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Fue un período de rápido crecimiento, tanto en las economías del centro como en las subdesarrolladas, propulsado, en parte, por la masiva reconstrucción de Europa y del Este asiático como consecuencia de la II Guerra Mundial, y en parte, por la nueva configuración socio-económica institucionalizada bajo el nuevo estado keynesiano, siendo su aspecto clave: los rígidos controles estatales de la actividad de mercado, el uso agresivo de políticas fiscales y monetarias para minimizar la inflación y la recesión, salarios relativamente altos para estimular y mantener la demanda.


Dicho período terminó a mediados de los 70, cuando las economías del centro se vieron inmersas en la “estanflación”, es decir, “en la coexistencia de un bajo crecimiento con una inflación alta”, lo que la teoría económica neoclásica consideraba imposible.


Sin embargo, sabemos que la “estanflación” ha sido el síntoma de causas más profundas: la reconstrucción de Alemania y del Japón, el rápido crecimiento de economías en vías de industrialización, como Brasil, Taiwán y Corea del Sur, lo que añadió una enorme capacidad productiva e incrementó la competición global, mientras que la desigualdad social, dentro de cada país, y entre países, limitó globalmente el incremento del poder adquisitivo y de la demanda, erosionando la tasa de beneficio. La drástica subida del precio del petróleo en los setenta agravó más  la situación.


El derrumbe de Wall Street fue producto de la codicia y la falta de regulación estatal de un sector hiperactivo, seguido de la crisis de sobre producción que ha venido socavando al capitalismo re mundializado desde mediados de los 70.  Es la tendencia del capitalismo a construir una ingente capacidad productiva que termina por rebasar la capacidad de consumo de la población debido a las desigualdades que limitan el poder de compra popular.  


El capital elaboró sondeos de vías de salida de la dificultad de la sobreproducción: la reestructuración neoliberal, la globalización y la financiarización:
La reestructuración neoliberal tomó la forma del reaganismo y del thatcherismo en el Norte y del ajuste estructural en el Sur. El objetivo, fue revigorizar la acumulación de capital consiguiendo: remover las restricciones estatales al crecimiento, al uso y a los flujos de capital y de riqueza.


El problema de esa fórmula es que, al redistribuir el ingreso en favor de los ricos, han estrangulado el ingreso de los pobres y de las clases medias, lo que provoca la restricción de la demanda, sin inducir necesariamente a los ricos a invertir más en producción.


Otra vía de escape global sondeada por el capital para enfrentarse a la “estanflación” es la “acumulación extensiva” o globalización, es decir, la rápida integración de las zonas semi-capitalistas, no-capitalistas y pre-capitalistas a la economía global de mercado.


La economista y revolucionaria alemana Rosa Luxemburgo, captó este mecanismo hace tiempo, viéndolo como necesario para restaurar la tasa de beneficio en las economías metropolitanas: ganando acceso al trabajo barato; obteniendo mercados nuevos y limitados; ingresando nuevas fuentes de productos agrícolas y de materia prima barata; y creando nuevas áreas para inversión en infraestructura.


A través de la liberalización del comercio, se produce la integración, removiendo los obstáculos en la movilidad del capital y aboliendo las fronteras para la inversión exterior. China, es el caso más destacado de un área no-capitalista integrada en la economía capitalista global.  


Según la revista Fortune, más de 500 corporaciones empresariales han trasladado sus operaciones a China para paliar sus declinantes beneficios, a fin de aprovechar las ventajas de costes provenientes del trabajo barato. A mediados de la primera década del siglo XXI, más del 40% de los beneficios de corporaciones estadounidenses procedían de sus operaciones y ventas en el exterior, y señaladamente, en China.


El problema con esta vía de salida del estancamiento es que exacerba la sobreproducción, porque añade capacidad productiva. La China ha añadido un gran volumen de capacidad manufacturera, teniendo como resultado la depresión de los precios y los beneficios.


La tercera vía es la financiarización: el mundo ideal de la teoría económica neoclásica, el sistema financiero es el mecanismo al cual los ahorradores, o quienes poseen fondos excedentes, se juntan con los empresarios que precisan de sus fondos para invertir en producción. Esta vía resultó vital para mantener y elevar la rentabilidad, debido a las limitadas ganancias obtenidas por el impacto depresivo de la sobreproducción, a través de la reestructuración neoliberal, y la globalización.  


En el mundo real del capitalismo tardío, con la inversión en industria y en agricultura arrojando pobres beneficios por causa de la sobreproducción, grandes cantidades de fondos excedentes circulan y son invertidas y reinvertidas en el sector financiero; o sea que, éste gira sobre sí mismo.


Como resultado se ensancha la abertura entre la economía financiera hiperactiva y la economía real, creando desconexión entre las dos economías  en estos últimos años. La segunda ha crecido, pero no se compara con la primera, la desconexión entre dichas economías no es accidental: la financiera se disparó precisamente para hacer frente a la sobreproducción de la real.


Puesto que sus provechos no están basados en la creación de valor nuevo o añadido, el resultado de las operaciones de inversión son volátiles, y el coste de las acciones, las obligaciones y otras inversiones pueden divergir de su valor real: por ejemplo, las acciones en empresas de Internet se mantuvieron elevadas, sosteniéndose por valoraciones financieras en espiral, luego se desplomaron.


Entonces, los beneficios dependen del aprovechamiento de las ventajas ofrecidas por movimientos de precios que divergen al alza del valor de las mercancías, para vender oportunamente antes de que la realidad fuerce la “corrección” a la baja para ajustarse a  los valores reales.


El alza radical de los precios de un activo, mucho más allá de los valores reales, “es lo que se llama la formación de una burbuja”. La rentabilidad depende de golpes especulativos, no resulta sorprendente que “el sector financiero vaya de burbuja en burbuja, o de una manía especulativa a otra”.  

*Diplomático, Jurista y Politólogo.