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Daniel Ortega es un experto en crear problemas que luego él soluciona.
A esa conclusión se llega después de escucharlo en la cadena de radio y televisión a que nos obligó con motivo del fallo de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de La Haya, sobre el diferendo con Costa Rica.

Mientras el motivo de la cadena, el fallo de la Corte, era nacional, Ortega la utilizó en casi el 90% del tiempo para temas de su interés político partidario.
Así, empezó diciendo que gracias a su gobierno la población podía estar viendo en sus televisores la transmisión porque se habían terminado los apagones de la época del gobierno de Bolaños.

Cierto. Los apagones se han reducido sustancialmente, pero Ortega olvidó mencionar que él tenía una parte sustancial de la responsabilidad por los apagones en el gobierno anterior.

En efecto, recordemos que la bancada parlamentaria de Ortega apoyó la restricción para que no se pudieran desarrollar proyectos hidroeléctricos medianos o grandes, salvo los muy pequeños de 5 MGW o menos. Las mini-hidroeléctricas, de las que Ortega era acérrimo partidario, como acérrimo enemigo era de las hidroeléctricas medianas y grandes.

Entonces Ortega alegaba que los  proyectos hidroeléctricos grandes provocaban desplazamientos de población, inundaciones, etc. Ahora que es gobierno, y hay intereses particulares de por medio, impulsa, y en buena hora si se cuidan los aspectos ambientales y sociales, el gigantesco proyecto hidroeléctrico Tumarín, de más de 200 MGW de capacidad instalada.

Algo semejante ocurrió cuando a finales del gobierno de Bolaños se solicitó, ante la emergencia energética que se vivía, autorización para contratar sin licitación una barcaza que generaría aproximadamente 80 megavatios.
La Contraloría General de la República, controlada por Ortega y que ahora ha entrado en una verdadera orgía de autorizaciones de contratación sin licitación, denegó la solicitud de contratación de la barcaza.

Cuando pocos meses después se inició el gobierno de Ortega, de inmediato instaló las famosas plantas térmicas “Hugo Chávez”, de una capacidad aproximada a la  barcaza, sin ningún trámite ante la Contraloría porque supuestamente eran “donación”.  Después resultó que no eran “donación” sino que había que comprarlas……y además pagarles la energía a un precio de generación mayor que la barcaza.

Popularmente se diría que a los consumidores nos “salió más caro el caldo que los frijoles”, mientras seguramente han crecido las ganancias de todo el oscuro entramado de intereses particulares que en torno de los proyectos energéticos se ha construido en el gobierno de Ortega.

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