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En su edición del 23 y 24 de enero de 2011, EL NUEVO DIARIO publicó un artículo intitulado Facebook ha suscitado 28 millones de separaciones. Esto llega a mis manos precisamente unas semanas después de haber leído el libro, Tinta Invisible, escrito por el poeta nicaragüense Max L. Lacayo y publicado el mes pasado por la editorial Esquipulas en Managua.


El leer cada párrafo de este artículo, evocaba a mi memoria un verso, una estrofa o un poema de Tinta Invisible. ¡Una mágica, virtual, firme y completa aligación, entre el artículo y el poemario! Como dice la periodista y escritora María Lourdes Pallais: “Creo que “Tinta Invisible” será recordada como uno de los primeros intentos logrados de contar la historia de un romance virtual en verso.

 

Y es que Lacayo logra un memorable concierto narrativo entre el relato clásico calderoniano, la poesía moderna de matices darianos y colores a la Matisse, y el contexto postmoderno de las redes sociales, los nuevos bares del siglo XXI”. Y Pallais agrega: “Buena falta nos hacía alguien con el talento poético de Max L. Lacayo; alguien que, con la inteligencia de un cronista postmoderno, y en un lenguaje del más puro estilo clásico, nos regalara este relato”.


“Encontrarse con viejos amigos o amores de la infancia puede traer consecuencias negativas para los internautas asiduos de esta red social”, nos dice el artículo de END.  Y tres estrofas de Tinta Invisible saltan frente a mí: “Te quise decir: Te quiero/Como siempre has sido./Que sigues inspirando mis fuentes”...“Hoy, todavía pensé decirte:/Deja que tu amor mis celos calme./Embriágame al punto de desconocer/Tus pasados sueños, viejos sentimientos,/Heridas antiguas y tus experiencias”...“Mas ya no es posible,/El miedo que persiste,/El temor a la conciencia,/El terror a herir a un cónyuge;/El tuyo, la mía…”.


En su segundo párrafo, el artículo de END describe: “Ese portal terminó 2010 con más de 600 millones de usuarios. Por eso mismo no es de extrañar que con esta gran cifra, también sean millones de personas las que sufran transformaciones en sus vidas personales”. Esto de inmediato se conecta en mi mente a las siguientes estrofas de Tinta Invisible: “Exploremos, pues,rincones/Nuevos y escondidos./Vivamos la magia/De un mundo distinto/Y ojalá en el vuelo/Nuestras alas perduren./Y que esto nos lleve/Donde no haya fuego,/ Cuyas brasas nos calcinen”…“Identifícate, me decía;/Dime en verdad quién eres/Y por qué me cantas./Dime en que rincón,/De tu corazón, me guardas./Dime por qué, apegada,/A tus caprichos voy./Y tú, que mejor sabes/De mi propio ser,/Dime, por favor dime quién soy”.


También dice el artículo de END que: “De acuerdo con un estudio publicado en la revista especializada Ciberpsicología y Conducta, el 95% de los usuarios de Facebook buscaron a alguna ex pareja en esta red social…”.Y en Tinta Invisible resuena la voz del poeta Lacayo: “Diana juró haberme reconocido./Y pronto intercambiamos/Memorias de familiares,/Recuerdos de juventud y/Algunas aspiraciones”…“Quería ella saber/En que hoguera yo ardía,/Que amores me quemaban,/De que exilio sufría,/De cuanta paz yo gozaba,/Si dulces eran mis glorias,/Si agonizaba en penas./Si errante, en el mundo,/En pos de un amor andaba”.


Obviamente, Lacayo se inspira en su participación en las redes sociales para captar con su Tinta Invisible la provocación de los sueños cibernéticos. Mas si este cuento romántico tiene lugar al margen de lo permitido, su desenlace sugiere también una ubicación al margen de la misma realidad.  Así Lacayo nos asegura que la persona que vive, sueña y hacemos propia sus preguntas: “¿Fue Diana de mi vida el complemento,/El mensaje en un sueño de condena o libertad?/¿Fue, acaso, un espejo a mi conciencia/O quizás fue este sueño realidad?

La verdad es que, Tinta Invisible es un absoluto regalo a la imaginación.

*Arquitecto