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El discurso del Presidente Ortega el pasado 10 de enero ha sido objeto de numerosos comentarios, tanto por lo que dijo, en muchos casos haciendo ostentación de cifras que no se corresponden con la realidad, como por lo que no dijo, por ejemplo que en 2010 tuvimos la tasa de inflación más alta de Centroamérica, y la segunda más alta de toda América Latina solamente superada por la de Venezuela.

Entre las cifras que con gran ostentación dio Ortega, las que han sido más cuestionadas son las relativas a la matrícula y gasto en educación.

Los especialistas en el tema discuten las cifras de matrícula, a todos los niveles, que en menos de un mes destacados voceros del gobierno, como la esposa del Presidente y el Ministro de Educación, primero, y Ortega ahora, las han hecho variar desde casi 1.4 millones de estudiantes a 1.8 millones. Nada despreciable la diferencia.

También han criticado la ostentación que Ortega hizo del gasto en educación. Como se sabe, y cito a las expertas Josefina Vijil y Melba Castillo, “en muchos países, incluidos los latinoamericanos, se ha considerado que los Estados deben invertir en educación al menos el equivalente del 7% del PIB, lo que se considera el mínimo de recursos públicos necesarios para hacer efectivo el derecho a la educación.”

La cifra del 7% del PIB (Producto Interno Bruto) normalmente está referida a gasto público en educación básica y media, según los expertos. Pero Ortega, sumando tanto gasto público como privado en educación, y a todos los niveles, incluyendo educación técnica y universitaria, dijo que Nicaragua está invirtiendo en educación el 10.1% del PIB, y después de amonestar a los expertos que reclaman el 7% agregó: “¡estamos en el 10.1% del PIB! que para una economía como la nicaragüense, es una monstruosidad….”.

Pues bien, y aunque estamos de acuerdo con los expertos que cuestionan las cifras de Ortega, y el hecho de sumar gasto público y gasto privado en educación, que es como sumar naranjas y limones, vamos a suponer que las cifras del Presidente son correctas.

Dijo que el gasto público en educación era del “5.5% del PIB, y el gasto privado del 4.6% del PIB.” Lo anterior significa que aproximadamente el gasto público en educación es de 330 millones de dólares al año, y el gasto privado -es decir, de las familias que pueden pagar educación privada- es de 270 millones de dólares.

Como el Presidente a la vez dijo que los estudiantes “en total son, un millón 744 mil 979; de ellos -agregó- en colegios públicos, un millón 411 mil 304 estudiantes, o sea el 80.88%. Y en colegios privados, 333,645 estudiantes, es decir, 19.12%”, basta una simple división para darnos cuenta que el gasto privado por estudiante es de 810 dólares al año, mientras el gasto público es de solamente 233 dólares por estudiante, es decir, la cuarta parte.

Si por otro lado, como se sabe, la educación privada es muy superior en cuanto a calidad e índices de retención, entre otros indicadores de eficiencia educativa, y por tanto prepara para una mejor inserción en el mercado de trabajo, las cifras dadas por Ortega significan, antes que motivo de orgullo razón de vergüenza, porque en cuanto al sistema educativo nacional estamos frente a una gigantesca máquina de producción de desigualdad y consecuentemente de pobreza: los que se pueden pagar educación privada, hacia arriba, los que solamente pueden ir a la educación pública, hacia abajo.

Para quienes como yo, fruto de la educación pública (Escuela Francisco de Miranda, del Ocotal), estamos convencidos que la educación pública de calidad es el piso de la democracia, el cimiento del desarrollo y la base de la justicia social, las cifras dadas por el Presidente están lejos del “cristianismo, la solidaridad y el socialismo” que proclama, y más cerca de la indignación.