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La actividad diplomática de cada Estado es parte de las estrategias que cada gobierno implementa en función de asegurar sus intereses nacionales. Aun que suena muy duro, pero la realidad es que cuando los intereses nacionales chocan en el plano internacional la labor diplomática es parte muy importante de una batalla ilustrada.

Si no se entiende así, entonces no entenderíamos porque en más de 230 encuentros, que los diplomáticos costarricenses de diferentes rangos (como cónsules, primeros, segundos y tercer secretarios incluyendo ministros consejeros y embajadores sin excluir las sostenidas por sus ministros y viceministros hasta los encuentros presidenciales) han estado poniendo desde el segundo semestre del 2010 hasta el día de hoy como puntos de agenda principales en sus entrevistas la denuncia de Nicaragua como estado agresor y la peligrosidad para la región del gobierno actual.

Desde luego que la labor de nuestra diplomacia no es menos titánica en tratar de revertir en el exterior  toda una estrategia de desacreditación en contra de Nicaragua y su mandatario. Eso explica porque  Nicaragua salió muy bien de lo dictaminado por la Corte internacional de Justicia y aun que jurídicamente hemos hecho prevalecer nuestro imperio soberano sobre nuestras acciones en el rio San Juan aun hay mucha labor diplomática por hacer. Pues en la estrategia costarricense y  los elementos que integraran a su labor de desacreditación internacional contra Nicaragua tan solo sufrirán modificaciones, pero sus ejes serán igual.

El primer eje de ataque será en provocar algún tipo de tensión fronteriza incluyendo el militar (como ya antes se ha advertido) con el objetivo de no quitar de su estrategia el  continuar presentando a Nicaragua ya no como un estado agresor de facto sino como un Estado gestor de amenazas a la paz en la región.

El segundo eje es aun más abierto y ha alcanzado dimensiones ya intangibles. Este ha estado dirigido por más de  tres años en contra del presidente de Nicaragua. Si darle seguimiento a la agenda diplomática tica también con la ayuda de google ha sido complejo, más no imposible; el revertir la guerra mediática en este frente es mucho más difícil. Pues aun que la mayoría de los nicaragüenses creamos, que este ataque permanente en contra del Comandante Ortega solo le afecta al partido y a los sandinistas y que no tiene algún alcance negativo para Nicaragua, la realidad es otra y eso es lo que persigue la estrategia costarricense. Me refiero a  la afectación de posibilidades alternas de inversión, cooperación y asistencia  para Nicaragua. Este escenario ya se ha vivido de manera tangible en los últimos tres años con mayor intensidad.

Si lo anterior es difícil de creer, entonces respondamos algunas preguntas. ¿Le interesa a Costa Rica nuestro avance y desarrollo económico? ¿Y si lo está, por qué oponerse al dragado en el San Juan, que tiene por objetivo hacer de este una verdadera pista comercial para la región? ¿Por qué tanto caldearon la situación hasta llevarla a un estado xenofóbico? ¿Después de lo ordenado por la CIJ, bajara el gobierno costarricense el tono hacia Nicaragua, su ejército y su presidente?

Todo nos dice que no. El canciller de ese vecino país ya opina sobre el ALBA, ALBANISA  y nuestras relaciones con Venezuela y le solicita a los EU, que la revisen. Este último ejemplo define claramente cómo explicar la derrota actual de la diplomacia costarricense contra Nicaragua. Su única explicación se basa en sus fundamentos anti regionales, anti integracionistas y aun que muchos países en Europa y Latinoamérica les han escuchado, no significa que les han creído y sobre todo que compartan sus valores monroistas, que le aseguren a los EU una América para los norteamericanos.

* Decano de la Facultad de Ciencias Jurídicas

Unicit