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En el fondo es grave, pero sigue pareciendo emocionante. Un niño recién bañado y con el uniforme azul y blanco en su primer día de clase es la emoción más parecida a la esperanza. Especialmente si asistimos al acontecimiento en una de las comunidades más apartadas o desde los barrios más precarios de Managua.

 

Que eso sea posible parece un regalo. Pero la esperanza debe fundarse en algunas bases reales, como por ejemplo, que la población con menos posibilidades económicas tenga derecho y acceso a una educación que le otorgue una base formativa equiparable a la que reciben los que tienen más dinero. Es decir, una Educación de cierta calidad, y no este auténtico desastre que consiste en otorgar títulos con los que un gobierno siempre se relame, y en dar una enseñanza deficiente y deforme desde la raíz. Dicen que así se la hace justicia a los pobres. Lo grave es que se les está engañando, queriendo o sin querer, de la peor manera posible: dar papel de regalo sin regalo. Pero se trata de la manipulación de un derecho. Eso, en el fondo, es lo grave.


Cuando hablamos de derecho a la vivienda, nadie imagina que ese derecho se satisfaga con casas de cartón, sino con viviendas dignas de ese nombre. Para la Educación es válido el mismo argumento. Cuando hablamos de derecho a la Educación, no se trata sólo de que más alumnos se matriculen y obtengan el título. Eso parece extraerse de las nuevas estrategias del ministerio de este gobierno: que se buscan cifras de impacto a corto plazo, como cientos de miles de niños matriculados, un logro más para buscar votos. Y ni siquiera en las cifras se ponen de acuerdo las diferentes voces de mando del gobierno.


De la noche a la mañana, se impuso algo que a priori es de justicia: la gratuidad de la Enseñanza Básica. Todos lo aplaudimos. Eso era la restitución de un derecho. Pero a lo que tenemos ahora no se le puede llamar Enseñanza pública.

 

Llamémosle de otro modo: un internado matutino de chavalos, por ejemplo. Poco más. Y si no me creen, vayan, revisen, y asústense ante el nivel educativo no ya del alumnado solamente, sino de gran parte del profesorado, cuya formación ha sido tan deficiente que no maneja ni los contenidos ni las metodologías de aprendizaje básicas para que esos contenidos les sirvan de algo a los estudiantes.

 

Todos los años, los resultados de los exámenes de ingreso a la UNAM nos ruborizan en grandes titulares. Todos los años. Y aunque no se trate de un termómetro justo, si se hiciera ese examen a los profesores de Secundaria, probablemente el resultado sería más espantoso. No todos, claro, no todos. Conozco a muchos profesores que sólo tienen el motor de su vocación para formarse con todos los recursos que pueden encontrar. A cambio de nada, porque un salario como el de los maestros no justifica el sacrificio.


La calidad de la Enseñanza pública es un objetivo indivisible del acceso universal a los  centros educativos. No se puede pretender que una vez conseguido que los niños vayan al colegio, la calidad vendrá después por añadidura. Es como satisfacer las necesidades nutricionales con comida rápida. No se ha calculado el enorme daño que se está haciendo al país y que se prolonga desde hace varios gobiernos, incluyendo el presente: que las diferencias en la formación entre los que tienen plata y los que no son cada vez más grandes. No puede haber un efecto más reaccionario que ese, y más propio de sociedades elitistas sometidas al mercado.


Hay modelos que pueden estudiarse para su posible adaptación en Nicaragua y que de  verdad profundizan en una mejora de la calidad y la accesibilidad de la Enseñanza. La educadora Josefina Vigil se ha planteado diversas cuestiones, desde las más básicas como la lejanía de los centros en las comunidades más apartadas y el esfuerzo que supone para las familias hacer que sus hijos vayan a una escuela lejana, gratuita, pero lejana y pobre; desde la falta de agua potable en casi la mitad de los centros del país, hasta la necesidad de estudiar otros modelos de gestión educativa, como la municipal y no el todopoderoso e ineficaz centralismo que hay ahora, y que se maquilla compartiendo con los gabinetes del poder ciudadano sus estrategias. Vigil no entiende cómo se han importado desde Cuba sus experiencias de alfabetización, por ejemplo, y no el modelo de calidad de su Enseñanza pública cubana que sigue dando resultados altísimos en sus estudiantes. Por su parte, el economista Adolfo Acevedo, entre otros, lleva reclamando desde hace tiempo un mínimo del 7% del Producto Interior Bruto para que se invierta en Educación Pública Básica. En otros países más pobres que Nicaragua, como Kenya, Lesotho o Malawi, ese tanto por ciento ya se está destinando a Educación.


Hoy por hoy es una falsedad decir que el gobierno garantiza la gratuidad de la  Educación obligatoria en Nicaragua (siete años de obligatoriedad establece la ley, muy por debajo del resto de países de América Latina). Para hacerlo posible, a los docentes se les escatima el derecho a un salario justo (para ellos no hay restitución de derecho). Si los docentes no pueden acceder a libros y materiales de consulta y en muchos casos pasan hambre, no podemos exigirles que ofrezcan mayor calidad a la Educación. Si su propia formación es deficiente, tampoco podemos exigirles que den lo que no han recibido. Si los docentes no leen, no pueden influir en sus estudiantes para que lean, para que sean curiosos, mucho menos para que investiguen. Que se diga claro, la Enseñanza es gratuita, no gracias al gobierno, sino al hambre de los maestros y a los enormes esfuerzos de las familias que costean lo más caro (ropa, transportes, materiales). Tal vez esté equivocado, pero ¿no les parece esto un gran engaño?


No se pueden tratar los innumerables asuntos pendientes en Educación con la levedad  de un artículo. Tampoco lo puede hacer un gobierno casi a solas sin proponer un compromiso real de todos los sectores por una reforma educativa perdurable que esté fuera de la propaganda política y del debate ideológico, o de los caprichos de alguien, de algunos. Ya se están perdiendo generaciones enteras, sometiéndolas a un atraso formativo esclavizante.

 
Se nos llena la boca al decir que el futuro de un país pobre está en la Educación. Sí, pero seguramente no en esta Educación que se regocija en dar cifras de matriculación y no de abandono; y que le trae sin cuidado la calidad de sus contenidos, que carece de un sistema apropiado de Enseñanza Técnica, y que considera el nivel de vida de los docentes la escala última de sus prioridades. Un grave error, intencionado o no. Una gran mentira y una traición a la esperanza recién bañada, que se viste camisa blanca y pantalón azul en sus primeros días de clase.

franciscosancho@hotmail.com