Jorge Eduardo Arellano
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La madre de Sara descubrió que su hija estaba siendo abusada sexualmente por su padre cuando, de forma accidental, sorprendió la escena de abuso en su propio dormitorio. La madre tomó varias medidas para garantizar que el abuso no continuara y que el agresor saliera de la casa. Pero al hablar con Sara lo primero que preguntó fue: ¿Por qué no me lo dijiste antes?
A esta pregunta siguieron otras muchas de parte de la madre de Sara y de otras/os familiares. Al referirse a esto Sara dice, con mucha tristeza y angustia, que ella siente que nunca debió hablar, que “era mejor cuando nadie más lo sabía”, porque antes no la culpaban, no se sentía acusada y sobre todo no sentía que no era creída.

Estos elementos inciden para que el silencio que guardan las niñas, niños y adolescentes que viven o han vivido abuso sexual se mantenga, por meses, por años y a veces para toda la vida. Y pueden llevar a una niña, niño o adolescente a retractarse, para negar el abuso.

El abuso sexual, siendo uno de los más grandes horrores que viven la niñez y la adolescencia, también es reconocido como “el secreto mejor guardado”; al respecto cabe preguntarnos cuáles son las causas que sostienen oculta una realidad que es tan dolorosa y que conlleva secuelas tan severas para las personas que lo viven y para su familia.

Según diversos estudios realizados, el ocultamiento del abuso sexual se mantiene fundamentalmente a partir de dos factores, en este artículo me referiré solamente al primero de ellos:
* El poder que el ofensor sexual mantiene sobre la niña, niño o adolescente.

* Los mitos que históricamente se han construido en la sociedad y que son sostenidos como verdades por el sistema social.

Son estos factores los que determinan la no credibilidad, por parte de la familia, las autoridades, lo medios de comunicación y comunidad; cuando se produce la revelación del abuso sexual.

El poder de dominio que el ofensor sexual ejerce sobre niñas, niños y adolescentes se manifiesta en que los hombres desde temprana edad asumen que son dueños del poder y que las mujeres, niñas, niños y adolescentes son seres de segunda categoría, a los que él puede y debe mantener sometidas/os y controladas/os.

De tal manera que el/la agresor /a va a construir el silencio de su víctima sobre el abuso, desde el inicio del mismo. Para ello, podrá utilizar el acercamiento, afecto y confianza, en la que se identifica ante la persona que abusa como su protector/a, cuidador/a o bien seductor/a. Utilizará expresiones de control que le permiten asegurar el silencio. Algunas expresiones del agresor pueden ser:
“Esto no debe saberlo nadie, porque mami se va a poner celosa porque no juego así con ella”

“Éste es un secreto de nosotros dos, si se dan cuenta te pueden regañar porque van a pensar mal de vos”

En este sentido, es necesario agregar el factor afectivo, que es aprovechado por el agresor, ya que la manipulación ha sido posible a partir de la tergiversación que él hace de los sentimientos, de ahí que el silencio también es impuesto en nombre del amor.

Este control puede ser a través de gestos, miradas o acciones directas o indirectas (la compra de regalos, las atenciones o prohibiciones excesivas para él o ella), que estarán en todo momento minando la fortaleza, confianza y seguridad de la niña, niño o adolescente, limitando así sus posibilidades de buscar apoyo.

El tiempo es un elemento que va a sustentar este silencio, ya que en la medida que éste transcurra, la niña, niño o adolescente se siente más atrapada/o en el secreto que ahora comparte con su agresor, y por lo tanto se verá más limitada/o de buscar apoyo; viviendo una situación en la que siendo la víctima, a su vez el agresor la hace sentir su principal cómplice.

En la medida en que el abuso transcurre, el agresor podrá utilizar nuevas dinámicas de control sobre su víctima, que pueden ser palabras, gestos o acciones, como:
“No tenés que hablar de esto con nadie, si vos hablás yo te mato a vos y a tu mama”.

“Nadie debe darse cuenta, sino quemó la casa con vos y todos adentro”.

“Vos me has hecho caer en esto, por ser tan linda; el día que se den cuenta nos matan a los dos”.

De tal manera que el silencio es uno de los factores traumáticos que lleva a niñas, niños y adolescentes a continuar atrapadas/os en la condición de abuso que viven o han vivido; ya que aunque el abuso termine, las víctimas optan por guardar silencio, lo que conlleva una carga de autoculpabilización, vergüenza y temor que genera diversos síntomas en ellas y ellos.

Los elementos hasta aquí expuestos van a incidir para que una vez revelado el abuso sexual, no le crean a la niña, niño o adolescente. Considerando que:
* Mienten sobre el abuso.

* Inventan porque tienen una mente muy fértil.

* Han sido quienes sedujeron a su abusador.

* Les ha gustado la experiencia vivida y por eso lo callaban.

Sara ya tiene 25 años, aunque ha iniciado su proceso personal para superar las secuelas del abuso, aun después que la fase de abuso sexual terminó, se refiere de esta forma a la situación que vivió cuando el abuso fue revelado a la madre:
“Siento que el daño que me provocó el abuso sexual no solo llevó a que mi madre dudara de mí, sino a que yo misma me desvalorizara y no creyera en mí. Ahora puedo decir que para la niña que yo era en aquellos momentos, era muy importante no solo que mi madre, sino todas las personas creyeran en mí. Ahora sé que la principal razón por la que no podía decir lo que me ocurría era por el temor a que no me creyeran”.

*Psicóloga
Movimiento contra el Abuso Sexual
Hablemosde.abusosexual@gmail