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Después de leer los comentarios y los correos que recibí en respuesta a las reflexiones sobre el artículo: ¿Por qué los estudiantes tienen problemas en matemática?, considero importante hacer otras reflexiones en torno al tema. Creo que los que leyeron el artículo, pudieron darse cuenta que soy profesor de matemática. Pues bien ahora quiero referirme a un par de experiencias y luego les expongo mis puntos de vista sobre la problemática que es un problema de todos.

Cuando mi hija mayor estaba cursando 4to grado de Primaria, me le acerqué a ver qué estaba estudiando. Pude observar que hacía unos ejercicios de matemática. Le dije: Hija ese ejercicio lo estás haciendo mal. Ella volteó la cabeza y me respondió con una pregunta: “Papá, ¿me vas a decir que vos sabés más que mi maestra?”. Les respondí que no. Pero al día siguiente conversé con la Directora del centro para que hablara con la maestra de mi hija.

Hace unos años, Maynard, un estudiante de 5to. Año, acompañado de varios compañeros de él, se me acercó y me preguntó si sabía física, les respondí que un poco. Me pidió que le resolviera un problema de electricidad. Lo hice y él les dijo a los otros, ¿cómo está la respuesta?, lo demás contestaron que esa era. Luego me pidieron que les resolviera otros problemas. Las respuestas coincidían con las del libro. Entonces me dijeron: Profesor, tenemos un problema serio, el profesor de física dice que las respuestas del libro están malas y las está cambiando. Después fueron con el Director, que era un cura Arquitecto y se armó un lío grande.

Fui catedrático en la UCA, en el programa MADE, durante las primeras seis promociones. Luego no me llamaron durante dos promociones. Para el MADE 10, el Directo del programa me llamó y me invitó a seguir trabajando en la Maestría. Antes me dijo que le revisara un examen practicado por un estudiante que estaba reclamando su nota. En el examen sacó 75% y el decía que tenía 100%. El estudiante era Ingeniero y funcionario de la UNI. Le revisé el problema que reclamaba y pude comprobar que su reclamo era justo. El problema estaba bueno. El argumento del profesor era que la fórmula aplicada estaba mala. La fórmula utilizada es una fracción que se puede expresar de varias formas, y el resultado siempre es el mismo.

Estuve impartiendo clases en la UNAN-León, a los estudiantes de las dos primeras promociones de Ciencias Actuariales (2004 y 2005). Para la tercera promoción no me llamaron. La clase la imparte ahora un ex alumno. En un receso, conversando con un profesor de matemática Básica, noté que utilizaba como texto un libro escrito por profesores de Nicaragua en 1980. Le dije que por qué usaba ese libro, si era muy viejo. Y me dijo que a él le parecía bueno y aún actualizado para lo que el programa tenía.

Ser profesor de cualquier materia, es una gran responsabilidad. Requiere invertir muchas horas de trabajo, en seleccionar libros, en lectura, preparar notas, seleccionar ejercicios, no improvisar. Ya en el salón de clase, iniciar comentando la clase anterior, haciendo un breve resumen para que los estudiantes se conecten con la clase. Dirigirse a todos los estudiantes, no a uno en especial. Caminar por los pasillos del salón. Ver lo que está escribiendo o haciendo los alumnos. Preguntar constantemente sobre lo que está desarrollando o exponiendo. Hacer que los estudiantes participen. Es decir la clase debe ser dinámica, participativa y sobre todo que los estudiantes la sientan amena. ¿Usted como maestro hace eso?
El maestro debe de enseñar al estudiante a analizar los problemas, las situaciones, no a repetir los casos. No se puede aprender mecánicamente. El estudiante debe ser capaz de analizar el problema, deducir las fórmulas, escoger el método, resolver y comentar los resultados.

Estoy seguro, por experiencia, que muchos maestros, en especial de matemática, son empíricos, algunos ni son estudiantes de matemática. Antes, el Ministerio o la dirección del centro de estudios, les pedía la constancia de estudiante universitario, si no estaba graduado. ¿Lo siguen haciendo?
Cuando los profesores cambiemos de mentalidad, aceptando que somos facilitadores y no verdugos. Que somos formadores, que trabajamos con seres humanos que desean una posibilidad de desarrollo personal y social. Realizamos una tarea enriquecedora para quien la recibe y para quien la realiza. Decía el filósofo Emilio Lledó. «Enseñar es una forma de ganarse la vida pero, sobre todo, es una forma de ganar la vida de los otros». No se gana la vida de los otros metiendo en su cabeza datos y conocimientos inertes sino en soñándoles a pensar y a convivir. «Excelente maestro es aquel que, enseñando poco, hace nacer en el alumno un deseo grande de aprender», dice Arturo Graf.

Dice Miguel A. Santos: “Ésta es una tarea que, arrastrada como un castigo, resulta insoportable y que, vivida con entusiasmo, resulta apasionante. Para vivirla con entusiasmo hay que tener sobre ella un conocimiento especializado. Hay que amarla. Los alumnos tienen un radar que les permite saber qué profesores se preocupan de verdad por ellos. El título de un reciente libro noruego dice que los alumnos aprenden de aquellos profesores a los que aman”.


*Graduando en Matemática con estudios de Estadística, Demografía, Actuaría e Investigación cualitativa.

rjmurillos@yahoo.com