Jorge Eduardo Arellano
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Nicaragua va de mal en peor, de esto no hay duda. Y esto aplica principalmente a los Derechos Humanos, sobre todo en las violaciones que supuestamente han sido cometidas por la Policía Nacional en varios eventos documentados en los últimos informes locales e internacionales sobre la materia. Una muestra de lo anterior. Soy ejecutivo de área para Centroamérica y la parte Andina en el campo de mi especialidad en una empresa multinacional desde hace catorce años. El 14 de febrero de 2008, al mediodía, regresaba de Quito de impartir un seminario a la afiliada local, cuando en el Aeropuerto Internacional de Managua fui abordado por una oficial de policía de nombre Marisol, quien después de preguntarme de dónde procedía, me conminó a acompañarla a uno de los cuartitos de los que dispone esta unidad en el aeropuerto. Allí fui sometido por esta oficial al más agresivo de los interrogatorios --así, “interrogatorios”-- no que entrevistas, llegando al colmo de que esta agente en forma alevosa y violatoria del arto. 12 de los DDHH, para referencia de ella: (Nadie será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia, ni de ataques a su honra o a su reputación.

Toda persona tiene derecho a la protección de la ley contra tales injerencias o ataques), procedió a leer abusivamente la correspondencia que llevaba conmigo, la que reviso en mis constantes viajes, asimismo husmeó mi bitácora personal y de negocios, espiando en forma lesiva y violatoria para mi integridad personal, detalles específicos que después preguntaba para “verificar” su precisión. Con preguntas rayanas en lo ridículo, que solamente son producto de una falta total de capacitación profesional, dicha oficial interrogaba: ¿Qué comió anoche?; ¿Por qué se llama así ese restaurante?; Si dio una charla a una empresa, ¿por qué no les entregó títulos de participación? , amén de otras preguntas reiterativas, acosadoras y sin ningún tipo de hilación lógica, que me pareció trataba más bien de hacer creer a sus superiores que mediante este tipo de interrogatorios agresivos es una oficial “destacada”. Esta agente con una notoria falta de autoestima nacional, cree imposible que hallan nicaragüenses que demos conferencias y cursos en el exterior.

Las maneras toscas y los procedimientos lesivos con que policías como éstos abordan a los pasajeros y visitantes al país, son típicas de organismos represivos, de un verdadero estado policiaco, y hasta se mostró molesta cuando le llamé la atención sobre el trato violento contra mi maleta de equipaje, previniéndola que si le causaba daño ella o quien correspondiera tendría que pagarla, para lo cual yo formularía una queja formal, mofándose como un reflejo claro de la mentalidad totalitaria de quienes desprecian la propiedad privada y tienen como norma la brutalidad de sus acciones amparándose en su condición de autoridades.

Como nicaragüense consciente que ama a su país, celebro que la PN realice este tipo de operativos tendentes a identificar actividades ilícitas, --y los apoyo decididamente-- pero como profesional y como conocedor de mis Derechos Humanos, lamento que este tipo de personas y métodos, sean utilizados en forma impune y con la alevosía que este caso tiene como muestra, y que evidencia que debe ser el triste actuar cotidiano de esta unidad allí destacada.

Llamo la atención a la señora Aminta Granera sobre estos casos, a quien todavía, pero cada vez menos, puedo darle un voto de confianza, de que coloque en la cara del país,
-- el Aeropuerto Internacional--, a lo mejor de la oficialidad más preparada de la Policía Nacional, y no a personas rústicas y sin preparación que no saben ni encender una computadora, y que carecen de una mínima preparación académica, de maneras y trato al ciudadano, sin contar con la principal característica que deben tener como servidores públicos, una sólida formación en los Derechos y Deberes que les atañen como autoridades, y no como violadores de los Derechos Humanos, que es lo que hacen estos agentes, y que lejos de vincular al ciudadano en identificarse y apoyar estas labores, más bien causan repudio y cólera ante estas vejaciones como las aquí narradas. Cualquier abuso reportado por otras instituciones migratorias extranjeras palidecen ante esta muestra local. No hay peor cuña que la del mismo palo.

Por otro lado, es deleznable y atentatoria contra la buena vecindad internacional estigmatizar a ciudadanos de países hermanos como Colombia y Ecuador, y a viajeros de estos destinos y procedencias “prohibidas” por sus problemas internos, o estigmatizar a un pasaporte que tenga visa de negocios a estos países, y no ver la cara muy sucia de nuestro país con los mismos problemas y tantas fallas institucionales y desgracias sociales para exportar, por no decir el cuestionamiento a los supuestos métodos policiales que se publican en estos días. Le referí a dicha oficial Marisol cuando llamaron a la empresa que le trabajo localmente y le confirmaron toda la información por mí brindada sobre mi viaje, -ya no quiso seguir revisando- que ojalá que tuvieran el valor cívico y las hormonas de hacer estas requisas “aleatorias” a cualquiera de los miles de familiares y allegados al gobierno que ostentan pasaporte diplomático y que transitan sin obstáculos por el salón VIP, que sería interesante que procedieran a aplicarles los mismos “procedimientos”, vamos a ver cuántas horas duran en el puesto, si es que no los echan de inmediato. Lo fácil es intimidar al ciudadano de a pie, lo difícil es aplicar la ley a todos.