•  |
  •  |

En Nicaragua nadie se ha preocupado nunca realmente por el desempleo, pese a que ese es un flagelo que agobia a centenares de miles de personas. Es comprensible que las clases privilegiadas no se preocupen tanto por el desempleo, pues no sufren sus consecuencias en carne propia.


Se han dado, eso sí, muchas declaraciones demagógicas al respecto, pero la falta de interés en resolver el problema es fácil de demostrar en la práctica.  


El gobierno orteguista se proclama defensor de los pobres y en algunos aspectos puntuales ha mostrado acaso más interés por los desposeídos que los gobiernos anteriores, a través de diversos programas y proyectos.  En otros aspectos, como en el caso de la cancelada Cuenta Reto del Milenio, las acciones del gobierno han resultado contraproducentes  para el grueso de la población.


El gobierno ha promovido en el campo el programa “Hambre Cero”, cuyos resultados han sido insatisfactorios. También “Usura Cero” es otro programa dirigido a financiar a pequeños comerciantes urbanos cuya repercusión ha sido mínima.


A diferencia de lo que piensan los ideólogos de la derecha, considero que es absolutamente indispensable y urgente que el gobierno redistribuya la riqueza social a favor de los más desposeídos. Para hacer esto, existen sin embargo una serie de opciones, entre las cuales hay que saber elegir las mejores.


El gobierno se ha concentrado en aplicar medidas de carácter asistencialista, a través de subsidios, transferencias y donaciones.  Eso podría ser aceptable, pero hay algunos problemas con este procedimiento, como son los siguientes: 1) No se les puede resolver a todos, pues “no da la cobija” (véase el caso de los jubilados del INSS que piden una pensión mínima). 2) Los recursos no se emplean con máxima eficiencia (en Hambre Cero muchas cerdas regaladas  han resultado ahorcadas en los chiqueros o pocilgas). 3) Las ayudas permanentes e inmerecidas tienden a crear dependencia (muchos beneficiarios de programas asistencialistas han dejado de trabajar).


Existen, sin embargo, otras formas de promover el empleo productivo de las cuales, inexplicablemente, nunca se habla. Es muy probable incluso que el presidente Ortega no las conozca.


De hecho, existe un arsenal de medidas con las cuales el gobierno puede incrementar el empleo productivo. Son medidas que, en vista de la gravedad del problema, el gobierno está obligado a aplicar, en mayor o menor grado, y al margen de que algunas puedan llegar a resultar más exitosas que otras.


Mencionaré aquí, un tanto al azar, algunas de estas medidas que acuden a mi mente en este momento.
a)     El gobierno debería apoyar a los campesinos sin tierra, facilitándole el financiamiento para acceder a tierras de alquiler. Esta es una medida que tiene varias ventajas a su favor: 1) la práctica de alquilar tierras para trabajarlas en forma estacional está ya muy arraigada en el país, por lo cual existe una experiencia acumulada al respecto. 2) Se fomenta por esa vía el incremento de la producción agrícola 3) Se aprovechan las tierras ociosas.  Desde un punto de vista social, la medida está plenamente justificada: los campesinos sin tierras son personas más necesitadas que los beneficiarios de “Hambre Cero”, los cuales, para recibir su “bono productivo”,  tienen que ser minifundistas, o sea propietarios de parcelas que explotan en forma tradicional bajo un régimen familiar.


b)     El gobierno debe poner más énfasis en el desarrollo económico municipal. La inmensa mayoría de los alcaldes, tanto liberales como sandinistas, no tienen la menor idea de su responsabilidad—que es muy grande-- para promover el empleo dentro de sus territorios. Es necesario capacitarlos al respecto, a través de talleres y seminarios, y empoderarlos intelectual y materialmente para que se conviertan en los principales promotores del desarrollo económico local, aglutinando a su alrededor a todos los agentes socio-económicos locales en una estrategia consensuada de desarrollo. Esto debe hacerse así porque ellos son los únicos que cuentan con los medios materiales y humanos para encabezar esa iniciativa. Sobre este tema hay una amplia literatura y la cooperación internacional puede jugar un papel muy valioso para impulsar esta meta. Al mismo tiempo, debe fortalecerse el vínculo entre el gobierno central y los gobiernos municipales en la ejecución de proyectos productivos conjuntos, que sean generadores de empleo. El gobierno central debería contar con un ejército de asesores técnicos capaces de trasladarse a cualquier municipio del país para fortalecer la gestión local en cualquier campo que se requiera. Ese sería un destino encomiable para los recursos que proceden de la ayuda venezolana.  Es inadmisible que se siga dando un fenómeno que he constatado muchas veces, y es la inexistencia, en ciertas alcaldías remotas, de personal calificado para hacer frente adecuadamente a los retos económicos que se presentan. En cada alcaldía del país debería existir una oficina o departamento de dedicado a promover, por todos los medios, el desarrollo económico y la creación de empleo dentro del municipio.


c)     El gobierno debería fomentar lo que se conoce como “incubación de empresas”, para paliar el desempleo en las áreas urbanas, donde existen profesionales desempleados con un alto nivel de calificación.  Una incubadora de empresas es un proyecto o empresa que tiene como objetivo la creación o el desarrollo de pequeñas empresas o microempresas y el apoyo a las mismas en sus primeras etapas de vida. En muchos casos, las incubadoras de empresas son proyectos de iniciativa pública con el objetivo de fomentar la creación de nuevas empresas en una zona geográfica concreta. Las incubadoras suelen dar apoyo a los nuevos empresarios tanto en aspectos de gestión empresarial (plan de negocio, marketing, finanzas, etc.) como en el acceso a instalaciones y recursos a muy bajo precio e incluso de forma gratuita (local, teléfono, etc.). Con este apoyo se pretende disminuir el riesgo inherente a la creación de un nuevo negocio.


d)     Debería fomentarse el empleo incentivando a todos aquellos productores que lancen o implementen proyectos que sean intensivos en el uso de mano de obra. Esto se da, en lo concerniente al  área rural,  en el caso de ciertos tipos de cultivos muy exigentes, y de la crianza de animales, que generan alto valor agregado. En un viaje reciente a El Salvador, pude saborear en un bar una deliciosa hamburguesa de pavo. Al preguntar, me enteré de que existen ahí granjas avícolas para la crianza de pavos, que generan carne de pavo suficiente para abastecer la demanda local, a un precio competitivo con la carne de pollo. Ahora bien, si existen en El Salvador, ¿por qué no podrían existir también en Nicaragua este tipo de granjas? Otro proyecto interesante dentro de esta categoría es la crianza de los bueyes de agua, los cuales fueron introducidos por el general Omar Torrijos en Panamá, y fueron también uno de sus proyectos económicos favoritos. Estos semovientes tienen una serie de cualidades, como lo son:  no ser exigentes en cuanto a su cuido ni a su alimentación, representan  una fuente valiosa de proteínas y se adaptan idealmente a las condiciones pantanosas prevalecientes en la Costa del Caribe nicaragüense. También podría fomentarse, por ejemplo, en granjas especializadas, la crianza artificial  de lagartos, cuya piel es muy cotizada para la fabricación de bolsos, carteras y otras artesanías de lujo.


e)     Proyectos de carácter mixto. Si bien la experiencia de la llamada Area Propiedad del Pueblo, que funcionó en los años ochenta, fue desastrosa, es factible que el gobierno se involucre en la creación de ciertas condiciones, infraestructurales y logísticas, que permitan ejercer diversas actividades productivas por parte de productores privados individuales. Ejemplo: En la China continental, el gobierno ha construido granjas piscícolas, subdivididas en muchos estanques, las cuales arrienda a criadores privados de peces, que pagan un cierto alquiler por usar las instalaciones, y reciben asesoría técnica y otras facilidades de parte del gobierno. Esto ha permitido aumentar la producción artificial de peces, que permiten enriquecer la dieta popular  y crear fuentes de trabajo para muchas personas desempleadas. Estos proyectos el gobierno puede impulsarlos otorgando  concesiones a empresarios privados para que se encarguen de materializarlos  y de operarlos, de acuerdo a lineamientos que el gobierno establecería de antemano.

He citado algunos ejemplos de algunas medidas que podrían tomarse para combatir el  desempleo en Nicaragua. No hablo aquí de parques tecnológicos o industriales, pese a su importancia, porque acaso no exista el nivel técnico para implementarlos. Es posible que no todos los mecanismos citados para crear empleo sean aprovechables, por una razón u otra. Puede ocurrir, asimismo, que existan otras medidas más idóneas que las que aquí he propuesto. En cualquier caso, eso no es lo importante. Lo que resulta vital en este particular es adoptar frente al desempleo una actitud proactiva para combatirlo, superando la actitud resignada y fatalista que ha prevalecido hasta ahora.


El gobierno tiene los medios para hacerlo. Los ciudadanos estamos obligados a presionarlo para que los aplique.

*Economista.