•  |
  •  |

El empresario mexicano Remigio Ángel González González ha sido objeto de los mayores insultos y los más grandes elogios. Su carrera vertiginosa genera suspicacias y concita aplausos. Para muchos un hombre tocado por la mano de Dios, para otros el malo de la televisión. Un discreto millonario aparecido de la nada, un esforzado hombre de negocios. Una leyenda en el mundo de la televisión latinoamericana, controvertido y controversial; ambicioso y calculador. Ni sus apologistas ni sus detractores se ponen de acuerdo con la hora de celebrarle o mandarle a la hoguera. Un Ángel de la televisión en Centroamérica o un verdadero demonio. Un auténtico ganador en el mundo de los negocios o un jugador que apuesta siempre con los dados cargados. Un visionario que sabe ganarse el favor de los políticos en la región o un inescrupuloso que sabe poner precio y comprar voluntades.

El acaparamiento acelerado de las frecuencias televisivas en Nicaragua, pone a don Ángel en el centro de la tormenta. Con paso firme y la mirada puesta en copar el espectro de la radiodifusión nacional, el ascenso a la presidencia del Comandante Daniel Ortega ha resultado providencial para sus intereses. Igual a lo ocurrido en Guatemala, donde a partir de la década de los ochenta del siglo pasado, empezó por hacerse dueño de la televisión ejerciendo un monopolio que pareciese inalterable, en Nicaragua ha logrado ceñirse la corona. En un parpadeo don Ángel consiguió colocarse como el más prominente hombre de la televisión nicaragüense, en cuyo imperio nadie hace sombra. Sin ninguna discreción, como si no le importara lo que pudiesen decir de su proceder, pasó de ser propietario del Canal 10 a mayor accionista de Canal 4, logrando después que le adjudicasen la frecuencia de Canal 11.

Nada de asombroso tendría hacerse de la frecuencia de Canal 11, sorprendió porque ese era el número asignado al canal de Carlos Pellas, el mayor magnate local. Desde hacía rato Pellas había pedido la adjudicación de la frecuencia de Canal 13 en la televisión abierta. En vez de satisfacer la petición del dirigente empresarial más connotado del país, Orlando Castillo, quien permanece al frente de Telcor desde que asumió la primera magistratura el Comandante Ortega, atendió más bien la solicitud de los representantes nacionales de don Ángel González. Canal 11 había nacido directamente del cable. En ese entonces, Pellas había logrado el control accionario de Estesa, la mayor proveedora de la televisión por suscripción. Ante la respuesta favorable a don Ángel, Pellas tuvo que migrar hacia Canal 14 del cable. En un movimiento tendente aquietar al Grupo Pellas, el gobierno les hizo entrega de la frecuencia en UHF de esa misma frecuencia.

El horizonte de don Ángel no conoce límites. Dando cumplimiento a sus deseos por hacerse de la televisión nicaragüense, ¿si pudo en Guatemala, por qué no conseguirlo en Nicaragua? ha sumado nuevas estrellas a su enriquecido firmamento. En la televisión abierta, Ratensa, la filial nica, logró también el otorgamiento de la frecuencia de Canal 9. Con la nueva adquisición son tres los canales de televisión en VHF que ondean su bandera en nuestro lar patrio. Esta situación es similar a los logros conseguidos en la vecina Costa Rica. Repretel, la hermana siamesa de Ratensa en ticolandia, dispone de tres canales en VHF. En Nicaragua los canales 9, 10 y 11 son comandados por un puñado de personas encargadas de vigilar, ampliar y proteger sus intereses. Su fidelidad con don Ángel es absoluta. Son quienes cumplen la misión de añadir nuevas conjeturas para engrandecer aun más su prominente pedigrí empresarial.

El mecanismo utilizado en Nicaragua para evitar padecimientos legales innecesarios, no difiere en nada al que utiliza en el resto del ámbito latinoamericano. En tiempos de  globalización galopante, cuenta con una planilla dispuesta no solo a prestar su nombre para que don Ángel pueda burlar la legislación nicaragüense, están prestos a realizar cualquier operación encaminada a despejar el camino por donde tenga que transitar para entronizarse como el zar de la televisión nicaragüense. No vayan a pensar que se trata únicamente de personas con apuros económicos. La primera transacción la hizo con destacados miembros del empresariado nacional. La frecuencia de Canal 10 la obtuvo de los beneficiados en 1990, el mismo año que el sandinismo entregó la totalidad de las frecuencias en VHF. Los hermanos Carlos Reynaldo y César Augusto Lacayo y Juan Bautista Sacasa, decidieron vender la suya a don Ángel.

Con la adquisición de Canal 10 nombró como su apoderado a Chicho Silva, un experimentado hombre de televisión, cuyos primeros pasos los dio en Canal 6 de la familia Somoza Debayle. La crisis que vivió Canal 4 en la década de los noventa le permitió oxigenar Nueva Imagen, dando inicio a una relación productiva. Como negociante avispado ha sabido aprovechar su cercanía con el Comandante Ortega. Además de los Canales 10 y 11, cuenta con Canal 9 en VHF y los Canales 17 y 25 en UHF. Su crecimiento en la radio ha sido igualmente vertiginoso. En el portafolio aparecen como suyas Joya, Tropicálida, Alfa, La Picosa, Radio Disney, La Grande, La Marca, La Suprema y La Light. En juegos mágicos y multicolores  algunas han sido cambiadas de nombre y no es remoto que continúe con estos malabares jurídicos. Los impedimentos legales no han sido  suficientes para ocultar los nombres de las radios compradas, ya que cuenta con la venia de Telcor.

La continua expansión de don Ángel a través de las ondas hertzianas, resiente a ciertos dueños de medios. Aunque maldicen su presencia en el país como una plaga, ninguno expresa públicamente sus recriminaciones. Todos señalan el carácter alcahuete de Telcor, pero optan por callar para no ponerse en mal predicado con el gobierno, licencias vencidas de por medio. Don Ángel es el mayor comprador de programación en la comarca centroamericana. La inversión de 14 millones de dólares anuales en la adquisición de programas le confieren el estatuto de proveedor privilegiado en una región ávida de programación.  El primer usuario de sus compras viene a ser el mismo don Ángel. Los enlatados nutren primero a sus canales, después al resto de la clientela. No muestra ningún interés por producir sus propios programas. Eso disminuiría sus ganancias. Más bien prefiere congraciarse con ciertos políticos, permitiéndoles que incidan en la política informativa de sus noticieros televisivos.

En Guatemala se percató tempranamente de la importancia de forzar alianzas con los políticos. Su primera apuesta resultó exitosa. En 1985, durante las elecciones a presidente de la república, puso sus huevos en una sola canasta. Invirtió todo su capital simbólico a favor de Vinicio Cerezo y ganó. Su favor fue compensado por el mandatario mostrándose ciego, sordo y mudo, al irrumpir en el asalto de la televisión guatemalteca. Las violaciones evidentes a la legislación fueron pasadas por alto. Para aplacar los ánimos, puso a la señora Rabbé, su esposa, como beneficiaria de las adjudicaciones de los Canales 3, 7, 11 y 13.

Don Ángel aprendió desde entonces a barajar bien sus cartas, concediendo publicidad a favor de los posibles candidatos ganadores y no entrar en contradicción con los políticos peso pesados. Para eliminar los dolores de cabeza causados por Gonzalo Marroquín, canceló Telenoticiero “Siete Días”. No soportó que este denunciara presiones encaminadas a censurar toda información  perjudicial al entonces alcalde Álvaro Arzú.

En Nicaragua don Ángel otorgó carta de legalidad a los presta-nombres. Como ocurre desde México a la Argentina, ninguna frecuencia radial o televisiva aparece a su nombre. Algunas lenguas ¿maledicentes? sostienen que don Ángel también presta su nombre. Todas las miradas apuntan en dirección de Ricardo Salinas Pliego, el todopoderoso dueño de TV Azteca. La acusación obedece a que Canal 4 de Costa Rica, en un principio operaba bajo la bandera de TV Azteca y después pasó a engordar la cartera de Repretel, tratando de hacer creer a los ticos una aparente competencia entre ambos empresarios. No sé si dar crédito a esta aseveración. Miguel Alejandro Gutiérrez argumentó que se trata de una modalidad bursátil muy común entre los mexicanos, lo que en verdad me consta. En los salones de clase y en los corrillos de la Universidad Nacional Autónoma de México, donde tuve la dicha de realizar mis estudios de comunicación, eran comunes las pláticas sobre los grandes presta-nombres en la urbe azteca.

Para apartarme de la anchurosa y electrizante corriente de conjeturas y evitar situarme en los extremos en que se colocan sus  apologistas o detractores, puedo testimoniar que don Ángel es el empresario televisivo de mayor raigambre en Nicaragua, dueño indiscutible de cinco canales televisivos y no sé cuántas radioemisoras, cuyos medios se muestran gustosos en suprimir toda referencia negativa al gobernante. Un empresario cuyo nombre resuena en el fascinante mundillo de los medios; poseedor de un enorme capital simbólico fomentado y consentido por los políticos, quienes después buscan a don Ángel, para que retribuya en publicidad y propaganda, los favores dispensados para hacerse dueño de las visiones y versiones que salen en las pantallas de sus canales y a través de los micrófonos de sus radios. ¿Ángel o demonio? ¡Dígame usted!