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Basta, desde luego, la preocupación democrática, y específicamente por la libertad de expresión, como el fundamento de todas las otras libertades, según lo dijera Pedro Joaquín Chamorro, para que se enciendan todas las luces de alarma y de indignación, y ojalá de formas de protesta más firmes, por lo que está ocurriendo a El Nuevo Diario (END), acosado por las autoridades del Ministerio de Hacienda por el hecho de haber denunciado la corrupción del Director General de Ingresos (DGI).


Que eso no puede estar ocurriendo sin la autorización del Presidente de la República, es obvio, como tantas personas lo han señalado.


Que eso forma parte del creciente uso de la represión institucional -forma quizá más sutil, pero no menos violenta de represión dictatorial- también ha sido denunciado.


Yo, que me sumo fervientemente a todas esas manifestaciones de preocupación democrática, quisiera agregar otra perspectiva.
Mi mensaje -y fíjense bien, en reiteradas ocasiones he reconocido y reconozco una vez más la importancia que el Consejo Superior de la Empresa Privada (COSEP) insista frente al gobierno en una agenda de fortalecimiento de la institucionalidad democrática- está dirigido a quienes creen que se puede indefinidamente separar la política de los negocios.

Es un grave error

Lo vimos cuando después del terremoto de 1972 Somoza llamó a esa catástrofe la “revolución de las oportunidades”, porque al haberse destruido muchos activos (viviendas, comercios, industrias, infraestructura, etc.) generó las oportunidades de inversión y los flujos de financiamiento (por liquidación de pólizas de seguros y préstamos y donaciones internacionales) para reponer esos activos. Pero el caso fue que la luna de miel entre quienes entonces decían que había que separar la política de los negocios, y Somoza, terminó, porque éste, usando el poder del gobierno acaparó a su favor la “revolución de las oportunidades”. Usó el poder, para competir deslealmente con otros sectores empresariales.


Exactamente lo mismo anticipa el acoso económico a que está siendo sometido El Nuevo Diario. En la medida que más y más miembros del círculo gobernante, con Daniel Ortega a la cabeza, apalancándose en el poder gubernamental se están volviendo empresarios, y se comienza a perfilar la misma confusión de Somoza -empresario y gobernante, y como empresario cargando los dados del gobierno a su favor- en algún momento dirán, desde el poder, a quienes ingenuamente creen que puede separarse la política de los negocios, “apartate vos, que me quedo yo”.


Curioso, porque ya no es el Daniel Ortega confiscador por socialista, sino por capitalista. Pero confiscador, al fin y al cabo.