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Iblis, el mentiroso
La inminente caída de Muammar El Gadaffi, ha sido anunciada por la brutal represión y el bombardeo contra su pueblo, comparable a la sufrida por los barrios orientales de Managua en los últimos días de Somoza. Le ha hecho asomar su temible rostro de Ifrit, genio malévolo y rencoroso que según la mitología árabe detestan a los humanos. La tahona de todos ellos según Las Mil y Una Noches es Iblis, el mentiroso, que se negó ante Alá a postrarse ante el primer hombre de la creación. El Ifrit de Libia, con 42 años haciendo de las suyas, ha sido la pesadilla de Occidente y si no fuera porque su terrorismo ha producido tantas muertes, sería un supervillano de historieta al estilo del Doctor Malito. Era hasta hace poco un paria internacional, que buscó cómo romper su aislamiento haciendo indemnizaciones millonarias a las familias de las víctimas de una serie de atentados realizados en Europa en los 80. Procedente de uno de los lugares más inhóspitos de la tierra y de la tribu beduina Gaddafa, nació en una tienda del desierto y llegó al poder por un golpe de Estado cuando tenía 27 años y era capitán del ejército. Miembro de una familia nacionalista, estudió para abogado pero prefirió hacerse militar con miras al poder absoluto. Su talante estrafalario y su arrogancia, ocultan a un hombre inseguro y depresivo que se escondía entre las dunas. Será recordado como el Iblis que apareció en la incendiada Trípoli con un paraguas para decir que no se va.

El “hermano” de Ortega
Gaddafi es el hombre que Daniel Ortega llama su “hermano”. ¿Y cómo no? Si el “Líder Fraternal y Guía de la Revolución” lo financió larga y generosamente, mientras estuvo fuera del poder hasta que llegó Chávez en su relevo. Era de los que le facilitaba un Boeing 707 para sus giras, y en la primera que realizó en 2007 recién llegado a la presidencia, lo visitó con su inseparable consorte, hijos, nueras y nietos y una gran comitiva de funcionarios en un periplo que lo llevó además a visitar a los tiranos de Argelia e Irán y donde la cosa está que arde. En la última de las visitas, el hermano libio no le dio los dinares que le solicitó para sus alba-negocios, porque seguro lo vio como lagarto. Pero como regalo de consolación y en nombre de la hermandad, Gaddafi le entregó el “Premio de los Derechos Humanos Muammar El Gaddafi” (2009) por la destacada labor de Ortega “en la búsqueda de la paz mundial y por la defensa de los derechos humanos de los pueblos del mundo”. Galardón muy significativo a la luz de la tonelada de muertos en Trípoli por quien Ortega ha llamado “su hermano en la Jamahiriya, en el Alba y el Poder de los Pueblos”. Es de suponer que el Comandante le ofrecerá asilo a su hermano en algún lugar de Nicaragua para que instale su tienda con todo y sus huríes, ahora que se quedó sin Jamahiriya.

Del Libro Verde al Rosado
No dudo que el “Guía de la revolución” libio se sentirá en este país como en casa, pues bajo el gobierno de Ortega aquí ha retoñado su famoso Libro Verde y la Tercera Teoría Universal. Para no ser menos que Mao Tse Tung y su Libro Rojo, Gaddafi presentó su propuesta de modelo híbrido: islamismo + socialismo + gobierno del pueblo, dando como resultado el “Estado gobernado por el pueblo” o Jamahiriya, por lo cual a ese sol del desierto que es Gaddafi se le ocurrió que los partidos políticos, la democracia representativa, las elecciones y los gobiernos locales salían sobrando y los eliminó de un solo tajo. El singular modelo político se impuso con la Carta del Poder Popular, que reemplazó a la Constitución. El sistema de “democracia directa” de Gaddafi consiste en asambleas y comités populares superpuestos a tres niveles: local, regional y nacional, de los cuales, por supuesto, él es el guía. En teoría Libia tiene un “autogobierno” sin un Estado, puesto que Gaddafi propugnaba un “socialismo natural” en la que la fuente de todo derecho está en el Corán, aunque una comisión teológica reunida en La Meca, la dictaminó como “antiislámica y apóstata”. El retoño del Libro Verde en el trópico es cristianismo+socialismo+Consejos de Poder Ciudadano, aunque disfrazado de rosado chicha, así que ya podemos imaginar hacia donde nos encamina el hermano Ortega.

La “jamahiriya” de los CPC
La consorte del Compañero Comandante Presidente ya lo había advertido cuando anunció que 2008 sería “El Año del Poder Ciudadano” en un acto barrial para inaugurar un proyecto de agua potable. “¡Eso se llama Poder Ciudadano, eso se llama Yamahiriya…Qué palabra más linda! ¡Jamahiriya! ¡Poder del Pueblo, Poder de los ciudadanos!” dijo entusiasmado Ortega quien a renglón seguido se justificó por esta conexión política, aduciendo que el español está compuesto por muchas palabras árabes como “almohada” (sí, así como alcohol, alacena, alacrán y alcaraván). Ortega agregó que la Constitución es clara en darle poder a la población para organizarse, “¡Eso se llama Jamahiriya!”, insistió para convencerlos de la bondad de organizarse en CPC y que el poder es ejercido “desde la base”. Los hechos en Libia han demostrado que los CPC de allá eran tan solo un mecanismo para desmontar las instituciones y los pesos y contrapesos políticos que requiere la democracia y para prohibir el derecho de huelga, imponer la censura y la pena de muerte para los adversarios. Los libios sienten que la riqueza petrolera del país no los ha beneficiado, que tienen servicios públicos pobres y una corrupción generalizada, los jóvenes no tienen oportunidades y las reformas políticas democratizantes nunca llegaron. La ira acumulada contra Gaddafi ha estallado por los cuatro costados. Como dijo un jefe de la tribu más importante del país: “Le decimos al hermano (Gaddafi) que ya no es un hermano, le decimos que se vaya del país”. Algo parecido empieza a murmurar la gente del hermano que tiene aquí.