• |
  • |

Los recientes acontecimientos en Túnez, las movilizaciones masivas y diarias en Egipto, Yemen y Jordania están empujando a posibles cambios de gobiernos, que son vistos y considerados como autoritarios, que tienen varios años de controlar y estar en el poder, sin dar respuestas positivas a las necesidades socioeconómicas de la población la cual demanda cambios urgentes y necesarios para obtener libertades y una mejor opción económica de vida.


A lo interno. A través de estas movilizaciones, en su mayoría pacíficas, se están dando ejemplos y una gran lección de democratización desde las sociedades, desde lo más profundo de las poblaciones que demuestran una vez más que la unión hace la fuerza y que esta fuerza cohesionada obliga a realizar los cambios necesarios para mejorar la situación de las libertades y de paso cambiar las formas dictatoriales y autocráticas de gobierno hacia formas de gobierno democráticas y de corte liberales, acercándose a modelos de corte occidentales en busca del desarrollo socioeconómico.


Eso si los que finalmente puedan generar los cambios y lleguen a gobernar esas naciones después de las revueltas, tengan una visión pro desarrollo y pro modernistas, y no se aferren a inútiles políticas radicales árabes e inclusive musulmanes.


Estos movimientos que como en Túnez ya hicieron caer al gobierno, en gran medida tienen profundas diferencias y el punto principal será la unificación de las políticas que quieran llevar a cabo en un nuevo gobierno, dando principal atención a mantener la secularización de la política interna e internacional que ha mantenido ese país. De sobreponerse los intereses de los partidos radicales musulmanes como la Hermandad Musulmana en Egipto y En Nahda (Renacimiento) en Túnez, vendría a colación la famosa frase que se utilizó en América Latina en los años setenta y ochenta de “el remedio salió peor que la enfermedad”, y las sociedades que hoy están manifestándose por sus derechos y obtener libertades se verían nuevamente bajo regímenes extremos que no permitirían libertades y cortarían muchos derechos de los ciudadanos.


A lo externo. Estos movimientos despiertan suspicacias en Occidente, no son ni serán las mismas consecuencias los movimientos en Túnez y Egipto, de Yemen y Jordania. Pero los más importantes serían los de Egipto, donde el régimen de Mubarak es el mejor plantado con Occidente, un gran aliado estadounidense, israelí y europeo, de hecho uno de los pocos aliados de Israel en esa conflictiva zona, que de caer y cambiar radicalmente representaría un gran revés en las políticas exteriores de Estados Unidos y de Israel, trayendo consigo un nuevo y desconocido juego de intereses políticos, estratégicos y económicos.


Además representaría un gran y peligroso cambio en la geopolítica de la zona que es un rompecabezas indescifrable y la influencia de regímenes musulmanes –léase Irán- e inclusive de movimientos terroristas como Al Qaeda, que propugnan cambios radicales en todo el Oriente Medio y el Magreb, zonas las cuales son un “polvorín” que en cualquier momento podrían estallar dando como resultado guerras intestinas de corte religiosas y culturales que podrían durar años, como ya sucedió en la década de los ochenta con la guerra entre Irán e Irak.


No se sabe con exactitud qué modelos de gobiernos tomarán los movimientos que logren realizar los cambios en esos países, pero lo importante será que puedan lidiar y llegar a entendimientos de todas las partes implicadas en los cambios para lograr gobiernos de unidad que permitan llamar a elecciones libres y transparentes e iniciar así un proceso hacia la necesaria democratización de sus naciones.

*Msc. Relaciones Internacionales y Profesor Universitario.