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El comunismo en Latinoamérica se nos inculcó parcializado, no nos hablaron de su ámbito más siniestro. Se sigue presentando como “el fin de la explotación del hombre por el hombre”, pero la historia ya lo contradijo. Demostró, que solamente es otra ortodoxia empuñando una verdad absoluta, que oculta bajo su peana como las demás, el sacrificio, la sangre y las osamentas de millones de inocentes.


Los que combatimos por su causa fuimos estafados, arriesgamos la vida para terminar con la opresión, no para sustituirla con una similar a la del Leviatán de Thomas Hobbes. Los que sobrevivimos al intento y atestiguamos la debacle en Cuba y Nicaragua, que convirtió en millonarios a los jefes del partido, tenemos la obligación moral de denunciar el engaño que ahora también arrastra a Venezuela.


A pesar de la atroz evidencia histórica que afloró tras la caída del muro de Berlín y las dictaduras comunistas en Europa. Filósofos, historiadores, escritores, periodistas y artistas célebres, continúan faltando a la verdad. Atacan con justicia los crímenes de la derecha, pero escoltan con cinismo la barbarie de la izquierda.


Hay quienes conocen ciertos horrores pero callan para “no favorecer al enemigo”, dice Antonio Muñoz Molina, para quien esta izquierda se niega a reconocer, “que la opresión y el crimen cometidos en nombre de la justicia son tan repulsivos como los que se cometen en nombre de la superioridad racial”. “Basta que un dictadura se proclame de izquierdas para que sus abusos merezcan la indulgencia de quienes nunca correrán el peligro de sufrirlos”.


No se puede construir la sociedad sin clases con actos de crueldad o exclusión. Persiguiendo, encarcelando y asesinando a los que se oponen al pensamiento único. “no los queremos, no los necesitamos” les dijo Castro a los expulsados del 80 y ahora necesita de sus dólares para que su paupérrima economía no termine de caer. En su socialismo la segregación se enaltece como un valor revolucionario. Ya Rosa Luxemburgo le decía a Lenin, que la libertad, era también la misma libertad de los que pensaban diferente.


Del pasado regresan nombres soterrados. Mártires como Pedro Luís Boitel. Vejados como Néstor Almendros o André Gide. Condenados como Nicolai Vasilóv, Vasili Grossman o Margarete Buber-Neumann. No son la excepción, son la punta del iceberg de los discriminados. De intelectuales, artistas, científicos, de revolucionarios, cuyas vidas fueron arruinadas o extinguidas en el altar de “la doctrina del pueblo”.


No se puede construir el destino de la humanidad desde el atraso económico y tecnológico. El 80% de las exportaciones de Rusia, el país más extenso y rico del mundo, el primero en sacar un hombre al espacio, continúan siendo puras materias primas. En el ranking de patentes en vigor, Rusia aparece en el puesto 11, pero la diferencia con Estados Unidos que ocupa el primer lugar, es el número de ellas, 147 mil vs. 1.8 millones.


El poderoso veneno doctrinario inhibe la ciencia. De las Alemanias, la tecnológica fue la federal. Ni China va a sostener su crecimiento dependiendo de las decisiones del partido, muchas oportunidades de negocios las pierde por esa vía. Sin democracia, no va a competir con Japón, Alemania o Estados Unidos, en la desafiante carrera por la calidad total y el mayor valor agregado.


Stalin despreció los aciertos de Darwin y de Mendel por ser “teorías burguesas”, inadaptables al totalitarismo. Rusia entró en una profunda crisis agronómica, dirigida por un campesino fiel a la ignorancia del tirano y Nicolai Vavilóv, una autoridad mundial en fitogenética terminó muerto en la Siberia.


Cuenta el chiste, que una oveja intentó salir de Rusia por entonces, cuando en aduana le preguntaron porqué, dijo: por la policía secreta, es que Stalin ordenó arrestar a todos los elefantes. Pero usted no es un elefante, intente explicarle eso a la policía secreta, replicó la oveja.  


Cuba lleva décadas anunciando milagrosas vacunas mitológicas. La propaganda también dijo que producirían más leche que Holanda. El fracaso del CENIC o el exiguo resultado del CIGB, están signados por la megalomanía del Gran Líder que se cree genio. Los científicos castristas están en los laboratorios no por sus conocimientos, sino por su lealtad a las ideas del “comandante”. ¡Ay! de los que se atrevan a contradecirlo.


En Venezuela Chávez ya “limpió” el IVIC, la única entidad científica del país. Habían muchos burgueses, escuálidos (pro imperialistas) que no hacían ciencia para el pueblo. Gioconda San Blas, una bióloga molecular resumió así la torpeza: “El gobierno no tolera las verdades científicas que le son incomodas”: En un estudio nutricional con niños menores de 2 años, el 70% resultó desnutrido.


Cualquier parecido con Nicaragua no es pura coincidencia. “Dentro de la revolución todo, contra la revolución nada” les dijo el maestro de Ortega a los intelectuales en La Habana en 1961. El dogma todo lo devuelve al peor mecenazgo medieval, la ciencia, el arte o la cultura. Tal vez por eso Milan Kundera acuñó esa frase que aturde: “En el socialismo, nadie sabe el pasado que le espera”.