuvo su libro programático paralelo en Los Raros (1896): órgano y manifiesto, vínculo artístico y vademécum de la primera generación modernista que surgía en América Latina antes que en España, entonces atrasada e inmediatamente sumida en la débâcle del 98.

El mismo Darío aclaró esta procedencia, sustentada en el desarrollo de las fuerzas productivas en la República Argentina que hizo posible el florecimiento material e intelectual advertido en “Divagación”: “La innegable decadencia española —observaba en su artículo sobre María Guerrero (La Nación, Buenos Aires, 12 de junio, 1897)— aumentó nuestro desvío, y el verdadero o aparente aire de protección mental y el desprecio que respecto al pensamiento de América manifestaban algunos escritores peninsulares, secó en absoluto nuestras simpatías y nos alejó un tanto de la madre patria, por lo que la actual generación intelectual, los pensadores y artistas que hoy representan el alma americana, tienen más relación con cualquiera de las naciones de Europa, que con España. Al mismo tiempo —subraya— en el Río de La Plata se realizaba el fenómeno sociológico del nacimiento de ciudades únicas, cosmopolitas y políglotas, como ese gran Buenos Aires, flor enorme de raza futura. Y tuvimos que ser entonces políglotas y cosmopolitas, y comenzó a venir un rayo de luz de todos los pueblos del mundo.”

Y ese contexto no se le podía escapar, desde luego, a Zamora Vicente en su magistral comentario de “Divagación”: “poema intocable, como una unidad representativa y armoniosa”. Poema cuya escritura data de diciembre, 1894, en el “Tigre-Hotel”: “Lugar de reposo y veraneo, lujoso, donde las minorías poderosas, de base europeizante, derrochan su tedio y su dinero. Esa minoría exquisita, cultivada —añade— se siente a gusto en esos versos que prestan el ornato de innumerables citas y saberes”.

Y el propio Darío —consciente tanto de su desrealización sensorial y exótica como de su erotismo agónico, casi de ginecófago—, se dio cuenta de su hallazgo y realización al confesar a su leal amigo Julio Piquet, y secretario del diario La Nación, en carta inédita —conservada en el Boeckman hasta Center for Iberian and Latin American Studies de Southern University of California, Los Ángeles—, que los de “Divagación” dedicados a “La Desconocida”, eran hasta el 5 de diciembre de 1894 “los mejores que yo he escrito en toda mi vida”. Dice su texto completo:
“Las Conchas (provincia de Buenos Aires), 5 de diciembre, 1894 / Señor don Julio Piquet / Mi distinguido y estimado amigo: / Le envío una primicia de un próximo libro de versos. Sé bien que La Nación no publica versos, sino con raras excepciones. Me atrevo a reclamar una “rara excepción”, fundándome 1° en que jamás he publicado versos en La Nación; y 2° en que creo que los adjuntos versos son los mejores que yo he escrito en mi vida. Para aplicar la publicación —en una sección cualquiera— podrían ir precedidos de dos líneas. ¡Y si esas líneas fueran suyas…! // (…) Le saluda atenta y cariñosamente, su afectísimo servidor y amigo, / R. Darío.”

El original autógrafo, adquirido por la universidad californiana citada lleva membrete y fotografía del “Tigre-Hotel”. En ese lugar —donde en 1938 se suicidaría Leopoldo Lugones— Darío escribió “Divagaciones”. Dos días después se insertaba en la columna 6 de la página del gran diario argentino como “Divagación: a la Desconocida. De un próximo libro de versos: Prosas profanas”.