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Ph.D. / Ideuca

 

El proceso educativo es una relación de diálogo.  La filosofía y la pedagogía lo confirman.  Me refiero específicamente al proceso educativo producto de una relación entre personas.  Habrá que analizar si el aprendizaje individual a través de una máquina elimina esa relación o la oculta.


La filosofía en su amplio y diverso despliegue desde Sócrates ha convertido al ser humano en el sujeto-objeto de su principal e inagotable razón de ser.  Desde él y en torno a él, la filosofía ha abierto rutas de pensamiento que la conectan directamente con la educación: el existencialismo, el personalismo, el vitalismo por ejemplo han sido utilizados como base de teorías y enfoques pedagógicos en tanto consideran a la persona esencialmente como relación ya sea de tipo interpersonal, familiar o social desde su nacimiento y en todo su proceso formativo.  Son varios los filósofos que han sacudido y alimentado  la reflexión  desde y hacia la antropología filosófica.


En este caso me apoyaré en el filósofo del diálogo Martín Bubber y su obra Yo y Tú (1992), precisamente porque he titulado este artículo “el proceso educativo es una relación de diálogo”.


Bubber  es conocido como el filósofo del diálogo porque su filosofía se basa en la palabra, el diálogo y en especial en las relaciones entre personas, esencia de la educación.


Según él la persona se forma y se realiza por medio de tres tipos de relación, con el mundo, con los hombres, con Dios teniendo como base de la misma tres conceptos referidos a cada tipo de relación: Yo, Tú, Ello.  El primero hace referencia a cada persona que se reconoce a sí misma como tal, el segundo se refiere al otro u otros y al TU ETERNO o Dios, y el tercero se refiere a las cosas, al mundo.


Desde esta base distingue las relaciones directas o mutuas, la relación Yo-Tú o diálogo, en las que cada persona confirma a la otra como valor único, y las relaciones indirectas o utilitarias a las que llamó Yo-el o monólogo en la que cada persona conoce y utiliza a los demás pero no los ve ni valora en realidad por sí mismas.  Así elabora su teoría del diálogo en la que se establecen tipos de relaciones entre el Yo y Tú, sujeto-sujeto y a otros y sujeto-objeto.  El ser humano necesita de la relación de las personas y de la relación con las cosas.


La relación de sujeto-sujeto permite reconocer  al otro igual a mí como persona.  Cuando se confunde la relación sujeto-sujeto con la relación sujeto-objeto es cuando se cosifica a la persona (se convierte en cosa) y deja de reconocerse como alguien igual que Yo.  De ahí que la relación entre una persona y otras permite la identificación propia por medio del otro que es igual.  De esta relación surge el nosotros, es decir, la relación social.  El ser humano es pues un ser de relación, un ser de encuentro que está abierto hacia los demás y por medio de su relación con ellos se descubre a sí mismo y al otro.  De esta manera, como social y abierto al encuentro de los demás, el ser humano responde al otro por medio de la palabra y el amor creando así una sociedad con estructura de justicia y libertad.


La relación Yo-Tú aplicada a la educación nos conduce a la afirmación de que la relación educativa es esencialmente humana y humanizante en cuanto que esta relación es un descubrimiento del Yo y del Tu, es decir de mi mismo y del otro.  En el momento en que se descubre y acepta al otro, el maestro al estudiante y el estudiante al maestro, como alguien igual en cuanto personas, se descubre y se reconoce cada quien a sí mismo.  Por lo tanto la relación educativa como relación de diálogo entre un Yo y un Tu, diálogo de sujeto-sujeto permite el crecimiento de ambos, un crecimiento compartido, el que en términos de enseñanza-aprendizaje Paulo Freire lo formuló diciendo que “el que enseña aprende al enseñar y el que aprende enseña al aprender”.


En educación no hay un Yo sin el Nosotros porque nos construimos y personalizamos por medio de un multiplicado Tú.  El sistema educativo es ante todo un sistema de interacción de personas.


Resulta complicado y difícil crear y mantener en el hecho educativo la sintonía permanente del diálogo en el sentido arriba expresado.  Sin embargo, es en él dónde se manifiesta la esencia de la educación, pues en el proceso de formación de la persona nos encontramos con nosotros mismos, nos encontramos con los otros, incluso con Dios y nos encontramos con el mundo, las cosas, la vida en sus múltiples formas, es decir, en último término con el universo.


Lo anterior nos reta a reflexionar y revisar profundamente las relaciones humanas y de mediación entre el conjunto de los sujetos educativos tanto institucionales como personales a fin de perfeccionar la gestión educativa y pedagógica en sus distintos momentos pedagógicos-metodológicos-didácticos y en las varias funciones de dirección y de participación en las distintas instancias del sistema educativo nacional.