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Por Shaukat Aziz OXFORD Los mercados emergentes- Brasil, China, India, Indonesia, México, Rusia, Turquía, y otros 15 países en África, Asia, Europa y América Latina- representan una porción de crecimiento acelerado de la población y la economía mundial. Pero sus gobiernos se enfrentan actualmente con uno de los principales desafíos del siglo XXI: crear soluciones de salud pública acordes a la velocidad y el volumen de la urbanización. Los cuatro mercados emergentes más grandes representan más del 40% de la población mundial y tienen un PBI en conjunto de casi 9 billones de dólares. Se espera que sus economías superen a las de los países del G-7 para el 2030, y que, para el 2050, Brasil, China, India, México y Rusia sean, junto con Estados Unidos, las economías dominantes del mundo. Sin embargo, hoy, las ciudades de estos países deben lidiar con problemas económicos y sociales que son más agudos, más urgentes y de una magnitud inmensamente mayor que aquellos que tuvieron que enfrentar las ciudades europeas y americanas en los siglos XIX y XX. Un desafío principal es administrar las consecuencias del crecimiento explosivo de las poblaciones urbanas. Más de la mitad de la población mundial vive actualmente en ciudades.

 

En mi propio país, Pakistán, Karachi está creciendo a un ritmo de 1.000 personas por día. La migración masiva a áreas urbanas, el alto desempleo, los salarios bajos, las malas condiciones de vivienda y saneamiento, una infraestructura inadecuada y la privación social son síntomas compartidos por los centros económicos donde el crecimiento demográfico no estuvo acompañado por estrategias cohesivas de políticas de salud pública. Como acordaron los líderes gubernamentales, empresariales y académicos en una reunión reciente que se llevó a cabo con el auspicio del Simposio de Mercados Emergentes, la promesa de los países de mercados emergentes no se materializará si sus ciudades, y consecuentemente sus economías, no son saludables. Un informe fundamental de 1995 sobre el desarrollo humano escrito por mi compatriota Mahbub ul Haq resaltaba las diferencias entre la seguridad humana vista como seguridad personal y como seguridad nacional. Él usó indicadores de desarrollo humano en lugar de indicadores nacionales agregados para medir el progreso económico y social. Su propuesta fundamental era que el desarrollo tiene que ver con la gente.

 

Nada es más esencial para la seguridad humana que la salud, que permite la elección humana y la libertad humana y apuntala el desarrollo humano. A menudo nos focalizamos en la atención sanitaria y enfatizamos los roles de la medicina y de los médicos. Pero la salud también tiene que ver con el bienestar, la seguridad de la vida y la capacidad para trabajar y aprender. Como dijo el economista y filósofo Amartya Sen, “la salud es una precondición para la eficacia funcional en todo un rango de actividades humanas.” Incluso mientras la carga de enfermedad en las ciudades de mercados emergentes vira de enfermedades infecciosas a enfermedades crónicas, las poblaciones urbanas siguen siendo vulnerables a enfermedades epidémicas, enfermedades infantiles originadas por la desnutrición, al VIH/SIDA, a la malaria, a la tuberculosis y a trastornos mentales arraigados en el desempleo y en la pobreza. También son vulnerables a la muerte y a lesiones causadas por desastres naturales y accidentes de tránsito- y a las consecuencias para la salud del desorden y la descomposición social. La velocidad del crecimiento urbano y de la resultante concentración de la pobreza ha sobrepasado la capacidad de algunos gobiernos nacionales y municipales de proveer servicios –vivienda sustentable y accesible, agua potable y saneamiento, y educación- esenciales para la salud pública urbana. Pero lo que sí ofrece la concentración de gente y actividad económica en las ciudades y mega-ciudades de mercados emergentes son oportunidades invaluables y considerables para construir infraestructura relacionada a la salud y para ofrecer servicios de atención sanitaria. Deberían tomarse varias medidas. Los gobiernos de los mercados emergentes deben ocuparse de los asuntos críticos que surgen como consecuencia de una mala coordinación dentro y entre los gobiernos municipales y nacionales en materia de políticas y programas de salud y atención médica. Deberían considerar reformas que incluyan darles a los gobiernos de las ciudades la autoridad, los recursos y la responsabilidad que necesitan para encarar los resultados en el terreno de la salud y la atención sanitaria. Es preciso implementar una planificación urbana anticipada, basada en pronósticos demográficos realistas, en registros de pacientes y en sistemas de información de salud, así como una participación en redes urbanas de conocimientos médicos.

 

Los sistemas y las reformas ya probadas se deben compartir entre las ciudades de mercados emergentes, y las innovaciones e ideas novedosas y exitosas deben adaptarse a las condiciones locales. Esto incluye tecnologías nuevas y accesibles, como telefonía celular de bajo costo, para ser usadas por los trabajadores comunitarios en el área de la salud. En Pakistán, por ejemplo, de una población de 160 millones de habitantes, 60 millones están suscriptos a un servicio de telefonía móvil. Los celulares pueden ser de utilidad para ofrecer una atención médica urbana accesible ya que pueden servir como herramientas de diagnóstico para tomar fotografías, y para redactar recetas y monitorear el estado de los pacientes de zonas de bajos ingresos. En pocas palabras, la salud pública urbana necesita ser reinventada. La salud de las ciudades –y países- de mercados emergentes no requiere menos que eso. Shaukat Aziz fue primer ministro de Pakistán. Copyright: Project Syndicate, 2011. www.project-syndicate.org