•   WASHINGTON, D.C.  |
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El Asia meridional presenta una paradoja deprimente. Figura entre las regiones del mundo que más rápidamente crecen, pero alberga también la mayor concentración de población que vive con pobreza, conflictos y miseria humana debilitantes. Mientras que el Asia meridional está mucho más desarrollada que el África subsahariana y la India (el país más grande de la región) ha logrado una renta media baja, el Asia meridional tiene muchos más pobres que el África subsahariana.


Así se plantea la cuestión de si la mejor forma de escapar de la pobreza es el crecimiento económico general o la lucha directa contra la pobreza. La respuesta depende de adónde miremos. Un crecimiento impresionante oculta bolsas profundas de pobreza. En el caso de los países del Asia meridional, la pobreza ha pasado de problema nacional a problema subnacional.


Aunque el crecimiento económico ha reducido la tasa de pobreza del Asia meridional, no lo ha hecho lo bastante rápidamente para reducir el número total de pobres. El número de personas que viven con menos de 1,25 dólares al día aumentó de 549 millones en 1981 a 595 en 2005. En la India, que representa casi tres cuartas partes de esa población, las cifras aumentaron de 420 millones a 455 millones durante ese período. Además del lento avance de la reducción de la pobreza, tampoco el desarrollo humano ha ido a la par del aumento de la renta.
En el Asia meridional hay más de 250 millones de niños que están desnutridos y más de 30 millones que no van a la escuela. Más de una tercera parte de las mujeres adultas están anémicas. El porcentaje del empleo total correspondiente al empleo femenino es el menor del mundo.


De hecho, con sus disparidades regionales mayores que el resto del mundo, el Asia meridional es en realidad dos Asias meridionales. Se ha prestado mucha atención al “Asia brillante”, mientras que el “Asia sufriente” ha quedado olvidada. La distancia que las separa es tal, que parecen estar situadas en siglos diferentes. Peor aún: sigue aumentando.


Las regiones adelantadas han experimentado un crecimiento rápido. Han hecho de pasarelas que conectan el Asia meridional con el mundo desarrollado y se han beneficiado de la mundialización, la educación, la acumulación de capital y el progreso tecnológico. Resulta sostenible, porque hay un margen enorme para que el Asia meridional alcance los niveles de productividad de los países ricos.
Esa transformación ha llegado a ser un círculo virtuoso en el que el crecimiento inicial ha aumentado vertiginosamente con un mayor crecimiento que propicia más crecimiento. Algunas de las regiones adelantadas de la India son ahora la envidia de otros países de renta media. De hecho, el crecimiento puede eliminar la pobreza en dichas regiones en el lapso de una generación, pero las rezagadas no están obteniendo resultados mejores que muchos países del África subsahariana. De hecho, sus indicadores de desarrollo social y humano son peores que los de muchos países africanos subsaharianos.


Los peores problemas del Asia meridional –la pobreza, los conflictos, el hambre y las desigualdades entre los sexos– están concentrados en gran medida en sus regiones rezagadas, donde hay límites al crecimiento, porque la geografía, las instituciones y la mundialización seguirán favoreciendo la concentración de la actividad económica en las regiones adelantadas. Como la migración a dichas regiones es escasa, la pobreza permanece concentrada en las regiones rezagadas.


¿Qué se puede hacer? En materia de desarrollo económico no hay  un “remedio milagroso” y el pluralismo de los planteamientos tiene un gran valor. El imperativo es descubrir lo que dé mejores resultados en cada lugar.
Si bien el crecimiento económico es decisivo para la reducción de la pobreza, la reactivación del crecimiento en las regiones rezagadas requerirá tiempo. En lugar de esperar a una marea ascendente que eleve todos los barcos, las autoridades deben examinar la posibilidad de hacer intervenciones normativas directas para reducir la pobreza. Una lucha directa contra la pobreza puede rendir un doble dividendo: al reducir el sufrimiento humano, podría impulsar el crecimiento, con lo que crearía más espacio político parea la reducción directa de la pobreza.
Se debe conceder máxima prioridad al aumento de las transferencias fiscales en pro de los pobres. Los Estados rezagados gastan mucho menos que los Estados adelantados en materia de servicios sociales, incluidas la educación y la atención de salud. Las regiones pobres tienen una base reducida de actividad económica que gravar, lo que les impide invertir en capital físico y humano. La consecución de la equidad mediante transferencias fiscales puede garantizar un campo de juego igual para todos.


Pero no bastará con dirigir recursos financieros a las regiones rezagadas para resolver sus problemas. Por ejemplo, los beneficios resultantes de la movilidad laboral no han sido compartidos a la par por los migrantes instruidos y los no instruidos. Los beneficios correspondientes a los trabajadores con aptitudes son mucho mayores, por lo que la movilidad laboral aumenta con la instrucción. La movilidad de los graduados universitarios es mucho mayor que la de los trabajadores sin aptitudes.


La eliminación de los obstáculos a la movilidad humana –como, por ejemplo, la legislación laboral, los programas de asistencia social destinados a Estados determinados y las distorsiones del mercado de la vivienda– debe ser una parte integral del desarrollo. La movilidad humana fomenta el crecimiento y reduce la pobreza. También habilita a grupos tradicionalmente desfavorecidos, en particular las mujeres.


Asimismo, un crecimiento agrícola lento ha limitado las oportunidades económicas de la inmensa mayoría de los pobres de las regiones rezagadas. Las autoridades deben adaptar la agricultura a las nuevas circunstancias de la mundialización, las cadenas de suministro y el aumento de la demanda interna. La crisis de los precios de los alimentos de hace dos años fue una llamada de atención y ha brindado una oportunidad para revisar las políticas agrarias vigentes.


Las políticas de desarrollo regional para fomentar el llamado “crecimiento equitativo” no son una solución, por dos razones: en primer lugar, las pruebas empíricas muestran que la convergencia de la renta por habitante entre las regiones adelantadas y las rezagadas no es una condición necesaria ni suficiente para lograr la reducción de la pobreza y la convergencia social; en segundo lugar, las políticas regionales que fomentan el crecimiento “equilibrado” podrían reducir el crecimiento general, con lo que obstaculizarían la reducción de la pobreza.
El Asia meridional se encuentra en una fase decisiva de su transformación histórica, en la que las disparidades cada vez más prefundas podrían sofocar el propio crecimiento. Si no se abordan mediante medidas directas, toda Asia sufrirá las consecuencias.

Ejaz Ghani es asesor económico del Banco Mundial sobre reducción de la pobreza y gestión económica en el Asia meridional y compilador de The Poor Half Billion in South Asia – What is Holding Back Lagging Regions? (“El medio millón de pobres del Asia meridional. ¿Qué es lo que frena a las regiones rezagadas?”).

Copyright: Project Syndicate, 2010.
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