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En este mundo matraca siguen dándose las revoluciones. Las noticias llegan de Túnez como pan caliente. Zine el Abidine Ben Ali, se había apoderado del poder en 1987 por medio de un golpe de estado, ha salido huyendo a causa de las enormes manifestaciones de protesta.

Depuso a Habib Burguiba y fue elegido por unanimidad para un primer mandato de cinco años en 1989. Reelegido como único candidato en 1994. Volvió a ganar en 1999 un mandato de cinco años con un 99,4% de los votos, pese al pluripartidismo. La cifra generó suspicacias. Luego modificó la Constitución para seguir siendo candidato en farsas electoreras. Dirigió el país a su gusto y antojo otorgando privilegios y concentrando el poder en pocas manos. El régimen era una cleptocracia de los Trabelsi, apellido de la primera dama, que controlaba toda la economía de Túnez, ignoraba los derechos humanos y los valores democráticos y rechazaba las críticas de amañar las votaciones. Al que disentía lo acusaban de difundir mentiras para dañar la imagen del país.

En 2002 hizo un referéndum sobre una nueva constitución que le permitía extender su gobierno hasta 2014. Fue aprobado por más del 99% y ganó las elecciones con el 94.4% en 2004. En 2009 fue reelegido por quinta vez con 89,62%.

Las claves de la crisis fueron la corrupción y el desempleo. Se produjeron manifestaciones multitudinarias en todas las regiones del país, Kairouan, en el centro, en la cuenca minera de Gafsa, en el suroeste. También en el centro oeste como Kaserín, Tela y Sidi Bousaid. Miles se tomaron las calles de la capital tunecina, clamando por la salida del presidente desde hace 23 años
Durante el mes de protestas, sin precedentes, decenas de personas murieron por la represión oficial, lo que hizo soliviantar aún más los ánimos de un país cansado de la corrupción, el nepotismo y la alta tasa de desempleo. Exigieron libertad y que los Trabelsi, la familia de la primera dama fueran juzgados. “No a Ben Ali”, corearon los manifestantes, añadiendo que “la revuelta continúa” y cantaron el himno nacional dando gritos de “Fuera Ben Ali”, “ya es suficiente”, “O nos matan o se van, pero aquí no se negocia”.

Ali horas antes, había anunciado la destitución del Gobierno en pleno y la celebración de elecciones legislativas dentro de seis meses. Fue un intento vano de aplacar las protestas. Ni ese anuncio, ni la promesa de ayer de otorgar mayores libertades calmaron a los manifestantes.

La policía usó gases lacrimógenos y cargó contra los manifestantes. Disolvían una concentración y aparecía otra. Los enfrentamientos entre grupos de jóvenes y agentes eran continuos. Declaró la emergencia en todo el país. El toque de queda de cinco de la tarde a siete de la mañana. Los manifestantes continuaron exigiendo el fin del régimen.

Hizo un nuevo intento, infructuoso, por contener un mes de protestas contra la corrupción y el desempleo que se ha cobrado decenas de vidas. Prometió mayor libertad, rebajas en los alimentos y productos básicos, y por último anunció que no optaría a un sexto mandato en 2014. Prometió 300 mil empleos y destituir al ministro del Interior. Antes de huir abogó por un “completo y profundo” cambio a nivel político y económico en el país con el fin de que puedan participar todos los actores de la sociedad civil y política. Pero sus anuncios no tuvieron efecto. Ya nadie le creyó.


La huida del presidente fue seguida por una noche de celebraciones populares. No se sabe dónde irá a parar. Nadie quiere recibirlo.