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Muchas veces me han preguntado “¿para qué estás en un proceso de recuperación  emocional?” Otros me han dicho: “si ya te pasó, ya te desgraciaron la vida, ahora qué  podés hacer”.


Esto es lo que puedo hacer y lo que hasta ahora he hecho:
Iniciar este proceso de recuperación emocional es lo que me está permitiendo recuperar  mi propia vida y no sólo eso sino también ser la líder y protagonista de mi vida es decir  poder decidir conscientemente lo que quiero para mí. Ya no decide el miedo, la tristeza,  la rabia o el sentimiento de no merecer. Ahora lo hago yo.


Recuerdo la vez que decidí comenzar con este viaje, mi equipaje eran solo unos pocos  recuerdos de mi infancia y la convicción firme de querer hacer algo por mí, a eso ahora  le llamo Proceso de recuperación emocional: sanar las secuelas traumáticas dejadas por  la vivencia del abuso sexual.


Antes de iniciar el proceso tenía la constante sensación de que algo en mí iba mal, no  estaba satisfecha con lo que hacía, nada era bueno. Una vez que inicie el proceso tuve  que reconocer que hasta esos momentos de mi existencia no había vivido y que me  encontraba en la lucha constante de la sobrevivencia, tratando de controlarlo todo, de no  sentir nada, de escaparme de mí cuerpo a como fuera. Tuve que reconocer que aunque  el abuso había pasado hace muchos años, las consecuencias de lo que viví aun se  encontraban en mi presente, en mi cuerpo, en mi trabajo, en mis relaciones íntimas, en mi sexualidad, en mi forma de vestir, es decir en mi forma de ser y estar en el mundo.  Viví con tristeza verme atada por el miedo a estar sola, por temor a que me volvieran a  dañar; dominada por el dolor e impedida de tener una vida emocional plena.


El proceso de recuperación lo he vivido como una lucha diaria, no se ha tratado de estar  ahí, sentarme a ver lo mal que estoy y compadecerme de mí, han sido ya más de tres  años de estar acompañada en terapia individual, en un grupo de apoyo mutuo, en trabajo  corporal, aprendiendo a recuperar todo lo que me fue arrebatado: La seguridad y  confianza en mí misma y  en los otros/as. Han sido muchas lágrimas, un caudal de rabia  y un sinfín de dolor. Después de todo este panorama solo puedo decir ha valido la pena.


Después de verme como la mariposa de alas rotas como muy bien describe Katia Cardenal, sin fuerzas, sin decidir mi rumbo, llevada por los huracanes de las secuelas  que dejó la vivencia traumática del abuso, hoy me veo a mí misma zurciendo mis alas  rotas, es cierto ha sido muy doloroso, cada puntada la he sentido en mi alma, en mi  cuerpo y en todo mi ser, pero es gratificante verme a mí misma aprendiendo a volar,  decidiendo sobre mí vida, defendiendo mis derechos, eso que muchas veces decimos  las/os que trabajamos en organizaciones de la sociedad civil y no siempre hacemos.


Después de años de mucha oscuridad hoy estoy comenzando a ver mi luz. Ahora puedo  ver que yo soy luz, esto que siento es luz, mi mundo en construcción es luz, mi trayecto  es luz, mi vida es luz, el brillo que comienza a surgir de mis ojos, el despertar de mi  espíritu, la rebelión que mi cuerpo emprende día a día; Con este proceso me estoy  permitiendo ver ese otro lado, ver y sentir que el abuso no logró apagarme, no logró  ensuciarme, ahora me veo limpia y no solo eso, me doy cuenta que siempre estuve  limpia.


Puedo verme a mí misma y abrazarme fuerte como nadie nunca lo ha hecho como solo  yo lo puedo hacer, darme todos los besos que me fueron negados, acariciarme el alma  hasta sanar esas heridas abiertas, mimarme una y otra vez hasta el cansancio, regalarme  el placer inmenso de estar conmigo misma como nunca lo había estado, llorar más,  mucho más si es lo que quiero y siento, ya he visto que negarlo no me lleva a nada  bueno. Me estoy comenzando a ver como una luciérnaga en este mundo. Bienvenida  luz. Estoy aquí, ¿me ves? Yo estoy comenzando a verte, te encuentro verdaderamente linda, me apena no haberte visto antes, pero no podía la ceguera del abuso sexual me lo  impedía, gracias por esperarme, no ha sido nada fácil llegar hasta acá.


Ahora mis alas me sirven para emprender mi vuelo, para decidir mi camino, para  construir, reconocer, valorar, sentir y disfrutar la gracia de mi vida.


Sobrevivientes: Se puede sanar del abuso sexual, todas las personas que vivimos esta  experiencia traumática podemos liberarnos de las consecuencias devastadoras que esto  nos dejó, no importa hace cuanto tiempo ocurrió, lo que importa es que hoy puedes  comenzar una nueva vida. Todas y todos merecemos tener una vida de bien-estar.

yotecreo@gmail.com
Movimiento contra el Abuso Sexual