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Después de escuchar la perorata del Comandante Daniel Ortega del 10 de enero pasado, en la que al mejor estilo de los emperadores monstruos de siglos pretéritos anuncia que no permitirá la presencia  en Nicaragua de observadores nacionales e internacionales para las elecciones generales del 6 de noviembre próximo, no nos queda más que evocar la célebre expresión del Cónsul Marco Tulio Cicerón, quien ante los reiterados abusos de poder de Catilina le increpó diciendo : “¿Hasta cuando, Catilina, abusarás de nuestra paciencia?”


Porque esa declaración además de ser una bofetada a la dignidad de todo un pueblo, constituye una flagrante violación a la Constitución de la República y a la Carta Democrática de la Organización de Estados Americanos (OEA) que en su artículo primero establece claramente: “Los pueblos de América tienen derecho a la democracia y sus gobiernos la obligación de promoverla y defenderla”. Cuando se promulgó  dicha Carta , hace casi 10 años , por decisión  unánime de los 34 estados americanos, el Secretario General en ese entonces de la OEA, César Gaviria, entre otras cosas expresó: “Entre las condiciones que se consideran  esenciales para la democracia y que los países se han comprometido en defender, se encuentran el respeto por los derechos humanos y las libertades  fundamentales, la posibilidad  de los pueblos de elegir a sus gobernantes  y de expresar su voluntad a través de elecciones libres y justas”. Agregó a renglón seguido como parte de su declaración el necesario “fortalecimiento de los partidos y organizaciones políticas como medios de expresar la voluntad popular”.


Establecida esta premisa, muchos nicaragüenses  nos hacemos esta  pregunta: ¿Hasta cuándo, Daniel, abusarás de nuestra paciencia? Porque si por la vigilia se saca el día todo parece  indicar que el Comandante – Presidente, que fue electo apenas con el 38% de los votos registrados en las pasadas elecciones nacionales, pretende retrotraer a Nicaragua a la oscura noche del siglo pasado cuando los tiranos Manuel Estrada Cabrera, (Guatemala); Rafael Leónidas Trujillo (República Dominicana ) y Anastasio Somoza García (Nicaragua), perpetraron monstruosos fraudes por la fatal obstinación de querer perpetuarse en el poder a espaldas de la voluntad mayoritaria de sus respectivos pueblos.


Hay quienes dicen que “ el que no conoce la historia está condenado a repetirla” y no sabemos si por la ignorancia supina que le caracteriza o por su mala fe que no lo abandona nunca, el Comandante – Presidente, a contrapelo de la historia nicaragüense quiere impedir contra viento y marea la llegada de observadores internacionales para ejecutar el fraude que les permita a él y a sus paniaguados seguir usufructuando el poder a costa del sudor, de la sangre y de las lagrimas de las grandes mayorías del pueblo nicaragüense. Olvida el Comandante – Presidente que en los anales de nuestra historia hay páginas gloriosas de profundo dolor y de extraordinario valor cívico de miles y miles de nicaragüenses, que se sacrificaron en el altar de la patria, para que nuestro pueblo tuviera el derecho de elegir libremente a sus gobernantes y sin imposiciones arbitrarias de ninguna clase. Uno de los últimos capítulos de esta triste historia se registró el 22 de enero de 1967, cuando por demandar elecciones libres fueron masacrados alrededor de  600 compatriotas, durante una manifestación multitudinaria en las calles de Managua, por la dictadura somocista.


Nicaragua,  en el corazón de América y en pleno siglo XXI no puede ni debe volver a las nefastas prácticas del pasado. Pretender burlar la voluntad popular mediante un ominoso fraude electoral, no solo es un anacronismo histórico de lesa patria, sino que nos colocaría a la par de los países que han padecido crueles tiranías en los últimos tiempos como la de Robert Mugabe en Zimbaue; como la de Laurent Gbagbo en Costa de Marfil; como la de Abidini Ben Alí en Túnez; o como la de Alexander Lukashenko en Bielorrusia.


Todo porque Daniel Ortega y su partido, traicionando una vez más el ideario de Sandino, pretende perpetuarse en el poder para seguir explotando a los nicaragüenses en su propio beneficio. La pregunta es: ¿El pueblo nicaragüense, que tuvo que derramar torrentes de sangre hasta derrotar a la oprobiosa dinastía de los Somoza, por demandar elecciones libres, va a permitir que eso suceda? ¿Y la OEA, que a través de la rosa de los vientos proclama que la Democracia Representativa es por una necesidad imperiosa de los tiempos nuestro común destino, va a permitir impunemente semejante fraude?


El mundo estará expectante de lo que suceda en los próximos meses en Nicaragua. De ahí que no basta que la OEA proclame en su Carta Democrática su fervorosa devoción por los principios democráticos. Es imperativamente necesario que el pueblo de Nicaragua a través de sus organizaciones políticas, económicas y sociales, empiece a denunciar desde ya el colosal fraude que el Comandante- Presidente, junto a su corte de serviles, vienen preparando desde hace ya algún tiempo, con el evidente propósito de mantenerse en el poder hasta que los infiernos se congelen. Es doloroso tener que decirlo,  pero  la OEA y el mundo entero no actuarán a favor de los derechos fundamentales de nosotros los nicaragüenses si no defendemos hoy como hombres lo  que mañana tendremos que llorar como mujeres.

*Ex - Presidente Nacional del PSD.
montalvan@hotmail.com