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La final del campeonato de la pelota profesional llenó estadios y acaparó las secciones deportivas de todos los medios. El béisbol volvió a demostrar que es el rey de los deportes en Nicaragua


Televisoras y radios enlazaron en vivo a sus noticieros desde los estadios. Canal 4 transmitió los partidos. Los periódicos abarrotaron sus páginas con análisis, entrevistas y crónicas. La cobertura fue extraordinaria.


El trabajo de Miguel Mendoza para TV Noticias, el 25 de enero, reunió todos los elementos del juego para crear una pieza audiovisual de calidad. En palabras del escritor mexicano Juan Villoro: vinculó lo que ocurre en la hierba y en la agitada conciencia de los espectadores.


No obstante, no pasó así en la prensa escrita…
Excepto Edgar Tijerino, que prefiere utilizar otras técnicas narrativas en relación con las empleadas por sus colegas, apegadas a cifras incapaces de describir el espectáculo épico del deporte, que terminan en frases trilladas como línea por el jardín izquierdo que remolcó al jugador a la registradora, al final sólo dibujan un esquema numérico sin alma del juego.


Y no trato, absurdamente, de comparar televisión versus prensa escrita. El maestro Ryzard Kapuscinsk estableció que la televisión llegó y se convirtió en la gran ladrona de nuestras imágenes literarias, lo cual no significa que los cronistas se tengan que despojar de la creatividad y apegarse al promedio de mil palabras utilizadas por el periodismo tradicional, sino buscar la forma de llenar los vacíos que deja la televisión con prosa llamativa.


Desgraciadamente solemos carecer de creatividad. El 24 de enero, en el END, las únicas dos crónicas en la portada de la sección deportiva eran de béisbol. La primera de Tijerino, titulada Fue Atroz y la otra de Francisco Jarquín Soto, Estremecen el Estadio. ¿Quién escribió primero? No sé; pero ambas temblaron… Un sismo las atacó, mientras “el coloso” y la “estructura del viejo parque” sobrevivieron.


¿A qué se debió? Hubiera sido prudente elegir quién dejaría sentir el sismo y no duplicarlo, pues al lector la réplica no le sorprende. Evitar el uso de las mismas metáforas tan cercas. Pero no pretendo ensañarme con este error. Todos nos equivocamos.


Pretendo recuperemos “la mezcla creativa” de la que Kapuscinski habla en Los cinco Sentidos del Periodista, y, consiente de la adversidad que representa el tiempo en las salas de redacción, podamos exprimir un género tan rico como la crónica. El lenguaje que se usa en la mayoría de las crónicas ya sean de fútbol, o, de béisbol no es capaz de reflejar la realidad deportiva en todos sus matices.
Escribir es jodido, como dijo el argentino Martín Caparros, en una de las cartas diarias que intercambió Juan Villoro, durante el mundial de Sudáfrica a manera de comentario.


Los viejos zorros también se equivocan. Pero ese no es el punto. El punto es la crisis que enfrenta la crónica deportiva nicaragüense en el ámbito de la prensa escrita, donde cada vez se opta por ser “notero” y se olvida captar la pasión del juego. Todavía no se vislumbra un cambio, solo cuando escribe Tijerino.


Y cuando la crónica aparentemente sea inservible, buscarle otros enfoques que sean de interés público; donde un sismo sorprenda al lector, como el trabajo realizado por Wilder Pérez en La Prensa el 28 de enero. Adónde agarrar si el estadio se cae. En verdad, ¿adónde agarrar?