•  |
  •  |

En la doctrina militar, se entiende por disciplina; el conjunto de obligaciones y deberes impuestos por diversos ordenamientos castrenses a cada uno de sus integrantes, de acuerdo con una estructura jerárquica perfectamente establecida y sobre la base de la norma jurídica interna militar; la cual rige el comportamiento de cada uno de sus miembros y garantiza el perfecto funcionamiento de las mismas.


De igual forma, las fuerzas armadas y disciplina se encuentran íntimamente vinculados con los intereses que representa el Estado. El servicio de las armas obliga al militar a la obediencia, respeto, subordinación y cumplimiento a las órdenes que reciba de su superior jerárquico
Pero, ¿qué pasa cuando las órdenes emitidas por el Jefe Supremos de las Fuerzas Armadas, es decir, el Presidente de la República, atentan contra los derechos fundamentales de los ciudadanos? En estos casos el cuerpo castrense tiene dos opciones: La primera, cumple las órdenes más por el respeto a las leyes que amparan al superior, antes que por convencimiento propio de una disciplinada subordinación.  La segunda es declararse en rebeldía y en  abierto desconocimiento a la autoridad del superior.


En los últimos meses hemos sido testigos, a través de los diversos medios de comunicación, de cómo los ciudadanos de Túnez, Egipto y más recientemente Libia, cansados de regímenes autoritarios salieron a las calles a demandar libertad, democracia y respeto a los derechos humanos exigiendo para ello la dimisión de aquellos dictadores que han pretendido perpetuarse en el poder.
En los dos primeros casos, los ejércitos optaron por proteger a sus ciudadanos, en lugar de tomar acciones represivas ordenadas  por los entonces presidentes de esas naciones, desconociendo de esa manera la autoridad superior del presidente.


En ese sentido, es destacable la lección de humanismo que han dado los ejércitos de Túnez, Egipto y Libia, quienes han comprendido que su labor  fundamental es la  garantizar la paz y la estabilidad de sus naciones y no actuar como cuerpo armados de represión en contra los ciudadanos que únicamente están ejerciendo su derecho democrática a protestar en contra de aquellos que han pretendido perpetuarse en el poder.


Estos hechos acontecidos en los países del Medio Oriente, debería tomarse como un mensaje para todos aquellos dictadores latinoamericanos, que se valen de nombres de héroes nacionales y discursos populistas para manipular al pueblo y que aun pretenden aplicar la estrategia del Imperio Romano “Pan e circus”, (dale de comer al pueblo y dale entretenimiento y se mantendrá lejos de los asuntos políticos), para perpetuarse en el poder, no obstante, tarde o temprano los ciudadanos se quitarán la venda de los ojos, y exigirán la instauración de una verdadera democracia.


De igual forma, es un aviso a todos estos dictadores, que pretendan utilizar a los ejércitos como un órgano represor del pueblo, que de ser así, es muy probable que los cuerpos castrenses se comporten como verdaderas instituciones profesionales, apolíticas, apartidistas y no deliberantes las que podrían no solo desconocer su autoridad, sino también, acelerar su caída del poder.


Finalmente, de presentarse en Nicaragua una situación similar a la acontecida en los países árabes, la cual no es deseable y se puede evitar en la medida que se respete la Constitución, las leyes, la institucionalidad y las libertades fundamentales, el Ejército de Nicaragua se verá en la obligación de tomar la decisión de actuar como un órgano represor del pueblo como lo fue la Guardia Nacional durante la dictadura somocista o como una institución garante de la Constitución Política de la nación.

*Lic. Diplomacia y Relaciones Internacionales
Graduado del Center Hemispheric for Defense Studies (CHDS)