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“Hay que luchar con la inteligencia
y no con las armas”

Henrik Ibsen

Los adolescentes norteamericanos prácticamente son los que se le imponen a los padres desde que se pasó una ley con la cual el adolescente en cuestión, desde los 14 años, puede llevar a sus padres a la corte por “maltrato”, es decir, por castigarlo.


Al respecto, tuve la oportunidad de vivir en San Francisco, California de 1956 a 1959 y supe de un caso como éste: Una madre salvadoreña llegó ante el juez, donde su hijo de 14 años la había citado y delante del juez lo reprendió y le dijo al juez que ella era responsable de su hijo, que tenía la obligación de castigarlo cuando cometiere un acto indebido y no iba a permitir que se volviera un delincuente; y se lo llevó a su casa dejando al juez con un palmo de narices.


Para colmo, todos los hechos lamentables que han sucedido y están sucediendo en USA de asesinatos, asesinos seriales, estallidos de bombas y tiroteos en las aulas de las escuelas, centros de trabajo y en plena calle, son gracias a la venta libre de armas de fuego de todo tipo y calibre, volviendo al país a la época del lejano Oeste, solamente que muchísimo más peligroso.
Unido a esto, los programas subliminales desde los muñequitos para niños hasta series de televisión y películas de contenido altamente violento y aberrante, sin ningún control por parte del Estado, mucho menos de la empresa privada, todo esto en nombre de la libertad de expresión (léase libertinaje); ya no digamos los tele-noticieros y radioemisoras que sirven de plataforma para que algunos políticos de ultra-derecha y fundamentalistas amenacen y monten show con ribetes de violencia verbal exacerbantes y la campaña en un póster, con un fusil M16 en mano, del candidato republicano Jesse Kelly que decía: “Pongan la Mira por la Victoria en noviembre. Ayuden a remover a Gabrielle Giffords de su cargo. Dispare con un automático M16 cargado con Jesse Kelly”.


Como resultado a todo lo anterior queda claro lo sucedido en Tucson, Arizona, uno de los estados más racista, xenófobo e intolerante políticamente, donde fue baleada a quemarropa la congresista demócrata Gabrielle Giffords, asesinadas seis personas y trece heridos por el joven de 21 años, Jared Lee Loughner, quien compró la pistola en la tienda Sportsman’s Warehouse por la cantidad de US$ 550.00; así de fácil, cumpliendo con todos los requisitos establecidos por el Gobierno federal y el estado de Arizona. Solamente le impiden comprarlas a aquellas personas que han sido encontradas culpables de un delito o declaradas mentalmente incompetentes.


En julio de 2010 entró en vigor otra ley estatal en Arizona que permite a los residentes portar un arma de fuego oculta sin necesidad de ningún entrenamiento (¿?). Para colmo de los colmos, el senador estatal republicano Ron Gould presentará una iniciativa que otorgará más derechos a los dueños de armas en el estado de Arizona que, en caso de ser aprobada, permitirá que todas aquellas personas que tengan “permiso” de portar armas podrán llevarlas a los colegios comunitarios y a la universidades públicas (¡!). ¿Qué pasó con las universidades privadas?, pregunto. Por otro lado y para remate, el grupo Arizona Citizen Defense League (Liga Defensa de Ciudadanos en Arizona), luego de lo ocurrido con la senadora Giffords, promoverá una ley que exija a los candidatos electos en Arizona realizar un entrenamiento de armas, incluyendo a su personal.


Como expresé al comienzo de mi artículo, USA va de regreso al lejano Oeste, “Wild, wild West”, matándose y/o defendiéndose unos a otros. Con este tipo de leyes a favor de las armas, sálvese quien pueda. Como dice Chespirito: “Y ahora, ¿quién podrá defenderme?


*Primera Actriz Nacional
Orden Independencia Cultural Rubén Darío y Medalla a la Excelencia