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Los padecimientos personales actuales, desde distintos enfoques, tienen con frecuencia su origen en traumas ocurridos y no resueltos en algún momento anterior, requieren ser identificados y reconocidos para superar los males presentes.  Lo mismo puede ser aplicado a los conflictos y a las crisis actuales que suelen venir del comportamiento histórico, social y político, que, mientras la sociedad, este colectivo disperso y heterogéneo no sea capaz de entender, superar y dejar atrás, seguiremos, no sólo anclados en el pasado remoto y próximo, sino que con el infortunio indeseable de continuar repitiéndolo de manera compulsiva.  El reto personal y social es interrumpir su continuidad.


Freud (1856 – 1939) identificó como “compulsión a la repetición” el impulso que puede ser con frecuencia irresistible, de volver a las experiencias emocionales dolorosas que sucedieron antes. Ernest  Jones (“Escritos sobre el psicoanálisis”, 1938) la define como “el impulso ciego de repetir experiencias y situaciones anteriores, independientemente del punto de vista del placer-dolor”.  La simple voluntad suele ser incapaz de vencer la compulsión.


Para ayudar al individuo a superar los problemas que padece, el terapeuta precisa traer a  la conciencia todos los traumas, no sólo los más recientes. Si fuera la nación y la sociedad, requerimos rememorar la historia, no con vista retrograda y tradicional, sino con visión constructiva del cambio y superación de errores y desaciertos para romper los obstáculos y dejar las cargas inútiles.
No todo el mundo lleva de la misma manera ni con la misma intensidad y duración  el peso de las crisis pasadas, ni los individuos ni los grupos sociales ni las naciones.  No es posible concentrarse en el presente sin haber superado las secuelas indeseables que siempre se van proyectando por delante como escribió Joyce en Ulises. El aprendizaje socio histórico ha sido distinto entre los pueblos, en parte por los conflictos internos y externos, por las experiencias vividas, pero también, principalmente, por la forma en que han sido abordadas, pospuestas, agravadas o resueltas.


Si se supera el olvido, al examinar la experiencia, se puede adquirir conocimiento. El aprendizaje requiere vivencia y práctica, si no se ha sufrido no se aprende, pero se pudo haber sufrido sin aprender. El acto de recordar y experimentar un trauma inicial, de reexaminar y descubrir lo ocurrido, es el camino certero que puede llevar a curarlo y evitar repetirlo. La historia compartida estudiada y aprendida con profunda responsabilidad, es para la nación como el psicoanálisis puede ser para el individuo.


Lo que los sicólogos y siquiatras llaman “la curación del niño interior” tiene validez para referirnos a la curación social desde la temprana edad, en distintas etapas previas a la existencia actual, o desde los orígenes y acontecimientos de los pueblos y estados.  En el hoy, con sus condiciones políticas, económicas, sociales y culturales está el pasado con las deformaciones elaboradas por los grupos de poder o dominantes, allí radica el enfoque de los fracasos, errores y aciertos, están allí, en las encrucijadas históricas que llevaron hacia un rumbo u otro. La época presente recoge en su seno a las anteriores; la actual estará siendo parte de las posteriores, simplemente como consecuencias.


Es necesario comprender los patrones repetitivos de la conducta pasiva, indiferente, agresiva y destructiva, no sólo desde el individuo, sino, también desde la sociedad, un colectivo que no es la simple suma de individualidades, sino que el agregado de factores históricos, herencias culturales, sociales y biológicas, influencias externas e interacciones internas, desconfianzas, pasiones y padecimientos conocidos y desconocidos.


El inconsciente colectivo es como una fuente de energía e información que contiene el conocimiento y los recuerdos de la raza humana y sus pueblos. Los pacientes individuales y los grupos sociales mejoran, cuando las influencias desagradables históricas, los desaciertos y crisis han sido desenredados. El inconsciente es individual y también inconsciente social, fue estudiado por Carl Jung (1875 – 1961) en la sicología analítica. Según este siquiatra, existe un lenguaje común en los seres humanos en todos los tiempos y lugares, hay símbolos o estereotipos primitivos que expresan la psiquis que está más allá de la razón.  El siquiatra Brian Weiss (USA, 1944), quien a través de la hipnosis ha realizado terapias de regresión con numerosos pacientes afirma que le ha permitido identificar “traumas ocurridos en vidas pasada” para superar los males actuales.


En el interior de cada célula del cuerpo se encuentra nuestro genoma constituido por una larga cadena de tres millones de pares bases que forman los escalones de doble hélice retorcida de ADN (acido desoxirribonucleico).  El código genético, la estructura del ADN, la molécula de la vida, fue codescubierto por el norteamericano Watson y los británicos Crick y Wilkins quienes recibieron el Premio Nobel de Medicina (1962).  Watson, quien ha sido polémico por algunas de sus declaraciones señaladas de racistas, atribuye igual importancia en el comportamiento de las personas, a la naturaleza y el entorno. Afirma que la influencia genética determina muchas enfermedades humanas, parte de la agonía contemporánea se debe a errores en la replicación del ADN y no a la maldad aprendida por los seres humanos.  Hay cosas sobre la existencia, el cerebro, el inconsciente y la herencia, que aún no se logran comprender suficientemente para explicar con certeza todos los ámbitos de nuestra vida. Las experiencias ancestrales del ser humano han quedado grabadas en su código genético.


Requerimos ver más allá de nuestra limitada existencia y de los intereses particulares excluyentes, ver la historia con nuevos ojos, no para quedarnos prisioneros de ella, sino para aprender y no volver sobre los reveses no asimilados y obsesivamente reproducidos. ¿Cuándo comenzaron y fueron repetidos los traumas de nuestra historia, dónde están las encrucijadas que requieren desenredarse y originan violencia social, política y delictiva, pobreza, exclusión, intolerancia, desconfianza, corrupción, autoritarismo,…? ¿Cuándo se jodió el país; cuando comenzaron y continuaron jodiéndose las cosas? ¿Qué generó el panorama de violencia, impunidad e iniquidad que prevalece en Guatemala, las pandillas, la violencia delictiva y la desigualdad persistente en El Salvador, la dramática situación de violencia, deterioro social y corrupción pública que aturde gran parte de México, y las fisuras político social e institucional de intolerancia y pobreza que arrastra Nicaragua?


Los padecimientos, experiencias, intereses y características de los individuos que integran los grupos sociales, afectan su actitud, estado de ánimo, generan condicionalidades, formas de ser y particularidades en su personalidad y comportamiento que tendrán un reflejo en la sociedad. Me pregunto y sin tener respuestas definitivas, las que dependen de las posiciones y ópticas en las cuales nos encontramos: ¿en nuestra cultura y conducta sociopolítico, podríamos identificar algunos factores genéticos que condicionan el comportamiento colectivo, que, agregados a factores del entorno histórico y socioeconómico, interno y externo, determinan nuestra forma de ser y abordar nuestros problemas? ¿Qué tan influyente es lo uno y lo otro? ¿Nos lleva a la repetición compulsiva? ¿Cómo evitarlo, cuál es el camino?

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