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Jugar “bajo protesta” es un término muy común en deportes, y particularmente popular en la jerga beisbolera:  cuando antes de empezar el partido se advierte, por uno de los contendientes, alteraciones en las reglas del juego (jueces evidentemente parcializados, inscripción de jugadores no autorizados, o el no registro de quienes si pueden hacerlo, etc) que pueden predeterminar el resultado del partido que no ha empezado. O bien cuando ya iniciado el partido, se producen algunos de esos hechos irregulares. En este caso, se continúa jugando “bajo protesta”.

Algo semejante está ocurriendo a la oposición en el proceso que se puso en marcha desde que el Consejo Electoral de facto publicó el calendario electoral. Ante la inminencia de fechas claves   -la de inscripción de Alianzas Políticas y la de presentación de las candidaturas de Presidente y Vicepresidente-   resulta obvio que la oposición ha decidido, frente a la opción de la abstención que en el caso de Venezuela en el 2005 dejó la vía libre para que Chávez consolidara “legalmente” su modelo autoritario, ha decidido participar en el juego electoral, pero “bajo protesta”.

Si de oposición se trata, nos estamos refiriendo a la Unidad Nicaragüense por la Esperanza (UNE), que es efectivamente de oposición, y no a la candidatura del ex Presidente Alemán que  -aunque la casi totalidad de los liberales constitucionalistas efectivamente son opositores-  por el pacto con Ortega y los hechos posteriores que han permitido su regreso al gobierno y su consolidación en el poder, resulta ser más un socio del actual Presidente.

Pero dejando este último hecho aparte, que la oposición juegue “bajo protesta” tiene inmensas consecuencias. De hecho, el desequilibrio a favor del gobierno de todas las reglas del juego electoral ya ha adelantado un hecho extremadamente adverso para Ortega y sus pretensiones continuistas: la presunción del fraude está nítidamente establecida. En las condiciones del proceso electoral, jamás el FSLN podrá reclamar ni legalidad ni legitimidad de un triunfo.

Es decir, probablemente sin quererlo, el gobierno se está dando con su propia piedra en los dientes. Y, por lo demás, como ocurre en tantos partidos de béisbol jugados “bajo protesta”, quien lo protestó, lo ganó. Y así ocurrirá en noviembre.