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Apareció en 2009, bajo el sello de la Editorial Hispamer, Managua,  y ya alcanza una segunda edición, 2010, Historia militar de Nicaragua, desde antes del siglo XV al XXI, 600 pp .Obra del Coronel Francisco José Barbosa Miranda, militar profesional o de carrera, pero historiador con estudios y licenciatura en la UNAN, Managua y en la Universidad de Costa Rica. Lo que resulta un tanto anómalo porque los militares no suelen  ni editores ni profesores ni articulista y éste es, además, miembro de la Academia de Historia y Geografía de Nicaragua. En el paratexto fotográfico, o sea, en la portada de este volumen, aparecen distintas  figuras militares cuya presencia puntualizan  la  acción bélica como historia y nuestra institucionalidad, que van desde Diriangén hasta  Moisés Omar Hallesleven, pasando por los generales José Dolores Estrada, José Santos Zelaya, Benjamín Zeledón, Emiliano Chamorro, Sandino y los Somozas, los comandantes de la Revolución Carlos Fonseca y Daniel Ortega, el jefe de la contra Enrique Bermúdez y los cuatro comandantes en Jefe del Ejército de Nicaragua, hasta la redacción del libro.

Esta Historia militar está dividida en cuatro grandes capítulos:

I.-     Historia militar PRECOLOMBINA Y COLONIAL (1523-1821), donde las guerras tribales sin idea de nación antes y después de siglo XVII, desembocaron en guerras de resistencia contra la conquista española y después los brotes independentistas en el área centroamericana, para perpetuar o cambiar al Cacique o Teyte, al Capitán General, o al Gobernador, que se pretendía del “patriciado criollo de raíces coloniales”.


II.-    Historia militar de Nicaragua INDEPENDIENTE, siglo XIX, la Anarquía, la guerra antifilibustera, que llegó a ser centroamericana, la batalla de San Jacinto; los treinta años conservadores, la Revolución liberal y la batalla de Namasigue, o sea, desde las peonadas del Estado Hacendatario de principios del siglo XIX,  tras la bandera de un valentón a lomo de mula y machete. La guerra  nacional que con los ejércitos centroamericanos derrotaron las huestes filibusteras, que respondían al proyecto esclavista del Sur de los Estados Unidos, que encabezaba William Walker. Cuando se careció de balas hasta con piedras como las de Andrés Castro, se respondió efectivamente. Durante los 30 años conservadores desde 1,860-1,863, años que siguieron aún agrarios o con el modelo Hacendatario para el Estado Nicaragua parecía que se seguía careciendo de ejército, porque se ufanaban de la PAX conservadora.


La Revolución Liberal del 11 de Julio de 1,893, el General José Santos Zelaya,   fundaría una academia militar de corte europeo y formaría el primer ejército nacional del siglo XX, ente otras obras de progreso vial y de supra-estructura como la avanzada constitución llamada “La Libérrima”.


III.- Historia militar RECIENTE, siglo XX: Desde 1,912 hasta 1,924 el país vivió  resguardado por la marinería norteamericana .Cabe destacar que al empezar este periodo fatídico para la historia patria la dignidad nacional se expresó estructurando un ejército irregular pero nacionalista que tuvo su instante estelar  en la gesta del General y doctor  Benjamín Francisco Zeledón Rodríguez y sus hombres.

Los arreglos libero conservadores, los  sucesivos golpes de Estado, como El Lomazo de Emiliano Chamorro en 1925, las pugnas por el poder político, desataron otra guerra de liberales contra conservadores donde el pueblo seguía siendo “la carne de cañón”. Guerras interpartidarias, inútiles, que el campesinado hambreado pagaba con sus vidas.


Según el ideólogo e historiador conservador, doctor Carlos Cuadra Pasos, el 22 de diciembre de 1,927 se suscribió el convenio para el establecimiento de la guardia nacional de Nicaragua, que supuestamente como institución apolítica y no beligerante,  propiciaría la paz.


Esta guerra constitucionalista concluiría con el pacto del Espino Negro entre José María Moncada, ungido para Presidente de la República, y Mr. Stimson, el 4 de mayo de 1927, un día ambiguo porque ese día se vendía de nuevo la patria y a su vez el campesinado segoviano se alzaba para volver por su soberanía.


Pero entre los generales constitucionalistas  César Augusto Sandino tenía en la cúspide de su ética, el honor y la dignidad patriótica, lo que lo llevo a defender el derecho de los débiles y de las naciones ocupadas con un ejército en verdad defensor del honor patrio; no es gratuito que el 2 de septiembre de 1,927 difundiera la “Pauta para la organización del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional de Nicaragua”.


La Guardia Nacional, con apellido, de la familia Somoza, resguardó los intereses  de la dictadura somocista desde 1,933 hasta 1,979: dictadura militar y dinástica, que puede periodizarce entre una serie de administraciones cómplices,  las presidencias reeleccionarias y pactistas. Si bien es cierto que la guardia somocista duró casi 50 años,  era una guardia personal y descendiente de la marinería norteamericana.


En su IV capítulo el Coronel Barbosa Miranda, aborda la Historia militar CONTEMPORANEA, siglos XX y XXI, donde se estudian las dos  décadas de lucha irregular del Frente Sandinista de Liberación Nacional en las densas montañas del norte y el centro del país (1,963 – 1,977); después de una insurrección popular que puso en pie de guerra a las ciudades, barrios, vecindarios, colonias, caseríos y a las juventudes universitarias y a las juventudes sin futuro, condenadas a la pobreza, el analfabetismo e, incluso, a la alienación del pacífico (1,977 – 1,979) y la primera etapa de la Revolución Popular Sandinista, o sea, de la refundación de Nicaragua como nación libre, soberana, independiente, dueña de su destino, la nueva institución que es Nicaragua (1,979 – 1,990).


Hoy, 2010-2011, desde 1993, la estructura Estatal e Institucional de la República de Nicaragua posee un ejército nacional, no consecuencia de las intervenciones norteamericanas que se produjeron en las primeras décadas del siglo XX. Es un hito que el ejército nacional alcance treinta años de existencia, con  diez años enfrentando a  la resistencia, al cabildeo político de dos gobiernos norteamericanos  y sujeto a la autoridad civil.


Además de bibliografía y anexos.  
Se trata, pues, de una visión retrospectiva, abarcadora, y a su vez, objetiva de la historia  militar de las tribus, de la resistencia indígena, de la provincia, de las lucha independentistas, de las guerras interpartidarias, de las soldaderas y de las tres instituciones armadas de la República de Nicaragua.


El Coronel Barbosa Miranda logra  presentar lo arduo y complejo que ha sido desde  la independencia de la Corona Española o de la Revolución de los Criollos, el 15 de septiembre de 1,821, llegar a tener un ejército institucional y nacional, o sea, nicaragüense, una institución armada que al tiempo que constituyera la estructura del Estado, defendiera y salvaguardara la soberanía patria.


El 19 de julio de 1979 se produjo el derrocamiento del gobierno de Anastasio Somoza Debayle, por la vía de la insurrección armada y se instaló la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional (JGRN), que procedió a sancionar el Estatuto Fundamental de la República de Nicaragua, como norma suprema provisional, derogó las viejas estructuras formales del poder y sentó las bases del nuevo orden institucional Los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial pasaron a ser ejercidos por la JGRN, el Consejo de Estado y los Tribunales de Justicia respectivamente. El Estatuto disolvió la Guardia Nacional (GN), la Oficina de Seguridad Nacional y el Servicio de Inteligencia Militar (SIM), derogó todo el sistema jurídico legal que los regían y dispuso la sustitución de la GN por un nuevo Ejército Nacional de carácter patriótico.Mediante el Decreto No. 53, del 22 de agosto de 1979, la JGRN decretó la creación del Ejército Popular Sandinista (EPS) como única fuerza armada de la República. En los años 90, el Ejército Popular Sandinista implementó una mayor transformación en su estructura y en su definición política como organización estrictamente profesional con carácter nacional, eliminando la subordinación política al Partido Sandinista y desarrolló un proceso complejo de profesionalización hasta convertirse en 1995 en el actual Ejército de Nicaragua.


Dos aspectos merecen destacarse a lo largo de las 600 páginas de esta obra: El rigor con que ha sido elaborada, investigada o sustentada y redactada y la objetividad de su discurso, no es partidario, a pesar de sus orígenes,  de donde el tomo resulta  realmente histórico y no deliberante.


Básico para la historiografía nacional.