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No me gusta la explotación de los animales para entretener a las masas. El circo tradicional tiene su gracia, pero la gente acude por morbo para ver tigres enjaulados que responden a latigazos furiosos, elefantes en dos patas siguiendo las órdenes de sus domadores, caballos que dan vueltas en círculos como potros desenfrenados, monos vestidos de payasos, malabaristas, etc.


Más o menos por estas fechas se monta un circo también en Granada, un circo un poco diferente a los circos tradicionales, sin embargo, un circo donde la protagonista es la palabra disfrazada de poesía. Por el lado positivo, el Festival Internacional de Poesía de Granada es una oportunidad para rescatar los valores literarios nacionales, elevar nuestra cultura a niveles internacionales, situarnos en el mapa de las artes por un breve pero intenso espacio de tiempo grabado en la conciencia masiva de los presentes.


El festival de poesía también rinde homenaje, año con año, a alguna figura importante de nuestro país con el fin de enaltecer y difundir su legado, desempolvarlo, rescatarlo y promoverlo al mundo, lo cual también es positivo. Es una oportunidad para tomarle el pulso a lo que se está haciendo en Nicaragua y de esta forma medir nuestras propias fuerzas creativas. Es un espacio de recreación, es una ventana cultural, es una celebración que nos permite a los nicaragüenses olvidarnos por un momento de la política y su respectivo zoológico anclado en la asamblea nacional o las instituciones del estado.


Todo eso es bueno y hay que seguirlo promoviendo, todo eso es un acierto cuyo epicentro es Granada y cuyos invitados enriquecen nuestro acervo, nuestro patrimonio artístico, nuestra esencia creadora, en fin, aplausos por eso.


Sin embargo, el festival también tiene sus bemoles, sus trabas y sus inconveniencias, las cuales también vale la pena mencionar, además de sus virtudes.


El festival difunde obras de teatro experimental y no experimental, folclor, pólvora, colores, micrófonos abiertos (sobre este tema me extenderé después), gigantonas cuyos enanos cabezones danzan en sus faldas, etc. Sin embargo, cuidado, pues la poesía es un oficio interiorista, y aunque al momento de publicar una obra se proyecta el ingenio de un autor hacia las masas que la esperan, convertir un poema en una fiesta no siempre termina siendo el más sano entretenimiento para la literatura de ningún país del mundo. Convertir un oficio tan sagrado como el de la poesía, en una especie de circo donde los autores acuden para elogiarse y aplaudirse entre ellos, poetizar al aire libre y manosear sus egos creativos, no es precisamente la virtud de nuestro festival.


El festival de poesía también tiene otro lado flojo y cuestionable. Me refiero a su carácter maratónico. Como si se tratara de una actividad deportiva, la poesía pierde profundidad y sabor cuando se lee sin parar por horas y horas, sin tomar en cuenta que se está frente a la inspiración materializada en los versos leídos por los autores que los depositan en las urnas de nuestra imaginación.


La poesía no puede reducirse a un evento social donde un poeta termina de leer a fuerza de reloj para que inmediatamente empiece otro, y así sucesivamente luego de una larga espera por parte del público para coronar la actividad prevista en la agenda de siete días.


Así no funciona ni se transmite la inspiración de nadie a nadie. Y es allí donde este bello evento pierde su dulzura.
Por el otro lado, la congregación de tantos idiomas y la lectura de poemas en tantas lenguas distintas, terminan por afear el evento, dispersar y atontar al público nicaragüense. Si tomamos en cuenta que los autores rusos leen en ruso, o los norteamericanos en inglés, o los africanos en sus lenguas nativas, entonces no estamos aportando nada para nuestro público, porque obviamente no todos somos políglotas para entender estas lenguas.


En todo caso, para diversificar y mantener en estado puro el carácter internacional del festival, haría falta que además de que los autores extranjeros lean en sus propias lenguas, también existan lecturas traducidas o folletos donde aparezcan dichos poemas trasladados a nuestro idioma, de tal forma que se puedan aprovechar dichas obras y valorarlas como se merecen.


Por último, quiero referirme al tema de los micrófonos abiertos. Por un lado, está bien que existan ya que esto permite que los poetas “no oficiales” compartan sus obras y se den a conocer abiertamente. Sin embargo, en medio de esta generosidad bien intencionada, se puede perder la esencia de la poesía, que, a fin de cuentas, es un oficio que va más allá de un poema que se escribió de pronto, solo porque el contexto facilitaba su creación y no porque realmente haya una vocación, una edición, y un criterio acertado detrás de la elaboración del mismo.

*grigsbyvergara@yahoo.com