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En su reciente novela “La voluntad y la fortuna” (Alfaguara, 2008), Carlos Fuentes hace una descarnada descripción de las intrigas y luchas políticas por el poder en México y la influencia de la gran empresa en los partidos políticos y funcionarios del gobierno, todo esto agravado en los últimos años por el flagelo del narcotráfico, la guerra entre las mafias, la violencia, la inseguridad ciudadana y la temible presencia de sicarios, especializados en decapitar a sus víctimas.


Es, precisamente, la cabeza del principal protagonista de la novela, Josué Nadal, quien asume el papel de narrador en la novela: “Aquí está mi cabeza, perdida como un coco a orillas del Océano Pacífico en la costa mexicana de Guerrero”… “Yo, Josué, cuya única preocupación en este instante es no morderse la lengua. Porque aunque la cabeza esté cortada, la lengua busca hablar liberada al fin”…


No es el propósito de este artículo comentar los méritos literarios, que son muchos, de esta cruda novela de uno de los mejores escritores de América Latina, sino extraer de ella algunas de las opiniones que, a lo largo de la extensa narración, externan los personajes, principalmente el Lic. Antonio Sanginés, consejero de presidentes y grandes empresarios, sobre la praxis política, opiniones que no dejan de tener relación con lo que actualmente acontece en el quehacer político nicaragüense.


Sobre la decadencia de los principios que inspiraron la revolución mexicana, comenta el narrador: “No se percató de que los tiempos habían cambiado, la revolución se iba a volver institución, los guerrilleros se iban a bajar del caballo para subirse al Cadillac, no había más reforma agraria que la venta de lotes residenciales en Las Lomas, la libertad del trabajo acabaría con los obreros sindicalizados al mando de líderes sinvergüenzas, la libertad de prensa sería dispensada por un monopolio del papel”… “Una revolución en el poder que sólo se interesa en el poder, no en la revolución”…


En la frase: “Recuerda bien mi lección: hay que crear poderes económicos previos a los actos de gobierno”, explica, la tendencia de los autócratas a garantizar la continuidad de su control del poder o del partido, sobre la base de acumular una fortuna, aunque sea a costa del erario público, es decir, a costa del pueblo.


Sobre la apetencia por la reelección, el Lic. Sanginés advierte al presidente de turno: “La longevidad en el puesto es fatal para la reputación”… “No pretenda presidente alargar el sexenio o reelegirse”... “Prepárese a tiempo para abandonar el puesto, señor presidente. Solo será visto como un buen presidente si sabe ser un buen ex presidente”… “Recuerde que los presidentes empiezan en la luz de la esperanza y terminan en la sombra de la experiencia”… “Un mandatario llega con la historia y luego se va cuando la historia ya lo dejó o sigue”…


Para los gobernantes que constantemente violan la Constitución y las leyes, creyendo que porque fueron electos legalmente pueden hacer lo que les venga en gana, vaya la siguiente advertencia: “La legitimidad del origen no asegura, para nada, la legitimidad del ejercicio”… Y sobre la política, divorciada totalmente de la ética y de su propósito fundamental que es el bien público, vienen al caso las reflexiones siguientes: “¿Para qué sigo? La política es sólo la relación pública entre seres humanos. La libertad es la regulación del poder. Los hombres están locos y quisieran ver el origen del poder en la revelación sagrada, en la naturaleza, en la raza, en un contrato social, en la revolución y en la ley. Yo les digo que no. El poder es sólo el ejercicio de la necesidad, la máscara de la virtud y el azar de la fortuna”…


Y en cuanto a los políticos que pervierten la política, hay en la novela frases contundentes: “-La capacidad de autoengaño de un político es in-fi-ni-ta. El político se cree indispensable y permanente. Llega el momento en que el poder es como un automóvil sin freno en una  carretera sin fin. Ya no te preocupa meter el freno. Ni siquiera te importa conducir. El vehículo ha alcanzado su velocidad propia”.  El político “debe cultivar la desconfianza. ¿Es un defecto? No, porque sin desconfianza no se gana poder político o económico. El cándido no dura mucho ni en la ciudad de Pericles ni en la ciudad de Mercurio.” 

 
Y, finalmente, sobre el matrimonio entre el poder y la empresa, el consejero dice: “Cada parte, el poder, la empresa- tiene una especie de veto sobre la otra. Se unen cuando se sienten amenazadas por una tercera fuerza exógena, extraña a la endogamia del poder. El poder se origina en el poder, no fuera de él, como una célula se forma dentro de otra”.

Ojalá estas reflexiones lleguen a los oídos de quienes debieran escucharlas.