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Al acercarse las elecciones presidenciales de 2006, el rompimiento del PLC había acontecido como resultado de una conspiración política en donde se inventó la candidatura presidencial del disidente liberal Eduardo Montealegre, quien fuera sacado –convenientemente- de las filas del PLC a última hora. A pesar de ello, los liberales, quienes constituyen una mayoría del electorado nicaragüense, votaron divididos, pero votaron, en esas elecciones generales. Eso permitió al Consejo Supremo Electoral perpetrar un fraude, por medio del cual virtualmente arrebataron la presidencia de la República al doctor José Rizo Castellón.

Lo más alarmante de todo es que Montealegre continúa impulsado por una inercia política, tratando de mantener la división de la oposición democrática en Nicaragua. En  2010, después de cambiar varias veces de afiliación política, alcanzó una nominación como candidato presidencial para las elecciones de 2011 a la que renunció el 7 de septiembre de 2010. En conferencia de prensa, ese día, Montealegre propuso y dio el respaldo al empresario radial y diputado del Parlamento Centroamericano por el PLC, Fabio Gadea Mantilla como el “candidato presidencial de consenso de la oposición”. Esta movida de Montealegre sólo podría garantizar el mismo escenario de las elecciones de 2006. Montealegre pretende alejar a Gadea Mantilla del PLC, de igual manera que él lo hiciera en las pasadas elecciones presidenciales; produciendo la contienda electoral a tres bandas que facilitó al autocrático Daniel Ortega la usurpación del poder.

Los enemigos del PLC han tratado arduamente de fabricar un consenso contra este  partido y su liderazgo. Éstos han usado eficientemente los medios masivos para influenciar la opinión pública con información manipulada. Hoy día se habla de corrupción en Nicaragua, pero hay una disociación entre Ortega y los innumerables crímenes y actos de corrupción ejecutados abierta y directamente por él. Es precisamente ese consenso lo que hoy transfiere la real criminalidad de Ortega a una virtual culpabilidad del PLC. Lo que esta fabricación de consenso trata, es alinear uno por uno a los votantes con la idea de corrupción de manera autómata sin procesamiento analítico ni razonamientos lógicos.

Una idea masificada y propagandística se ha ido tratando de instalar en la conciencia de la gente de manera repetitiva e hipnótica. Toda campaña de propaganda masiva que tiene como fin vender como “noticia” alguna falacia, eslogan o mito trata de lograr su objetivo por medio de la repetición constante e inmutable. La premisa es que eventualmente se alcanza el momento en que la idea ha sido observada tantas veces que se llega a aceptar como válida. Por lo general, el receptor que se fija a una idea de esta manera no puede ofrecer un razonamiento lógico sobre dicha idea, sino que la repite mecánicamente. Para contrarrestar esta infamia, todos los liberales debemos de trabajar arduamente. Y con esmero, cautela, paciencia y lógica, exponer la realidad.

Hoy día vemos a don Fabio recibir la antorcha apagada de manos del propio Montealegre. Y lo vemos dar cada uno de sus pasos sobre huellas desvanecidas, con las mismas fallidas estrategias. Gadea Mantilla, al igual que Montealegre, pretende que el PLC abandone su filosofía y aspiraciones en pos de sus caprichos. En una carta al PLC, fechada 11 de octubre de 2010, Gadea Mantilla advierte: “Si he aceptado la propuesta de ser el candidato de la Unidad Nacional es porque considero sinceramente que dicha candidatura trasciende a nuestro propio partido (PLC). En dicha Unidad Nacional la participación del PLC es necesaria, pero en conjunto con los liberales independientes, conservadores, resistencia nicaragüense, socialcristianos, socialdemócratas, los sandinistas renovadores, y los miles de nicaragüenses que no tienen partido, en fin, con todos aquellos buenos hijos de Nicaragua que se oponen a la consolidación de una nueva dictadura y que quieren vivir en paz, libertad y democracia”.

Lo que olvida decir don Fabio, es que la participación del PLC es necesaria porque este  partido, por sí sólo, constituye una fuerza electoral mayor que la del total de todas las fuerzas democráticas que él pudiera agrupar alrededor de su candidatura presidencial. Este desacierto es igual al propuesto por el anterior disidente liberal Eduardo Montealegre, durante las pasadas elecciones. La verdad es que no sólo el resto de los líderes de oposición conocen de la fuerza e indispensabilidad del PLC y su liderazgo para obtener una victoria electoral en 2011; también los líderes del PLC y su candidato presidencial, Arnoldo Alemán, lo saben. Y nuestras alternativas, igual que en el 2006, son, unirnos todos bajo la bandera del PLC o entregarle nuevamente el gobierno a Daniel Ortega.

Tristemente, hay unos irresponsables quienes sugieren, no sólo que el PLC se una a Gadea Mantilla, sino que se preparen a defender el voto (que según su juicio Gadea Mantilla ganaría pero Ortega no concedería) por medio de una “estrategia de resistencia dispuesta a luchar hasta las últimas consecuencias…hasta el punto de jugarse la vida”. En otras palabras, estos señores nos piden a los liberales y a la población en general, dar la misma vida en la aventura de tratar de convertir a Gadea Mantilla en Presidente de la República. Lo horroroso de esta proposición es que estos señores en ningún momento consideran la capacidad y disposición de Ortega de aplastar desalmadamente un atentado de esta naturaleza. A estos promotores de guerra les recuerdo que en principio y en la práctica “el PLC declara, sustenta, defiende, promueve, proclama, y divulga el repudio a todo Partido armado y de vocación belicista”. Es inconcebible hasta donde llega ese afán de destruir al PLC. A pesar de todo, debemos procurar que la razón prevalezca. Y no desfallecer hasta que la carta aparezca; la Carta de Amor a Nicaragua en donde don Fabio Gadea Mantilla nos demuestre, con hechos, ese amor. Dándonos cuenta del regreso a su partido y reconociendo la realidad de que el PLC es el partido que habrá de llevarnos, una vez más, a una victoria electoral en noviembre de 2011; de una manera contundente, democrática y pacífica.

*Economista y escritor