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Este cuento lo escuché de labios de mi madre hace ya muchos años. Entonces, no  imaginaba la importancia que iba a tener en mi vida… porque casi todos los conflictos  se reducen a una falta de comprensión, y de entendimiento. Cuatro peregrinos de  diferentes países se encontraron en el camino a un santo monte. Vivían de la  generosidad de las gentes y una vez que una persona les dio unas monedas para los  cuatro decidieron comprar algo para comer juntos.

El persa dijo:
- Yo quiero comer angur.

El árabe replicó:
- Ah, pues a mí lo que me apetece es inab.

Protestó con violencia el turco:
- De eso nada, yo lo que quiero comer es uzum.
- Bueno, bueno, - dijo con algo de chanza el griego -, después de tanto caminar con  vosotros, hermanos musulmanes, mi paciencia no se aviene a comer cosas extrañas, yo  quiero comer stafil. Y no se hable más.
- ¿Cómo que no se hable más?, - gritaron al unísono los otros tres.


Se armó tal trifulca que los peregrinos llegaron a insultarse con violencia como si se les  fuera en ello la vida, y hasta su identidad nacional, religiosa o étnica. Menos mal que  pasó por allí un hombre sabio, ducho en lenguas, y al ver la algarabía que se había  formado, les pidió el dinero y se fue a comprar lo que todos deseaban. Al cabo de un  rato, regresó con sendos racimos de uvas que era lo que cada uno de ellos había pedido  en su propia materna.

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