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Los vivos celebran el día de su nacimiento, cuando constatan que están cada vez más viejos, llamándolo cumpleaños. Los muertos son recordados por los vivos conmemorando el día en que aquellos murieron. Así es la vida.

El pasado 14 de enero se conmemoró el 32 aniversario de la muerte, en León, en el año 1979, de mi hermano Yáder (combatiente insurreccional urbano), un joven de 18 años, a quien le faltaban sólo 20 días para cumplir sus 19 cuando una bala le atravesó la región occipital, el día antes de morir.

Celebrar cumpleaños es distinto a conmemorar aniversarios.

Cumple años un ministro –el de la hacienda y el crédito- y sus subordinados se disponen a pagar, con dinero del “pueblo presidente”, un servicio especial de buffet para celebrarle al jefe.

Otro ministro director –el de la recaudación del quinto y el diezmo- autoriza que el cumpleaños de su esposa, quien además es su asesora, se celebre en un restaurante, lo cual no tendría nada de malo, si no fuera porque nuevamente el dinero del “pueblo presidente” paga las altas facturas. ¡Oh, nepotismo olímpico, altísimo, imitado y seguido!
En una radioemisora de cobertura nacional, cada año, el programa de un reportero estimula las llamadas telefónicas de la gente humilde para que durante una hora salude al jefe por su cumpleaños; uno tras otro, las ondas hertzianas en AM, FM e Internet llevan los saludos y buenos deseos para el presidente, máximo líder, secretario general, “el hombre”, esposa y familia.

Una tarde cualquiera, los televidentes de un canal nacional se sorprenden cuando la transmisión habitual es interrumpida por la boda eclesiástica entre hijos de un presidente y un alto oficial policial; la señal, en vivo y a todo color, llega a la pantalla con nitidez como si se tratara de una necesidad y emergencia del Estado nacional. ¿Estamos acaso en Macondo?
La cursilería llevada al cenit, a su punto de ebullición.

¿A falta de realeza europea anacrónica y celebridades de Hollywood putativas se está construyendo un jet set de nuevo tipo? Los nuevos ricos de derecha e “izquierda” imitan a los viejos ricos. Capital imita capital.

¿Era el Che Guevara el mejor ejemplo de austeridad? ¿Fue él quien exigió que su comitiva acompañante en otros países, fuera la estrictamente necesaria y que sus escoltas no anduvieran gastando el dinero del pueblo en cabarets, casinos y prostíbulos? ¿Fue él quien pidió a sus padres pagar el combustible del vehículo que les puso a disposición, mientras estuvieran visitándolo en Cuba? El mismo que renunció a tener dos salarios: prefirió el más bajo, el de comandante de la revolución y rechazó el estratosférico de ministro del banco central.

La celebración del cumpleaños de todo jefe arrastra consigo la adulación y el servilismo, en cualquier ambiente de trabajo: público o privado.

Celebrar el cumpleaños de alguien interrumpiendo la jornada laboral significa hacer esperar a los clientes, pacientes o usuarios. Implica brindar mala atención a la gente que paga por ser bien atendida o que tiene ese derecho. Los compañeros de trabajo bien pueden celebrar los cumpleaños en lugares que no sean el mismo ambiente de trabajo, fuera del horario laboral, si realmente quieren compartir, socializar.

Y como cada mes se celebran varios cumpleaños en un mismo lugar de trabajo y la moda es comer y beber comida chatarra (gaseosas, hamburguesas, pizza, pasteles, pollo frito, etc.) la sobrecarga de calorías, sales y grasas para el cuerpo es impresionante. Pero después vienen las quejas del peso, la figura y las enfermedades como diabetes e hipertensión arterial. A pesar de todo eso, siempre veremos a los voluntariosos recolectores de la cuota de dinero para comprar la “comida” hipercalórica e hipergrasosa del cumpleaños respectivo.

Una buena medida puede ser celebrar el cumpleaños de todos los cumpleañeros de un mismo mes; pero siempre fuera del ambiente de trabajo y del horario laboral. Así, se come menos comida rápida, no saludable –sobre todo si se trabaja en varios lugares por ratos y por lo tanto, se tiene que celebrar más cumpleaños de más compañeros de trabajo-, y no se afecta el trabajo ni se obliga a esperar más tiempo del debido a los clientes o usuarios.

La celebración de un cumpleaños debe ser una actividad privada, familiar.

Pero hay administradores, jefes, propietarios y patrones que estimulan la celebración de cumpleaños en los centros de trabajo para promover “armonía”, para que “no todo sea sólo trabajo” y para aprovechar la comidita chatarra con marcas registradas, nacionales o extranjeras, pero al fin y al cabo, dañina para la salud. La armonía de los trabajadores se logra pagándoles bien y respetando sus derechos laborales, no llenándoles el estómago de “fast food”, la perjudicial comida rápida, la comida global, tan dañina como casi todo el contenido de las canastas navideñas.

Debería prohibirse la celebración de cumpleaños de los altos funcionarios del Estado y en todos los centros de trabajo públicos o privados. No dejan nada bueno, sólo pérdidas, atraso y daños a la salud humana. ¿Cuántas horas-hombre se pierden? Sin embargo, siempre saltará algún pseudosindicalista manipulador para reclamar “el derecho a celebrar cumpleaños”.

¿Ha visto usted que un cumpleaños entre compañeros de trabajo se celebre con comida saludable, frutas, verduras, alimentos ricos en fibra vegetal y agua?...¿No lo ha visto?...Ja, ja, ja.