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Hay un undécimo mandamiento que domina la política en Nicaragua y que sigue determinado su desgracia socio-económica: Incluirás en todas las “soluciones” de los conflictos políticos, a los insaciables caudillos saqueadores, Daniel Ortega y Arnoldo Alemán, no importa que sean ellos los promotores del desastre.


La categoría imprescindible de los caudillos, siempre se propone con solemne resignación, como si fuera una verdad inapelable y no un concepto retrógrado y primitivo en nuestra forma de hacer política: “son una realidad en este país”, “lideran los partidos mayoritarios”, “la gente los sigue”, “tienen el voto cautivo”, etcétera.


Pero ni son imprescindibles, ni representan a la mayoría. Son un mal cover de “Somoza for ever”, de “Con Fernando ando, con Agüero muero”. Encarnan la ignorancia y el atraso que desgraciadamente caracteriza a las sociedades débiles y serviles en nuestro continente. Nicaragua no está después de Haití solo por tener una cara bonita.


Ese liderazgo tribal hace de nuestra historia un círculo vicioso, donde incansablemente sobre los ejes de la dictadura, la pobreza, la ignorancia y la guerra, repetimos la misma tragedia. La impotencia dogmática certifica nuestra recurrente desgracia, porque la historia, según el dogma, se repite cíclicamente de forma irremediable, como una espiral en el tiempo.


Pero mientras Nicaragua daba vueltas como trompo, hundiéndose cada más en la miseria, otras naciones han escrito su historia en línea recta. Han ido de la pobreza al bienestar. Sacudiéndose rancias ideologías, caudillos y justificaciones imperialistas, se pusieron a trabajar. Fortalecieron sus instituciones, invirtieron en una educación de calidad e impusieron la ley. Nosotros seguimos contra la vía.


Menos del 40% talvez, continúa entregando su voto ciegamente “al hombre”, aunque lleven toda su vida en la misma pobreza “esperanzados” de que “el gran líder” algún día les cumpla. El otro 60%, que no votamos o votamos por el mal menor, seguimos aceptando las arbitrariedades y el pillaje, con falacias como “por los intereses nacionales” o la “paz de Nicaragua”.


Ortega y Alemán desperdiciaron su oportunidad, nos pusieron a pedir limosna mientras ellos alucinan en pomposos lujos, intentando obtener en vano el respeto que sólo brinda el trabajo honrado. Después de tres décadas de saqueo, hablan del futuro y nosotros en respuesta esperamos que se pongan de acuerdo los saqueadores ¿No sería mejor que nos pongamos de acuerdo los saqueados?


El futuro es un deja vu. Graduados o no, como nos pasó a nosotros, millares de jóvenes engrosan todos los años las filas del desempleo o emigran. A los privilegiados, el salvavidas les llega con el apellido o el mismo sistema parasitario les otorga uno a cambio de su dignidad. Ese es el país que estamos permitiendo, uno que corrompe la fe en el bien, que promueve la ignominia, desprecia la inteligencia y pisotea la dignidad humana.


No se puede ir por “más victorias” sin una educación de calidad. Una Nicaragua ignorante jamás va a salir de las mazmorras de la pobreza mundial. La corrupción política no invierte en la educación porque simplemente no le conviene. ¿Cuál fue el último invento de las universidades o de las instituciones científicas al desarrollo nacional?


La única educación de calidad que les interesa a las elites políticas es la de sus hijos. Por eso, mientras ellos viven la “dolce vita”, a costillas de nuestro patrimonio y de las riquezas naturales que nos quedan, sus hijos estudian en el exterior.


La mayoría, que talvez intuimos que la corrupción no es un modelo sostenible de país, todavía podemos dar una mejor versión de nosotros mismos. Hasta ahora, nos parecemos a los músicos del Titanic, que entre más se hundía el barco, más “inspirados” tocaban sin hacer ningún esfuerzo por salvarse.


Podemos convocarnos cívicamente, pero no para demandar la observación electoral, sino para exigir que este gobierno corrupto y de facto dimita. Sin incluir la escandalosa corruptela, su espantajo legal a violado por lo menos doce artículos constitucionales.
Antes de transigir con unas elecciones ilícitas, hay que establecer de forma civilizada con el apoyo internacional, una Junta Interina de Gobierno que haga tres cosas básicas: Restablecer la Constitución, limpiar los poderes y revertir la anomalía del 35% de los votos para ganar la presidencia.


Es absurdo intentar cambiar el CSE y dejar intacto el poder que lo corrompe. Es ilegal y además le brinda una fachada de legitimidad a las elecciones fraudulentas, el proponer un candidato contra Ortega y permitir la candidatura de Alemán. El fraude que viene, no lo gana ni Jesucristo con sus doce apóstoles.


La única condición de imprescindibles que tienen Ortega, Alemán y sus cúpulas es para rendir cuentas, eso sí es indispensable. Si queremos romper este círculo vicioso del fracaso perpetuo, tenemos que romper también el undécimo mandamiento. O, podemos seguir como hasta ahora marchando hacia el abismo.


Intentado orientar las tribulaciones de su país, Obama usó una frase de Robert Kennedy que me parece nos puede inspirar a luchar por un futuro más digno para Nicaragua: “El futuro no es un regalo es una conquista”