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¿Es víctima o cómplice? ¿Tiene miedo o miopía? ¿Terquedad u obediencia? ¿A qué atribuir  la empecinada actitud de Arnoldo Alemán de erigirse en el principal obstáculo para la unidad opositora total?


Si juzgamos por su  actitud y práctica de los últimos años, concluiremos rápidamente que es un cómplice  temeroso y obediente del proyecto dictatorial  de Ortega.


Sin embargo, el destino es, a veces, generoso y le ha ofrecido una nueva oportunidad. Si  Alemán declinara ahora su candidatura presidencial en favor de Fabio Gadea, propiciando con ello la más amplia unidad opositora y facilitando así el camino de Nicaragua a la democracia, sin duda pasaría a la historia como el protagonista de un gesto no solamente patriótico, sino también  valiente, que le granjearía amplios reconocimientos. Contribuiría de esa forma a revertir una situación de la que él mismo es co-autor.


El arribo del FSLN al gobierno de Nicaragua y la posibilidad real que se apuntale hacia un régimen dictatorial, no podría entenderse correctamente si no es aludiendo al menos los siguientes antecedentes: el pacto de Arnoldo Alemán con Daniel Ortega, que reformó la Constitución Política reduciendo el mínimo necesario para acceder a la Presidencia de la República, el reparto  bipartidario de las instituciones del Estado, la postura adoptada por el PLC en las elecciones presidenciales de 2006 y posteriormente por su Bancada en la Asamblea Nacional.


Pero si el pacto ha tenido consecuencias funestas para el país, el balance costo- beneficio para los singulares intereses del PLC y su hasta ahora líder, son también  negativos. El único beneficiado al reducir el porcentaje que descarta la segunda vuelta en las elecciones presidenciales, ha sido Ortega. El pretendido control bipartidario de las instituciones no es tal, y los agentes de Alemán o son ninguneados (como frecuentemente denuncian con pataleos algunos magistrados liberales  de la CSJ), o se conforman con migajas prebendarias que les ofrecen sus socios mayoritarios en la Asamblea Nacional. Y en el peor de los casos para los intereses de Alemán, antiguos lugartenientes y allegados suyos han cambiado de bando. Con cartuchera y todo.


A cambio, Alemán ha recibido una absolución de casi todos los delitos que se le atribuyen. De casi todos, porque siempre que ha amagado una conducta que transgreda lo pactado, como liebre salta del escritorio de algún juez o fiscal un expediente no resuelto.


Qué réditos pecuniarios le ha generado a Alemán mantener esta asociación perversa, en la que comparece como un socio menor, sólo él lo sabe. Pero evidentemente tales beneficios no son extensivos al PLC, a las bases liberales que son - hay que decirlo sin tapujos- mayoritariamente populares, democráticas y opuestas al pacto.


La candidatura de Fabio Gadea por las fuerzas opositoras comprometidas con la democracia, le ha posibilitado Alemán no sólo demostrar que “ es puente y no pared “ como él mismo suele recitar, sino también una salida decorosa. Gadea es un candidato que proviene de su propio partido, le unen a él lazos de afinidad familiar y cuenta con la adhesión de las amplias bases del PLC. Es decir que el Dr. Alemán estaría reivindicándose ante su propio partido, evitando que sufra  otra derrota como la que experimentó en 2006, cuando quedó relegado a un tercer lugar.


No se trata de que la victoria electoral sobre Ortega sea imposible sin la participación de  Alemán en la amplia alianza opositora. Se trata de hacerla más sencilla, menos costosa para el país.


La dirigencia del PLC sabe que la actitud impuesta por el caudillo liberal  ya les está generando altos costos. La propia candidatura de Fabio Gadea y el apoyo de reconocidos miembros y dirigentes de ese partido a la opción que representa UNE, es solamente la expresión manifiesta de un sentir que cada vez se generaliza y que sin duda  tendrá en el futuro inmediato nuevas demostraciones.


La oportunidad que representan las elecciones de 2011, para derrotar las intenciones de  Ortega son ciertas. La presión internacional que empieza a expresarse en favor de un proceso transparente y sobre todo la acción ciudadana que desde ya se da, posibilitarán - aún con todo el aparato del fraude y de ilegalidad en marcha- , crear condiciones que imposibiliten la concreción de las intenciones orteguistas.


Pero si ésta es una oportunidad extrema para la sociedad nicaragüense de establecer de una vez y para siempre la democracia en el país, significa también una última ocasión para que Arnoldo Alemán evite su suicidio político, arrastrando tras de sí a su partido. Como ocurrió con el Dr. Fernando Agüero y aquel Partido Conservador.


Las fuerzas democráticas, mientras tanto, continuarán forjando con las bases del PLC incluidas, no sólo una vigorosa alianza democrática, sino también el escenario deseable para las elecciones del 2011. Veremos si el Dr. Alemán ya olvidó jugar “bola recia” y se queda como jefe de un grupo partidario alicaído, o se enfrenta a las amenazas de su todavía socio.